Boca, un campeón del ataque

Christian Leblebidjian
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9 de mayo de 2018  • 23:48

Es cierto que en un torneo largo (y más en un fútbol tan cambiante como el argentino) no es fácil encontrar una continuidad en un proyecto, incluso en un mismo equipo. Las caras pueden ir cambiando, aunque los entrenadores tratan de que la fisonomía, el estilo, no se altere. Boca tuvo varios méritos para consagrarse en la Superliga , pero el principal, el que mantuvo como sello de principio a fin fue el ser un campeón del ataque. El resto de sus cualidades pueden discutirse, pero si hubo algo que caracterizó al equipo xeneize, incluso con bajas más que decisivas como las de Benedetto y Gago (más otras de segundo orden como la de Goltz, Tevez o Cardona), fue su búsqueda permanente del arco rival. Por eso no fue casualidad de que haya conseguido varios goles en los descuentos o en los últimos 15 minutos. Boca forzó esos festejos, fue un equipo que ni siquiera ganando frenaba su ímpetu por buscar más goles.

Boca respondió a cierta lógica desde la idea de Guillermo Barros Schelotto . Si se toma en cuenta el equipo que debutó en la primera fecha de la Superliga en la goleada ante Olimpo 3-0, se verá que casi no hubo modificaciones, salvo las forzadas, claro.

Aquel 27 de agosto de 2017, en la Bombonera, Boca formó con Rossi; Jara, Goltz, Magallán y Fabra; Pablo Pérez, Barrios y Gago; Pavón, Benedetto y Cardona. El que se consagró ante Gimnasia, salvo por las lesiones de Goltz, Gago y Benedetto, se mantuvo a lo largo de las 26 fechas. Los esquemas 4-3-3, 4-2-3-1 o 4-3-1-2 tuvieron como simbolismos las proyecciones de los laterales y un juego mucho más vertical y explosivo que de elaboración. Así se explica que 13 de los 47 goles que marcó hayan sido de contraataque.

Y más allá de que en el terreno internacional o en los duelos mano a mano le haya costado mucho al Boca de los Mellizos imponerse, no es fácil sostenerse tanto tiempo (más de 500 días) en la cima del fútbol argentino. Eso sí: una cosa es el ámbito local y otra. que a este plantel xeneize le está faltando jerarquía colectiva para dar el salto de calidad, sobre todo en certámenes donde un mal día no tiene revancha. Se habla de "jerarquía colectiva" porque, desde lo individual, Boca tiene un buen plantel, pero juntos no terminan de dar la talla en situaciones límites. Porque Boca tiene en su principal mérito el ataque, haber sabido encontrar en Wanchope Ábila o Walter Bou ese centrodelantero que aporte goles ante la falta de Benedetto, pero está en deuda en las estrategias o planificaciones puntuales, donde el fútbol exige varios puntos más que salir a ganar y realizar un planteo protagónico con tres delanteros y las proyecciones de sus laterales.

Desde la voluntad de defender un estilo protagónico y buscar atacar ya sea como local o visitante, se puede encontrar una explicación de porqué es el equipo más goleador, y porqué tuvo a doce jugadores distintos que, al menos, se anotaron una vez en las redes adversarias (14, si se toman en cuenta las anotaciones en contra de Nicolás Domínguez -Vélez- y Acosta -Belgrano-).

Los entrenadores están obligados a pensar en las soluciones antes que los problemas surjan. No es un detalle menor que Guillermo Barros Schelotto haya mantenido a Boca de pie aún con las ausencias de Gago y Benedetto, y también con un Tevez que no volvió como figura, sino que sus aportes fueron más terrenales, por momentos demasiado bajos. Las figuras en la recta final terminaron siendo Wilmar Barrios y Cristian Pavón.

No es fácil ser campeón en el fútbol argentino, incluso con las ventajas que puede dar una Superliga con algunos equipos, y menos con las presiones o las adversidades que se presentan en el largo recorrido. Nadie le puede discutir a Boca ese liderazgo local, aunque para dar el salto de calidad en el plano internacional todavía le falten llenar varios casilleros.

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