Vamos del chocoarroz al arroz

Diego Sehinkman
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13 de mayo de 2018  

Enero de 2016. Foro de Davos. Mauricio Macri se pasea entre los grandes líderes mundiales que, admirados, le preguntan cómo derrotó al populismo. El presidente argentino sonríe, se saca fotos y hasta exhibe su capacidad para armar consensos políticos: "Se llama Sergio, pueden acariciarlo. Este peronista no muerde". Macri es " market friendly", habla inglés y les transmite confianza a los inversores ¿Cómo fue que en dos años el gobierno que decía "el mundo nos abre las puertas" pasó a decir "el Fondo es la última puerta"?

Profundicemos el desconcierto: Hace solo una semana un gran tema nacional era la falta de austeridad de Dujovne por algunos gastos superfluos. Hoy el mismo ministro negocia con Lagarde el tamaño del ajuste. ¿Cómo pasamos tan rápido del Chocoarroz al arroz?

Lo que podría estar en juego es el contrato de verdad del que tanto se jacta Cambiemos. "Aunque duela venimos a decir la verdad". ¿No se informó sobre la fragilidad de la situación económica para no alarmar o, lo que es peor, el gobierno no la vio venir? Al precio de una, lleva dos crisis: económica y de credibilidad.

Más preguntas: ¿No tenía el ministro Caputo la llave maestra del crédito internacional atada a su cinturón y por eso había que sostenerlo, aún con las acusaciones de las offshore? ¿Cuándo fue que se le secaron las pilas "de todos los timbres que vos apretás"?

En la historia de esta involución, el homo cambiemus busca, perplejo, el eslabón perdido: la semana pasada se veía erguido. Hoy está inclinado.

Con total razón alguien podría plantear: ¿No es preferible pedirle al Fondo al 4 por ciento que a Chávez al 15? El costo más alto no es financiero, sino político. Siete de cada diez argentinos desaprueban a ese organismo, que desde 2001 nos conecta con lo peor de nuestra memoria emotiva. "Argentina necesita dadores de sangre y termina en lo de Drácula", resumen.

Mientras, el kirchnerismo da consejos. En Diputados, Máximo dijo: "Macri es de teflón. No se hace cargo de nada". La democracia es así. Pueden hablar los que te atropellaban con el auto y te hacían juicio por abollarles el capot.

En conferencia de prensa, Marcos Peña recordó: "Heredamos un desastre económico. La Argentina se quedó sin reservas, sin energía". Esos datos ciertos padecen de un problema grande: el kirchnerismo dejó una catástrofe sin imágenes. Sin traducción visual. Nadie vio el tanque de nafta del Banco Central con la aguja en rojo. Es una abstracción, un dato duro, una cifra. Del mismo modo, nadie puede asomarse a un pozo de petróleo, como si fuera un aljibe, a comprobar si lo dejaron seco. Gran parte de la sociedad asocia la palabra crisis con imágenes ostensibles: gente pidiendo comida, violencia, saqueos. O bien despidos o recortes masivos. La frase sería: "Cristina habrá dejado un desastre, pero yo no lo vi". El paso lógico posterior a ese razonamiento es adjudicarle todos los males a Macri.

En psicología hay una frase: "cada uno es lo que hace con la historia que le tocó". La traducción política sería: "Cada presidente es lo que hace con la historia económica que le tocó". A Macri le tocó un ciclo económico de contracción y no de expansión, que además este año tiene malas noticias: commodities en baja, sequía y tasas altas. Y una oposición disgregada, pero que va perdiendo los pruritos morales para juntarse: a medida que la economía se le complica a Cambiemos, el kirchnerismo va dejando de ser "mancha venenosa" para el resto del PJ. Las crisis económicas producen cambios de escala mental. Alguien lo sintetizó así: "Ojo que este país tolera a un ladrón, pero no a un inoperante".

A diferencia de la corrida de toros, en la corrida de dólar el que te cuernea es el votante: se va con otro candidato. Por eso fue vital parar la corrida. Pero el gobierno no se puede dormir pensando que del otro lado no hay nadie: Kirchner fue el "nadie" que el peronismo puso a último momento para sacar a Menem

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