Boca campeón. "Guilleeeeeeermo", apenas el eco de un grito sagrado

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
Guillermo y un nuevo título con Boca
Guillermo y un nuevo título con Boca Crédito: Mauro Alfieri
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9 de mayo de 2018  • 21:55

Nadie sumó más puntos y ése es su indiscutible blindaje. Boca, otra vez campeón. Otra vez inestable y desangelado. Otra vez un equipo que no atrapa ni emociona. Otra vez Guillermo Barros Schelotto como técnico. Algunas lecturas tácticas incorrectas, caprichos en los mercados de pases, muy recortada autocrítica y la irritante tendencia de depositar culpas en los demás. De nada se puede desentender Barros Schelotto. Boca no podría reconocerse como un equipo de autor, sencillamente porque es un enigma. Inclasificable. Legítimo campeón, sí, pero con los campeones también se puede polemizar.

Padre de los dos títulos, conductor de un equipo que vive en la punta hace más de 500 días, claro que Barros Schelotto reúne méritos. Sostuvo a Pavón, nada menos, cuando el delantero era resistido. Sería de una irrespetuosa tozudez negárselos, pero aun así, el entrenador no convence. El hincha de Boca venera al delantero pícaro y escurridizo, nunca descolgará ese póster. Pero el técnico no fascina. Las observaciones llegan desde el campeón anterior y derramaron en el nuevo título. Aceptó jugadores que no necesitaba (Tevez), tardó en descubrir a otros que se transformaron en vitales (Barrios), negó a Wanchope Ábila hasta que se volvió irresistible, nunca se esforzó por hacerle lugar a los chicos del club (Maroni), trajo refuerzos con fines decorativos (Espinoza y Junior Benítez), no insistió hasta el hartazgo, hasta el riesgo de la sublevación, por un arquero de élite que siempre supo que sería imprescindible... Gobernó con una vara desconcertante el vestuario y, más de una vez, se desentendió de las visitas de la barra brava, como si él fuera un empleado cualquiera, y no el gerente más trascendente de la empresa Boca.

El equipo entusiasmó en los albores del certamen, en ese comienzo sólido cuando ganó las ocho primeras fechas, incluida la victoria 2-1 ante River en el Monumental. Todo eso perteneció al año pasado, bajo la propulsión de Gago/Benedetto. Después, se decoloró. En el desteñido 2018 llegaron derrotas -Argentinos, Defensa y Justicia e Independiente- y rescates in extremis (Tigre, Atlético Tucumán y Talleres). Este año marcha a seis puntos del líder Godoy Cruz... Los zurcidos de Barros Schelotto nunca alcanzaron a remendar al roído Boca.

Boca tendrá que esperar una semana para calibrar el valor del título. El miércoles 16, solo si derrota a Alianza Lima y Palmeiras atiende sus súplicas, podrá descomprimir los miedos. Guillermo Barros Schelotto observa, tenso, arisco, siempre con la guardia armada y alguna excusa preparada. Ya no se escucha en la Bombonera el 'Guilleeeeermo, Guilleeeeermo', cómplice y reverencial. Extraño, como si la chispa que acompañó a ese duende desequilibrante y provocador se hubiese extinguido.

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