Cómo es comprar en la primera librería física de Amazon

Primera tienda de Amazon en Manhattan
Primera tienda de Amazon en Manhattan Fuente: LA NACION
Juana Libedinsky
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12 de mayo de 2018  • 00:00

Iba muy mal predispuesta. Según el New Yorker, las personas que visitaron la primera librería física de Amazon aquí, ubicada en uno de los pocos shoppings de la cuidad, parecían "esas figuras grises genéricas que 'están ahí porque están ahí' de los renderings de proyectos de arquitectura". Peor -y tanto más importante- los libros, elegidos y colocados en los estantes según algoritmos, para el semanario se sentían aleatorios y desabridos.

Pero la ironía detrás de la tienda era demasiado seductora como para no ir: tras décadas de desestabilizar al negocio de las librerías tradicionales ("destruir", dirían algunos), Amazon dio un giro totalmente inesperado y decidió invertir en ladrillos.

Así que acompañada de mi amiga Kathy -ella, vestida con ropa de gimnasia neón y riñonera transparente; yo, con camisa floral estilo "explotó la primavera"- entramos en la tienda rumbo a la aventura. Por lo pronto, por "figuras grises genéricas de renderings de arquitectura" no nos iba a tomar nadie. Y teníamos ganas de explorar.

Enseguida sentimos que había algo muy distinto, aunque tardamos unos minutos en darnos cuenta de qué era: todos los volúmenes están exhibidos de frente, y no hay ninguno que solo muestre el lomo. Esto implica una selección muy reducida, pero está todo tan prolijo y fuertemente iluminado que parece la página web de Amazon convertida en realidad no virtual.

Otros elementos contribuyen a dar esa sensación. Las principales mesas y estanterías organizan los libros en categorías como "libros que la gente leyendo en Kindle terminó en menos de tres días", "títulos calificados por 4,8 estrellas o más por los lectores" (el máximo que se puede dar en Amazon.com es cinco) o "los libros más deseados en Amazon.com". Si a uno le gusta un libro, distintas flechas van indicando qué otros libros le pueden gustar, igual que ocurre en la página web.

Al decidir qué libros se exhiben, Amazon usa algoritmos creados sobre la base de una combinación de rating dado por los lectores, popularidad en la venta anticipada online, y preferencias geográficas y demográficas entre otros factores. La lista de los más vendidos de The New York Times es totalmente irrelevante, lo mismo que las voces de los críticos o las opiniones de los suplementos literarios. Debajo de los libros, están reproducidas algunas recomendaciones de lectores que se postearon online -incluidos los errores gramaticales o lugares comunes-.

Si esto no era suficiente para espantar puristas, está también el tema de que, como en Amazon, se mezclan libremente objetos que no son libros. Por ejemplo: la gran moda en Nueva York ahora es el método sous-vide de cocción, una vuelta de tuerca sobre el baño María. Así que al lado de los libros de recetas que lo promueven, Amazon Books ofrece... los aparatos que se necesitan. La mayor parte de los clientes de la librería estaban en esa sección (quizá influía que aquí se viene el Día de la Madre, vaya uno a saber).

Los vendedores, con buena voluntad, pero con poco conocimiento al respecto, trataban de explicar las bases de la forma de cocción preferida por los celebrity chefs. Si eso no funcionaba, estaba también recomendado Ladies who drink (damas que beben), al costado del cual se ofrecían copas de cristal sin tallo y una coctelera fashion de uso tanto más simple.

En toda la tienda, otra curiosidad es que absolutamente nada, ni siquiera los libros, tiene precio. Para averiguarlo hay que escanear el código de barras con el propio móvil o acercarlo a un lector digital. Si uno está subscripto a Amazon Prime (un servicio pago que permite bajar películas y música y recibir compras en el día), le aparecen descuentos. Muchos aseguran que el objetivo principal detrás del florecimiento de las librerías Amazon, de las cuales ya hay una quincena en todo Estados Unidos, es hacerle propaganda a Prime.

En sintonía con esto hay un considerable sector tecnológico donde se ofrecen distintos modelos de libros electrónicos, Amazon Echo, juegos, tabletas y todo tipo de accesorios. Allí había unos chicos que intentaban hacer que el asistente de voz Alexa repitiera palabrotas. Quizá sea uno de los atractivos del local.

Al otro lado del paraíso

Todo esto no suena, por supuesto, al paraíso del bibliófilo. Nada podía estar más lejano a la sensualidad de encontrar el lomo de un tomo escondido, desempolvarlo si hace falta y ver en la semipenumbra que era -¡Aleluya!- exactamente lo que uno estaba buscando aunque no lo supiera al perderse en los anaqueles. Y de los títulos de literary fiction, o la ficción más sesuda, la selección de Amazon Books es realmente pequeña, entonces ni siquiera se compara bien con la versión online de Amazon en cuanto a la efectividad, menos al romance, de la búsqueda.

Pero aun los críticos más acérrimos del sistema reconocen que para ciertos tipos de libro este modelo funciona particularmente bien: los libros de cocina y los libros para chicos.

En mi caso, yo decidí centrarme en estos últimos, y encontré varios tomos que, en mi librería independiente habitual, rodeada de los colegios más tradicionales de la ciudad, hubiera sido más difícil hallar, al menos, tan a la vista.

Pero en un shopping no eran problema. ¿Su tema? Las flatulencias, que son usadas como punto de partida para historias sobre la escuela y la familia, y, de paso, dar una sutil lección de vida.

Para mi hijo de seis años y los amigos, fueron de un éxito monstruoso. Le había elegido el elocuentemente titulado El Gran Nate: silencioso pero fulminante. Lo primero que uno se entera al verlo en el estante es que es que el 91 por ciento de los lectores que suministraron reseñas le dieron cinco estrellas. "Increíblemente realista, todos los chicos pueden fácilmente identificarse con Nate", escribió una madre de un chico de 11, en la cita escogida para acompañar el libro. La historia es sobre Nate, que trata de incrementar su popularidad en el colegio con un alter ego, llamado "el Gran Narizini", que puede identificar cualquier olor y su procedencia, y los problemas que esto le trae -pero también los buenos amigos y profesores que salen a su rescate-. Ya fue tal el éxito de Nate que se convirtió en serie.

Más ambicioso es Sweetfarts, algo así como "flatos dulces". Hay mal olor en la escuela y todos piensan que Keith es el culpable. Con la ayuda de su familia de científicos, más el fantasma de Benjamin Fanklin, Keith se propone diseñar una máquina que hará que todo huela casi a rosas. También gran éxito, también próximamente se convertirá en una serie.

Por su parte, mi amiga Kathy estaba más que contenta: siguiendo las flechas a partir de Farenheit 451 (una versión sobre la cual está por estrenarse una película en los cines), había llegado a varios libros de Kurt Vonnegut que hacía tiempo que había pensado en releer, aunque algunos de los libros recomendados ya estaban agotados en Amazon Books, lo cual es prueba de lo efectivo que es su novedoso sistema de recomendaciones.

En puro léxico de Amazon, e interpretándolo como un complemento tanto de la versión online de Amazon como de las librerías tradicionales -que a todas luces es lo que intenta ser-, terminamos nuestro recorrido y decidimos que a Amazon Books le daríamos cuatro estrellas.ß

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