Del otro lado del mostrador: el precio que pagan las editoriales por montar un stand

Este año fue un 25% más caro tener un stand en la cita editorial ineludible; el Pabellón Verde es el Puerto Madero de La Rural y compartir puesto entre varios sellos, un signo de época
Este año fue un 25% más caro tener un stand en la cita editorial ineludible; el Pabellón Verde es el Puerto Madero de La Rural y compartir puesto entre varios sellos, un signo de época Fuente: Archivo - Crédito: Santiago Hafford
Daniel Gigena
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8 de mayo de 2018  

Año tras año crece la oferta en la Feria del Libro de Buenos Aires. Nuevas editoriales, agrupadas con otras o en soledad, se suman al catálogo vivo que se exhibe en La Rural durante tres semanas. La Fundación El Libro, que organiza el encuentro desde hace 44 años, no suele dar números acerca del costo de los stands. "Hay muchas variables", advierten, lo cual es cierto, porque el precio de un espacio depende de la ubicación en el predio, de la "antigüedad" de las editoriales que participan y, claro, de la cantidad de metros cuadrados que ocupe.

Consultados por LA NACION, varios editores abrieron sus números. Todos coincidieron en que los costos directos aumentaron un 25% respecto de 2017. "Es un porcentaje importante del presupuesto de marketing y tratamos de salir hechos o que dé un saldo ligeramente positivo, aunque el rédito económico no es el objetivo primordial", dice Valeria Fernández Naya, gerenta de marketing de Penguin Random House. Ese grupo editorial, junto con Planeta, tiene su sede en el Pabellón Verde, el "Puerto Madero" de la Feria por el valor del metro cuadrado. Juntos suman más de trescientos metros cuadrados -cuando la Feria ocupa una superficie aproximada de 45.000, aunque no todos están en alquiler-.

Sebastián Ansaldi, gerente de marketing de Planeta, confirma el porcentaje en el aumento de costos directos: "Se ubicó en un 25% interanual". Sin embargo, los costos indirectos, como el precio de los pasajes de avión de los autores extranjeros invitados, el alquiler de las salas de La Rural -entre 10.000 y 50.000 pesos, según la capacidad- y la publicidad rozaron el 30%. "Se gastan varios millones de pesos del presupuesto de marketing para salir empatados; no es un negocio para la editorial en términos de ejemplares vendidos. Salimos hechos y ya", revela. En un mercado incierto y de caída de ventas desde 2015, Ansaldi sugiere que habría que considerar si tres semanas de Feria no es demasiado. "Convendría pensar si bajar unos días no la volvería más racional en el uso de los recursos", señala. La mayoría de las ferias internacionales duran, a lo sumo, dos semanas. Este año, la Feria del Libro de Guadalajara, por ejemplo, irá del 24 de noviembre al 2 de diciembre.

Una solución a la crisis

Una alternativa que se impuso desde 2013, con la creación de Los Siete Logos, fue presentar stands colectivos. Actualmente, Los Siete Logos exhibe los ricos catálogos de Eterna Cadencia, Mardulce, Caja Negra, Beatriz Viterbo, Katz, Criatura y Adriana Hidalgo en una esquina del Pabellón Amarillo. "Nuestra experiencia en la Feria habitualmente es buena: recuperamos los costos y tenemos una pequeña ganancia -dice Leonora Djament, de Eterna Cadencia, elegida "editora del año" en 2015-. De todos modos, tenemos claro que los motivos por los que una editorial participa no son solamente económicos: acercarnos a los lectores, dar a conocer mejor nuestro catálogo, reunirnos con nuestros distribuidores en otros países, intercambiar experiencias con colegas".

El editor Guido Indij, que participa de la Feria desde 1993, confiesa que "como método de subsistencia" siempre apeló a reunir sellos para una exhibición conjunta. Durante los últimos diez años, en un sector del Pabellón Azul, los catálogos de Asunto Impreso, La Marca, interZona, Marea y, más recientemente, Factotum se disponen en amable vecindad. "La antigüedad nos da la posibilidad de escoger un piso bien ubicado", cuenta Indij, que indica que en la Feria porteña "hay que estar sí o sí". ¿Por qué? "Es nuestra posibilidad de exhibir los catálogos de manera conjunta y dialogar de manera directa con muchos lectores. Afortunadamente, ningún año salimos perdedores".

Otra agrupación de editoriales independientes jóvenes es La Coop, con base en el Pabellón Azul. Allí se encuentran libros de Alto Pogo, Añosluz, Audisea, Azul, Conejos, Mágicas Naranjas, Clase Turista y otras. Este año, además, cuentan con una editorial invitada, la pujante Nudista. En su caso, como en el Frente Editorial Latinoamericano, la alternativa para afrontar costos fue reunir varias editoriales en un mismo espacio. Así, el doble stand 625-627 del Pabellón Azul está conformado por nada menos que 39 sellos. "De otra forma sería imposible pensar en una inversión así", dicen.

Esta modalidad se va estableciendo como una constante. La Bestia Equilátera ahora comparte stand con El Hilo de Ariadna y Ampersand. En Todo Libro es Político, ubicado en el Pabellón Amarillo, once editoriales muestran sus libros de narrativa, filosofía, ensayo y poesía. Carbono reúne los catálogos de Entropía, Gourmet Musical, La Parte Maldita y Ediciones Godot. En Libro que te Quiero Libro, con materiales de literatura infantil, los chicos encuentran títulos de Limonero, Kalandraka, Iamiqué, Pequeño Editor y Coco Books. Y en el puesto 1508 del Pabellón Amarillo se reúnen catálogos de 46 editoriales universitarias argentinas, que merece conocerse.

Frente al aumento de los costos, en 2018 algunos editores consideraron la posibilidad de mudarse a un sector más económico de La Rural. Sin embargo, decidieron hacer el esfuerzo para mantener el mismo espacio del año anterior. La Sensación, que agrupa a Blatt & Ríos, Iván Rosado, Caballo Negro y Mansalva, ocupa el mismo stand que en 2017. "Usamos el stand del año pasado y gastamos 60.000 pesos", dice Damián Ríos, editor de Blatt & Ríos.

Un sello independiente que arriesgó en 2017 con un stand solista y exquisitamente diseñado fue Modesto Rimba. Este año, repitieron la hazaña en el Pabellón Azul. "Nuestro stand tiene 16 metros cuadrados. Nos costó, en total, 80.000 pesos. Cuando la afluencia de público es buena, vendemos bien, pero hay días de la semana en que poca gente visita la Feria", dice una de las editoras del sello, Flavia Pantanelli.

Si bien todos los consultados admiten que la inversión se recupera, el margen de ganancia que aporta la Feria del Libro suele ser escaso. Cada nueva edición obliga a imaginar estrategias de difusión de los autores, de ventas y ampliación de la oferta de títulos. Al fin y al cabo, son ellos los que proveen los contenidos más interesantes del encuentro anual que, este año, se extiende hasta el lunes próximo.

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