Boca campeón de la Superliga: un equipo que se sobrepuso a todo

Guillermo, campeón con un equipo que supo sobreponerse a las adversidades
Guillermo, campeón con un equipo que supo sobreponerse a las adversidades Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Franco Tossi
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9 de mayo de 2018  • 22:00

Boca es el bicampeón del fútbol argentino. Es cierto que el Xeneize ya es casi un experto de los campeonatos largos: desde 2015 viene imponiéndose en estos formatos. Sin embargo, cada coronación tiene su trabajo y sufrimiento. No todo fue pan comido para este equipo, como muchos piensan. Además de los rivales que se turnaron para estar en su persecución, el eterno líder debió hacerle frente a un vendaval de lesiones y a las sospechas que tanto preocuparon a Guillermo Barros Schelotto.

La Superliga había arrancado de mil maravillas para el equipo conducido por los Mellizos. Un nivel futbolístico y mental que lo ubicaba como el mejor del país. Aquello se reflejó en un comienzo récord: triunfos en las primeras ocho jornadas, algo nunca antes experimentado en la historia azul y oro, que incluyó una victoria en el Monumental ante River (2-1). Sin embargo, el plantel se despertó bruscamente de aquel momento soñado cuando Fernando Gago, jugando para la selección en octubre, y Darío Benedetto, en la derrota ante Racing (2-1) de la 9a jornada, sufrieron lesiones graves.

El recibimiento en la Bombonera al plantel campeón - Fuente: Twitter

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Culpables absolutos de que Boca pusiera la vara tan alta, a la que luego, con sus ausencias, el equipo ni siquiera se acercó. No hubo un volante capaz de hacer olvidar la imprescindible figura de Gago durante las 20 jornadas en las que se ausentó: el equipo tuvo infinidades de problemas para jugar bien. Y ni qué hablar para encontrar el sustituto de Benedetto: por el puesto pasaron Oscar Benítez, Walter Bou, Guido Vadalá, Ramón Ábila y Carlos Tevez.

Crédito: Télam

Si Boca podía seguir en el liderazgo con semejante prueba, el destino futbolero le tenía preparadas otras aventuras con las que lidiar. Una de ellas fue el vendaval de lesiones que puso en aprietos a los Barros Schelotto en el momento crucial del torneo. El desgarro afectó a varios jugadores esenciales. Paolo Goltz -por ejemplo- lo sufrió en tres ocasiones, quedando fuera del tramo final por una fuerte ruptura de fibras que estuvo cerca de ser un desprendimiento muscular, lesión grave que supo experimentar Leonardo Jara a fines de 2017.

Pablo Pérez tuvo una distensión en el sóleo izquierdo de la cual se resintió por regresar prematuramente, misma zona de la pierna en la que Carlos Tevez se desgarró bajando de una máquina del gimnasio, según versiones internas. De ese tipo de lesiones tampoco estuvieron exentos Edwin Cardona (sufrió dos casi consecutivas) ni Wilmar Barrios. Goltz también pasó por una sinovitis en la rodilla izquierda que coincidió con una contractura de Lisandro Magallán: Guillermo debió poner una zaga suplente ante Argentinos y sufrió por todos lados la derrota (2-0).

El festejo de los jugadores en el micro - Fuente: Twitter

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Los supuestos beneficios

El partido ante San Lorenzo de la 14a fecha (1-1) puso otro obstáculo. En realidad, no el partido en sí, sino más bien los errores arbitrales de Silvio Trucco, que cerca del final decidió echar a un jugador del Ciclón y dejar en la cancha al colombiano Barrios por una jugada fuerte que exigía todo lo contrario. Allí, las sospechas de un Boca ayudado por la AFA (con un presidente confeso hincha de Boca como Chiqui Tapia) empezaron a crecer desde la "guardia alta" que patentaron Rodolfo D'Onofrio y Marcelo Gallardo, en River. Tras ese partido con San Lorenzo, la nacion elaboró un informe con el recuento de los fallos a favor y en contra de los de la Ribera en la Superliga: la conclusión fue que lo habían beneficiado tanto como lo perjudicaron. Y esa línea continuó hasta el final: terminó incluso a favor de Boca. Porque en el conteo definitivo, lo ayudaron 16 veces y lo afectaron en 17 ocasiones.

Sin embargo, las dudas ante cada acción a favor del xeneize se hicieron insoportables puertas adentro. Al Mellizo el tema lo incomodó y en la intimidad llegó a evidenciar su preocupación por la influencia que pudieran recibir los árbitros en su contra. Hasta que en el encuentro ante Independiente (0-1), en el que no le cobraron penal por una mano sobre el final, explotó: "Está claro que no nos benefician. Eso es un juego mediático en el que no me pienso meter y espero que los árbitros no se involucren y cobren lo que ven". En definitiva, su equipo también ganó una pulseada muy especial.

A todo eso hay que agregar lo natural, lo deportivo: sus perseguidores. El primero fue San Lorenzo, que se debilitó en la segunda mitad y le abrió paso a Talleres: la victoria en la Bombonera ante los cordobeses fue clave para no mirarlos más de reojo. Independiente apenas insinuó. Mientras que en el final, Godoy Cruz apretó el acelerador y achicó diferencias para terminar por detrás del campeón.

Es cierto que Boca jugó por momentos mal, aunque globalmente mejor que otros para ser el justo campeón. Aquello es tan contundente como las piedras que tuvo en su recorrido y que influyeron para que algo que parecía tan fácil no lo termine siendo. Por eso, Boca fue un campeón que se sobrepuso a todo y a todos.

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