Martín Fierro 2018: los nuevos modos de hacer TV chocan contra un Aptra conservador

Julio Chávez, protagonista de El Maestro, una de las ficciones con más nominaciones
Julio Chávez, protagonista de El Maestro, una de las ficciones con más nominaciones
Marcelo Stiletano
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8 de mayo de 2018  • 17:21

¿Se repetirá la historia? Es lo más probable. Con el Martín Fierro de Oro del año pasado se coronaron El marginal y una manera distinta de hacer ficción en la Argentina. Ahora, conocidas las nominaciones del premio más legitimado que tiene la TV de aire en la Argentina, todo indica a priori que la lucha por alcanzar la máxima distinción de la ceremonia tiene dos favoritos bien claros: Un gallo para Esculapio y El maestro . Dos producciones marcadas por el mismo sello, elaboradas a partir de la convergencia entre un canal de aire, una señal de TV paga, un operador de cable y la proyección hacia otras pantallas vía streaming . Una curiosa anomalía que todavía no escapa a las convenciones del medio porque el canal abierto sigue funcionando como primera pantalla. Por segundo año consecutivo, el rubro "unitario y/o miniserie" adquiere mucha mayor relevancia que el de "ficción diaria". Es el más importante de todos y el que definirá seguramente el gran premio.

El mainstream televisivo todavía observa el reparto de candidaturas para el Martín Fierro como un mapa que refleja el estado del medio y la ubicación de cada ficha sobre el tablero de modo que puedan anticiparse algunos movimientos. Planteadas así las cosas, más allá de la rareza de encontrarnos con este modelo de ficciones de nuevo cuño, el cuadro apenas varía respecto de los últimos años. Pueden cambiar los nombres, pero la rigidez se mantiene como norma en materia de formatos, perfiles e identidades. También en el caso de los nombres, entre otras razones porque Aptra sostiene porfiadamente (hasta ahora con indudable éxito) su llamado anual al universo televisivo para ser reconocida como anfitriona indiscutida de la gran fiesta de la televisión. Como todos los nombres importantes del medio vuelven a estar nominados (por sí o a través de sus programas) ese aval queda inmediatamente ratificado.

Semejante apoyo reduce el efecto de algunas visibles incongruencias en la lista de aspirantes al premio y, sobre todo, en la insistencia por no redefinir ciertas categorías para que el premio refleje de manera genuina lo que es hoy la televisión abierta en la Argentina. Habrá que agradecerle a Aptra la decisión de no sobrecargar algunos rubros con cinco candidaturas cada uno, como ocurría un año atrás. Mientras más nombres se acumulan, es mayor la sensación entre propios y extraños que el mero hecho de aparecer en una terna está por encima del reconocimiento al mérito genuino.

Algunas de esas ternas son la expresión de lo que hay. O, mejor, de lo que queda, porque los programas humorísticos, musicales y deportivos atraviesan un irreversible proceso de extinción en la TV abierta argentina. Fuera de los programas que aparecen en esas respectivas ternas no encontramos nada más. En estos casos, el único mérito posible es la mera supervivencia. En cambio otros, como el periodístico, adquieren este año mayor espesor. Y en este caso vale una pregunta: ¿por qué la presencia de Animales sueltos en las listas de nominados se reduce a la participación de una columnista (Mariel Fitz Patrick)?

Otro interrogante, de paso: si para Aptra Susana Giménez hace un programa de entretenimientos (está nominado en ese rubro), ¿por qué aparece como candidata Lizy Tagliani por su "labor humorística" en ese ciclo? 2017 debe ser, de los últimos, el año en el que menos lugar hubo dentro de las emisiones de Susana Giménez para los juegos con premios, que suele ser desde siempre la medida para identificar a un programa como "de entretenimientos". El programa de Susana, dicho sea de paso, está nominado como "producción integral" junto a ShowMatch y Un gallo para Esculapio. ¿No sería más adecuado dividir este premio tan importante nominando por un lado a las producciones integrales de ficción y por otro a las de no ficción?

Hay más preguntas que no sorprenden, porque Aptra suele tropezar más de una vez con la misma confusión: ¿Qué sentido tiene ubicar a Podemos hablar (PH) y Almorzando con Mirtha Legrand en el rubro "interés general" y a Debo decir en el de programas periodísticos, cuando los tres están concebidos, producidos y realizados con el mismo espíritu? Siempre nos hacemos el mismo cuestionamiento: si hay programas de interés general, ¿acaso los que quedan fuera de este rubro están inspirados por algún interés particular? Los tres programas citados deberían competir por el mismo galardón.

Por el lado de las ficciones, aparecen todos los años las mismas confusiones. Caso 1: Esteban Lamothe y Nicolás Francella cumplieron desde el vamos funciones parecidas en la trama argumental de Las estrellas. Sin embargo, el primero aspira al premio como protagonista y el segundo, como actor de reparto. Caso 2: según el diccionario de la Real Academia Española, revelación es la "manifestación de una verdad revelada u oculta". En materia televisiva, revelar equivale a descubrir a una figura hasta aquí desconocida o ignota, capaz de desplegar todo su talento. Carla Quevedo ya lo había logrado en Farsantes (2013) y sobre todo en la miniserie de HBO Show Me a Hero (2015). Se luce como nunca antes en El maestro y merece un reconocimiento, pero no como revelación sino como actriz ya consagrada.

Por último, ¿qué espera Aptra para adaptar los rubros del Martín Fierro a los tiempos que corren, eliminando categorías insólitas o innecesarias? En vez de "cortina musical" deberíamos reconocer el trabajo cada vez más visible de los musicalizadores. Y en lugar de premiar al mejor aviso publicitario en una pantalla que abandonó la rutina de las tandas, mucho mejor sería distinguir a algunos de los talentosos profesionales que trabajan detrás de las cámaras. Posproducción, puesta en el aire, edición son actividades que a esta altura merecen su lugar.

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