Por qué deberías visitar el Lanín en otoño

María José Lucesole
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13 de mayo de 2018  

SAN MARTÍN DE LOS ANDES.- El sol de otoño ilumina el viejo camino a Hua Hum. Es un sendero de ripio, bordeado por ñires amarillos de follaje espeso, tornasolados en ocre o naranja, solo interrumpido por lengas rojas. Detrás está el lago Lacar. Delante, el camino conduce a una cascada de agua verde y cristalina.

A poco de la cascada Chachin -que trae agua de deshielo desde la Cordillera de los Andes- el viajero llega a una angostura, donde está situado el vivero Pucará. Es el semillero del Parque Nacional Lanín. El lugar donde se conservan muestras de todos los ejemplares nativos de este parque nacional que tiene una extensión de 412.000 hectáreas y protege en su interior especies como la araucaria, el raulí y el roble pellín.

Entre miles de plantas, el viajero se encuentra inmerso en un baño forestal multicolor: rojos, naranjas, amarillos, granate, ciruela, verdes claros, verdes oscuros.

"El baño forestal mejora la salud", concluye un informe científico difundido este año por el Word Economic Forum. Los bosques bajan nuestra presión arterial, reducen los latidos del corazón y las hormonas del estrés.

No se trata solo de tomar aire fresco: los árboles emiten aceites como protección de insectos y gérmenes, que fortalecen el sistema inmunológico. Reducen la depresión y aumentan la energía del ser humano.

El guardaparque Martín Pereyra, a cargo de la seccional Pucará del Parque Nacional Lanin -donde está el vivero- nunca leyó este informe científico, que se desarrolló para determinar los efectos de pasar más tiempo entre los árboles. Pero conoce la energía del bosque. "Este es un lugar apacible. El aroma de los árboles me avisa si va a llover. Si va a nevar. O si hay peligro de incendios", sostiene el guardaparques que vive aquí hace seis años.

Árboles que curan

En el vivero de Lanín hay árboles que curan, como el pañil: sus hojas fueron usadas ancestralmente para aliviar problemas de riñón. En el arboretum anexo al vivero también está el abeto blanco, originario de las montañas de Europa de cuya corteza se extrae una resina que cura cicatrices o heridas.

Pero el baño forestal es más que medicina. Es el efecto químico que registra al ser humano ante la exposición al bosque, un bálsamo natural contra el estrés y la tensión.

"La naturaleza te renueva. Te da un cambio de energía", coincide Víctor Curruhual, brigadista del Parque Nacional Lanín. "Uno aprende los ciclos de la vida con la naturaleza. Me gusta ver los árboles blancos con la nieve de invierno porque después vienen los brotes y la renovación en primavera".

En el Parque Nacional Lanín hay más de ochenta sendas para recorrer en medio de estos bosques que tienen su mejor color en otoño, cuando es temporada baja y hay pocos turistas.

Hay sendas más cortas y sendas largas: el tramo Hua Hum-Quila Quina, por caso, se recorre en tres etapas, de entre diez y quince kilómetros cada una. Por algunos de estos caminos transitó el poeta Pablo Neruda, en su huida clandestina de la dictadura de Chile, en 1948.

Hay sendas históricas y culturales, como la de Los Colonos, que desarrolla el guardaparque Ricardo Druck. En solo 1,5 km propone un recuento por los pioneros en estas tierras.

Hay caminos mucho más extensos, que conectan San Martín de los Andes con Junín de los Andes y Aluminé. Las tres ciudades están adentro del Parque Nacional, conectadas por los senderos de la troncal Huella Andina, que marca con carteles celestes y blanco todo el recorrido.

Muchas de estas sendas se pueden recorrer en bicicleta. El cicloturismo propone incluso cruzar la Cordillera de los Andes en dos ruedas, ya que el parque Lanín está vinculado a Chile a través de tres pasos internacionales: Hua Hum (a Pirihueico-Panguipulli-Lanco), Carirriñe (a Coñaripe-Licán Ray-Villarrica) y Tromen o Mamuil Malal (a Curarrehue-Pucón-Villarrica).

Otros visitantes eligen este parque situado en el suroeste de la provincia de Neuquén para hacer running: al menos cuatro veces al año hay maratones internacionales en el interior del bosque.

Los más aventureros pueden optar por escalar el volcán que da nombre al parque: una aventura a montaña abierta que se hace en dos días para llegar a la cubre a 3700 metros de altura. Hay un sistema online para registrar a los senderistas. "En el verano se podrá disponer de una aplicación que funcionará offline para no perderse dentro de cada senda", anuncia Horacio Pelozo, intendente del parque. La aplicación contendrá mapas de las sendas separadas por cuencas lacustres, descripción de cada camino según su distancia y dificultad, sistema de registro online y notificaciones sobre alertas climáticas fundamentales para escaladas o acampes.

Es que dentro de estos 412.000 hectáreas no solo hay 80 sendas: hay además cuatro refugios de montaña, 31 campamentos agrestes y 14 áreas de acampe.

El Parque Lanín se puede disfrutar incluso desde el agua: hay 24 lagos en su jurisdicción. El único lago que desagua al océano Pacífico es el Lago Lacar, que se angosta y se convierte primero en el lago Nontuhé y luego en el río Hua Hum.

Unos veinte mil pescadores llegan cada año para pescar con mosca en estos lagos. Junín de los Andes es la capital nacional de la trucha. La boca del río Chimehuin, conectada al lago Huechulaufquen, es uno de los sitios más buscados por los amantes de este deporte. La pesca se extiende entre principios de noviembre y fines de mayo. Es decir que aún en otoño, cuando la temporada es baja y los precios son más económicos, es posible pescar. La temperatura oscila entre 0 y 18 grados y pese a que la lluvia es más frecuente muchos días de sol donde es agradable permanecer en la orilla de ríos o lagos para castear. La temporada de pesca concluye el último fin de semana de mayo con una flotada de balsas con antorchas encendidas sobre el agua.

En otoño, cuando hay muy pocos de los 300.000 visitantes anuales que recibe este lugar, también es posible navegar: la última excursión habilitada en el parque Lanín se llama Paimún al Límite. El paseo, que parte desde Junín de los Andes, requiere embarcarse en un bote semirrígido en Puerto Canoa, a orillas del lago Huechulafquen, para ingresar al lago Paimún.

En el recorrido acuático de una hora se obtiene una vista inigualable del volcán Lanín y de los bosques patagónicos desde el agua. En otoño, solo los coihues se ven verdes. Los ñires, las lengas y los guindos se reflejan de color amarillo, rojo o naranjas en el espejo de agua.ß

datos útiles

Cómo llegar

El aeropuerto de Chapelco, a 24 km de San Martín y a 20 de Junín, recibe vuelos diarios desde Buenos Aires y Córdoba. A partir de esas localidades neuquinas, se pueden alcanzar los puntos de interés del Parque.

Dónde dormir

Loi Suits Chapelco. Cinco estrellas. 250 dólares habitación doble, con cancha de golf y gran spa.Patagonia Plaza. Cuatro estrellas, en el centro de San Martín. $3442 la habitación doble.Complejo Patagon cabañas. Tres estrellas. $5800, la cabaña para cinco personas.Paihue resort. Cabañas, cuatro estrellas. $7500, para cuatro.

Qué hacer

Ingreso al Parque Nacional: 250 pesos. Hay 80 sendas para recorrer. Para todas es necesario registrarse. Para escalar el volcán Lanín hay que pedir turno con anticipación -desde www.pnlanin.org- y tener guía de montaña. Valor, entre $ 7500 y 9000.

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