Inversor o especulador: ¿De qué lado estás?

Nicolás Litvinoff
Nicolás Litvinoff MEDIO: Estudinero
Fuente: Archivo
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8 de mayo de 2018  • 01:34

Es común pensar a la persona que coloca dinero en activos financieros (acciones, bonos, plazos fijos, fondos de inversión, etc.) como inversor. Más aún, nadie duda que esa persona está invirtiendo su dinero o realizando una inversión.

Ahora bien, qué pasaría si el maestro de Warren Buffett, aquel que le enseñó todo lo que sabe al inversor financiero más exitoso de la historia, se parase frente a usted y le dijese que, en realidad, la mayoría de las personas que destinan una parte de su capital a activos financieros son en realidad especuladores y no inversores. ¿Cambiaríamos nuestra mirada sobre ellos?

En la columna de hoy vamos a apelar al gran libro "El Inversor Inteligente", del inglés Benjamin Graham,con el objetivo de marcar diferencias entre especulación e inversión, los dos tipos de comportamiento que rigen el mundo de las finanzas.

Su comprensión puede ser fundamental para tener éxito en estos tiempos turbulentos.

Invertir

Una operación de inversión es aquella que, luego de realizado el análisis correspondiente, promete la seguridad del dinero (llamado en finanzas "principal") y un retorno satisfactorio.

Se entiende que ninguna colocación puede garantizarte la devolución del capital al 100%, pero se sabe que existen instrumentos más seguros que otros y una forma de medir ese nivel de seguridad es mediante la tasa de rendimiento que ofrecen los distintos instrumentos. La regla general, que no siempre se cumple, indica: a mayor rendimiento ofrecido, mayor riesgo y viceversa.

La clave está en entender que para que una colocación pueda ser considerada inversión debe ofrecer flujos de fondos positivos. Esto significa que debe redituar una tasa de rentabilidad que no esté relacionada con la variación de precio que experimentará ese activo a futuro en el mercado.

Es de vital importancia que posea esos flujos (en forma de interés, cupones o dividendos) porque permite que el activo financiero adquirido posea un valor presente basado en sus pagos futuros. Ese valor se denomina precio teórico, que se calcula en forma independiente a la cotización del activo en el mercado.

La existencia del precio teórico permite que el inversor pueda analizar el activo con una serenidad que suele contrastar con el nerviosismo reinante en el mercado. Así podrá concluir si el precio del activo se encuentra subvaluado o sobrevaluado por la mirada más emocional que racional de la mayoría de los participantes de la plaza financiera.

Claro que suena raro que, para llegar a un precio teórico, un inversor minorista se siente con la calculadora a descontar a una tasa de costo de oportunidad del capital los flujos de fondos futuros que un activo determinado pagará en concepto de renta. Lo importante aquí es entender que esto existe y que permite determinar si ese activo se está negociando a un precio alto o a un precio bajo en el mercado en comparación con el precio que debería tener realmente en función de los cálculos realizados.

Para el caso de los activos financieros que cotizan en mercados secundarios (Bolsa), si detectamos que se encuentra sobrevaluado (precio de mercado por encima del precio teórico calculado), conviene mantenerse alejado del mismo por más de que se encuentre "de moda" entre los operadores y analistas y parezca que su tendencia alcista no tiene techo.

En caso que se encuentre subvaluado (precio teórico por encima del precio de mercado), entonces estaremos hablando de una inversión si el mismo ofrece flujos de fondos positivos además de la potencial suba de precio de mercado que debiera equipararlo con su precio teórico.

En consecuencia, plazos fijos, Lebacs, bonos, cauciones bursátiles, cocheras para alquilar y acciones que pagan altos dividendos pueden considerarse inversión.

Especular

Primera advertencia importante: no conviene formar juicios de valor sobre los especuladores, puesto que en una economía capitalista son una pieza de suma importancia para aportar liquidez en los mercados y equilibrar las expectativas.

Los especuladores no tienen margen de error en sus inversiones: están en lo cierto o están equivocados y ganan o pierden dinero al poco tiempo de realizada la operación.

Benjamin Graham define 2 tipos de especuladores:

1) Los especuladores del "Trading General": Buscan anticiparse a los movimientos del mercado siguiendo los índices generales. Sus inversiones son conocidas como "colocaciones pasivas".

2) Los especuladores del "Trading Selectivo": Eligen acciones de empresas puntuales ( picking up) con el afán de superar el rendimiento promedio del mercado.

En ambos casos el tiempo de las operaciones puede variar desde un máximo de un año hasta un mínimo de minutos (como las de los scalpers o daytradings) y el análisis realizado antes de invertir en un activo nada tiene que ver con los fundamentals de las empresas sino, por ejemplo, con el análisis técnico de gráficos de cotización, volumen negociado, fuerza relativa, etc.

Algunos ejemplos de especulación financiera son: acciones que no pagan dividendos, dólar, oro, Bitcoin, opciones bursátiles y derivados financieros cuyo precio depende de un activo subyacente (ETF de petróleo).

Consejos finales a modo de conclusión

En el caso de las colocaciones de renta fija sabemos que en su mayoría son estrictamente inversiones, pero en el universo de las acciones la línea es más difícil de trazar, aunque hay una mirada que puede ayudarnos a comprender cuándo se trata de inversión y cuándo de especulación: Si al comprar acciones de una empresa te sentís un pequeño socio de la compañía y planeás guardar por un buen tiempo esos papeles sin importar lo que suceda en el corto plazo, entonces estás más cerca de una inversión que si te invade una sensación de adrenalina y describís la operación como algo semejante a "jugar unas fichitas" en el casino. En este último caso, estás especulando.

Se puede ganar mucho dinero invirtiendo y se puede ganar mucho dinero especulando. También, podemos terminar con cuantiosas pérdidas siguiendo ambos caminos, pero claramente una persona que posea escasa cultura financiera o poco tiempo para dedicarle a estos menesteres debería buscar invertir y no especular, proyectando a largo plazo con fundamentos sin dejarse tentar por los cantos de sirenas de las supuestas ganancias rápidas y sencillas.

Aprender a invertir en detrimento de especular no solo te introducirá en el fantástico mundo de los ingresos pasivos sino que además te brindará mayores incentivos para generar excedente de capital (ahorro) que te permita incrementar a pasos acelerados tu inversión.

Es solo cuestión de asimilar estas ideas y llevarlas a la práctica.

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