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Requerimientos para navegar el nuevo entorno global

Félix Peña
Félix Peña PARA LA NACION
Avanzamos hacia una población mundial del orden de los nueve mil millones de personas, que implica formas de abastecerse y expectativas de calidad superiores
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10 de mayo de 2018  

Instalar la idea de trabajo en equipo puede ser un aporte que resulte de quienes, en el periodismo especializado y en la formación de cuadros técnicos para el sector gubernamental y empresario, puedan contribuir a la inserción internacional de lo que los argentinos podemos desarrollar como bienes y servicios con talento incorporado. Trabajar en equipo es una condición necesaria para la inserción inteligente en el mundo.

Resulta hoy claro que proyectar al mundo bienes y servicios que la Argentina está en condiciones de aportar por sus recursos, creatividad, calidad y talento es uno de los desafíos que tenemos por delante. Implica desarrollar mucho más que información, conocimientos y habilidades para la operatoria del comercio exterior. Requiere, en especial, desarrollar diagnósticos, estrategias y capacidad de gestión, acordes con los recursos y talentos que poseemos, y con lo que son actuales o potenciales demandas de países con interés en lo que podemos ofrecer. Es, por ende, la tarea de una nación en su conjunto, con capacidad para organizarse como un equipo que valora competir en todos los mercados posibles. Obvio que no es tarea fácil. Y, sobre todo, que lleva tiempo e inteligencia para tornar el esfuerzo en algo sostenible en el largo plazo.

El entorno internacional en el cual se inserta la Argentina junto con sus socios del Mercosur y de otros países latinoamericanos, tiene al menos tres características que tornan apasionantemente difícil la tarea de navegarlo con un éxito acorde con nuestras aspiraciones. Una es la de ser un mundo mucho más poblado que el de pocas décadas atrás, en términos tanto de países como de personas y de potenciales consumidores. La Organización Mundial del Comercio (OMC) incluye hoy 164 países. Eran unos 25 cuando en 1947 se creó el Acuerdo General sobre Aranceles de Aduana y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés). Estamos avanzando hacia una población global del orden de los nueve mil millones de personas, con un porcentaje creciente de consumidores de clase media urbana, especialmente en Asia, África y América Latina. Ello implica, entre otros efectos, formas de abastecerse y expectativas de calidad muy superiores en todos los planos. Otra característica es la de ser un mundo mucho más conectado, al menos en términos de conectividad física -con el consiguiente colapso de las distancias-, productiva -con el desarrollo de múltiples modalidades de redes globales y regionales que producen bienes y prestan servicios- y cultural -con la diversidad de valores, gustos y preferencias que inciden en las decisiones de los consumidores-. Y la tercera es la de ser un mundo en el que todos los protagonistas -países, empresas y consumidores- pueden tener múltiples opciones en la selección de sus oferentes y de sus potenciales socios en la competencia por los mercados mundiales.

Tres requerimientos, entre otros, surgen de las características del nuevo entorno internacional y de su incidencia a la hora de competir en los mercados mundiales. Son requerimientos que van más allá de los que se plantean para ser eficaces en la operatoria del comercio exterior incluyendo su dimensión financiera. Adaptarse a ellos caracterizará cada vez más a los que se identificarán como verdaderos especialistas en comercio internacional. Deberán poner de manifiesto un buen conocimiento del mundo y de sus regiones. Y, sobre todo, deberán demostrar una marcada capacidad para un abordaje multidimensional de la agenda del comercio internacional de nuestro país. Esto es, un abordaje que mezcle en forma simultánea las lógicas del poder, de lo económico y de las reglas de juego que se aplican al respectivo bien o servicio.

Instalar la idea de trabajar en equipo es una condición necesaria para la inserción inteligente en el mundo

Un primer requerimiento tiene que ver con el desarrollo de un conocimiento adecuado de otros mercados posibles y, en especial, de las preferencias de sus consumidores. Implica ir más allá de la definición de metas de exportación de empresas y de distintos sectores productivos. Supone conocer la demanda actual o potencial que otro país tiene sobre lo que aspiramos a ofrecer y, sobre todo, entender la dinámica que incide sobre tal demanda, y las opciones que ese país tiene o puede tener en término de otros orígenes potenciales para su abastecimiento. Un segundo requerimiento es tener presencia física en los distintos mercados, especialmente los más lejanos y con mayor potencial de crecimiento en su demanda de bienes y de servicios de otros países. Presencia física que implica para cada país -o grupo de países de una determinada región- identificar empresas y personas con buen conocimiento de su mercado, y que complementen la inteligencia competitiva que puede resultar de los servicios diplomáticos, comerciales o consulares -argentinos o, por ejemplo, del Mercosur- allí instalados. Pueden ser, entre otros, estudiantes y profesores, viajeros y mochileros, profesionales y trabajadores, ejecutivos de empresas incluso transnacionales, periodistas y empresas argentinas con presencia en un determinado país o región. Y el tercer requerimiento es el de entablar con todo país, grande o chico, y en particular con los espacios regionales en los cuales se inserta, la negociación de distintas modalidades de acuerdos, incluyendo los que prevean preferenciales comerciales y la concertación de mecanismos eficaces de cooperación técnica y de articulación productiva.

Son requerimientos factibles de desarrollar en un país como el nuestro, que se caracteriza por tener una marcada diversidad en el origen de su población. Es un país con apego a lo distinto y a lo novedoso, pero con baja experiencia de trabajo en equipo. Somos rápidos, pero no necesariamente constantes. Conciliar lo inmediato con una visión estratégica de largo plazo no es necesariamente una cualidad que nos distinga. Sí distingue a algunos de los países y regiones con los cuales tenemos enormes posibilidades de articulación productiva, especialmente en Asia.

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