Cómo son los nuevos consumidores que piensan mucho más antes de comprar

Romina Polnoroff es la creadora de Mamá Sana, un blog de cocina natural donde comparte sus recetas Fuente: LA NACION Crédito: Paula Salischiker
12 de mayo de 2018  

Hubo un tiempo en que en el baño de Paula Blanco, bioquímica y madre de dos hijas, había champú, acondicionador y jabón comprados en el supermercado. También antitranspirantes de esos que agarramos de la góndola y que aprovechamos cuando hay una oferta imposible de dejar pasar. Pero eso fue hace más de 5 años, cuando empezó a investigar, a causa de un problema de salud de su hija más grande, qué contenían esos productos. Y cuanto más investigaba, más se convencía de que debía dejar de usarlos. Hoy todo eso lo reemplazó por barras de champú sólido, jabón vegetal y desodorantes que ella misma empezó a elaborar para su familia primero y para conocidos que le pedían productos naturales después. De esa demanda nació La Botica Eco, un emprendimiento de productos de higiene personal libres de conservantes, antioxidantes, detergentes, TACC, parabenos, siliconas y cualquier otro aditivo sintético para el cuidado de la piel y el pelo.

"El cambio que hice a nivel personal fue por necesidad. Pero estamos en una época en la que la gente se cuestiona mucho lo que consume y cómo lo consume. Y eso es genial -plantea-. Vamos como hormigas a la góndola porque es lo más cómodo. Pero tarde o temprano el cambio va a ser masivo. Ya el hecho de cuestionar lo que usamos es un montón", dice Paula. A Facundo Bertranou, diseñador que trabajó varios años para empresas de consumo masivo, le pasó lo mismo. Primero, empezó a sentirse incómodo en su rol de comunicador de la industria alimenticia. "Me empecé a cuestionar las cosas que consumía. Pero con la llegada de mis hijos hice el clic", dice el autor de Green Vivant (Editorial Planeta) una suerte de guía del bon vivant saludable que acaba de editarse y que tiene su versión on line:

Cuestiono, luego compro. Cada vez más, las personas de 20 a 45 años empiezan a mirar de reojo los productos que usan en su vida cotidiana o se llevan a la boca. Para las consultoras de consumo que se encargan de estudiar tendencias, pertenecen a una nueva categoría de consumidor eco que bautizaron twee. "Son personas que han incorporado la conciencia ecológica a sus vidas cotidianas y por eso comienzan a realizar cambios alrededor de su comunidad, de la familia, amigos y ambiente de trabajo más cercano", describe un reciente estudio de Ignis Media Agency. Y un informe de Sustainable Brands que es citado en el mencionado estudio da dimensión a la tendencia: asegura que en 2017 la compra de productos orgánicos, sustentables y ecológicos creció un 140 por ciento.

Facundo Bertranou, un green vivant que cambió su estilo de vida por una más saludable Fuente: LA NACION Crédito: Ignacio Sánchez

Es cierto que siempre hubo personas que se preocuparon por la cuestión ambiental. La diferencia, según los especialistas en consumo, es que esta es la primera generación que se lo toma en serio a nivel sociedad. Por ejemplo, según Sustainable Brands, el 70% de los argentinos asegura que les preocupa el tema ambiental a la hora de comprar. Una cifra que hace años no se acercaba ni a la mitad. "Es un grupo que se ha ido ampliando alrededor de los problemas y la toma de conciencia ambiental. Prefieren consumir productos que sean pro medio ambiente y cambiar su estilo de vida para cuidar de él. Están dispuestos a pagar más en la búsqueda de una mejora en la calidad de vida", amplía el informe de Ignis Media Agency.

Sin duda, la puerta de entrada a este consumo ecológico, consciente, saludable y amigable con el entorno suele ser la alimentación. Por ese lado empezó la búsqueda de Romina Polnoroff, creadora de MamaSana un blog donde comparte recetas de cocina natural y un estilo de vida ecofriendly. "Antes de ser mamá viví 10 años en Nueva York y ahí empecé a ver todo la movida ecológica y orgánica. Y acá lo continué. Yo tengo una regla que es 80-20. Trato de que la mayoría de lo que hago responda a los parámetros ecológicos. Pero no me vuelvo loca si no puedo hacerlo. Incluso, hay veces que la proporción es 50 y 50. Aún así, es mucho", dice Romina, que acaba de editar el libro con sus mejores recetas.

"El alimento siempre fue la gran puerta de entrada porque es algo sobre lo que tenés que decidir cuatro o cinco veces por día -dice Bertranou-. Hace unos años el consumo de alimentos saludables era un consumo culposo porque se resignaba el placer. Hoy se puede disfrutar de una comida sana y deliciosa porque la gastronomía ha evolucionado, se priorizan los productos de estación, locales y frescos. En un contexto así, es muy difícil que no sea saludable. Pero después de la comida se avanzó hacia otros aspectos. Por ejemplo, hay un auge del consumo beauty natural, de la meditación, de la actividad física. Por eso en el libro hablamos del green vivant como alguien que no se limita solo a la comida. Es un genérico del modo de vida saludable como pueden ser los millennials".

Danisa Pedruzzi tiene una formación en comida raw. Como siempre cocinó y se especializó en periodismo gastronómico, su cambio comenzó por la comida. "Empecé por ahí, pero la gastronomía me fue llevando a otras áreas -dice-. Llevo una alimentación consciente. Compro orgánico lo más que puedo, empiezo mi día con un jugo verde y procuro que lo que como sea lo menos procesado posible. Tengo una mirada crítica sobre la comida, me cuestiono siempre cómo ofrecer algo productivo y mejor para mi cuerpo".

Danisa es mamá de dos adolescentes de 12 y 15 años que intenta inculcar un estilo de vida más sano, más allá de la comida. "Como ya entraron en la adolescencia, me interesaba que usaran en su piel productos naturales. Empecé a investigar un poco qué había en el mercado y di con la Botica Eco y la tendencia low poo, que es reemplazar los productos tradicionales para cuidado del pelo por los naturales como puede ser el champú en barra. Es un reaprendizaje porque el pelo depura: al principio parece de cartón, está horrible. Pero hay que tener paciencia porque puede llevar semanas o meses. Igual llega un momento en que el pelo hace clic y vuelve a estar sano y brillante. Y hace años que decidí dejar de usar antitranspirante. Ahora uso una especie de crema que te la ponés con los dedos y muy poca cantidad que también es ciento por ciento natural. Siempre digo que antes de hacer estos cambios hay que estar convencido, darle una oportunidad a lo distinto", anticipa Danisa.

Más allá de los emprendimientos ecológicos como el de La Botica Eco, hay empresas que lanzaron una línea de cosmética natural para responder a la demanda de productos ecofriendly. L'Oréal, por ejemplo, tiene Biolage Raw, una línea capilar, sin parabenos, sin conservantes y con packagings reciclables. Además de que los ingredientes que componen las fórmulas son de origen natural, algunos también se obtienen de manera ecológica. ¿El precio? El combo de champú y acondicionador de 325 ml cuesta unos 1200 pesos. En el caso de los producidos por La Botica Eco un pack de 4 champús en barra que duran, en promedio, unos 80 lavados cada uno, cuesta 790 pesos.

¿Más por menos?

El costo de los productos eco suele ser una barrera que el consumidor responsable tiene que sortear. De todas maneras, esa es una cuestión que está empezando a cambiar a medida que estos productos penetran en la gente. "Para ser sustentable hay que ser económicamente viables, y eso tiene que ver con los precios -sostiene Federico Torres, director comercial de Biogreen, una empresa sustentable que tiene productos de cosmética y limpieza para el hogar-. Es un mito que lo ecofriendly sea más caro: es una cuestión de escala. Antes eran productos de nicho y hoy dejaron de serlo. Eso cambia la ecuación. Pero también hay que tener en cuenta que certificar orgánico es más caro".

Desde hace unos años, a tono con el consumo ecológico y responsable, Torres asegura que la empresa creció un 360% por ciento. "Tenemos 440 productos, la mayoría son aptos para veganos y celíacos. El nuestro es un consumidor mucho más exigente, más informado -afirma-. Ellos mismos demandan cambios en los productos. Nos ha pasado que en uno tuvimos que reemplazar la materia prima porque las palmeras de las que la extraíamos era el hábitat natural de una especie de mono en extinción y hubo que cambiar".

En algunos casos, la barrera es la inversión inicial que puede ser costosa a pesar de que a largo plazo termine siendo menor. Yanina Vogel es mamá de una beba de 22 meses y tienen un emprendimiento de pañales de tela de fibras de bambú llamado Por amor a la tela . Aunque siempre tuvo una educación ecológica (en su casa se hacía compost en épocas en las que acá era una práctica casi desconocida) la llegada de Emilia terminó por convencerla de que era el camino a profundizar. "Con el papá nos preguntamos : ¿qué pañales le ponemos? Sabíamos que los descartables tardaban unos 600 años en biodegradarse. Nos parecía una locura ponérselos a Emilia. Y decidimos probar con los de tela. Nos gustó tanto que lo convertimos en un emprendimiento", cuenta Yanina, de 33 años, que asegura que es una versión muy mejorada de los pañales de tela que usaban las madres de antes. "Incluso hay hojitas que se ponen entre el pañal y la cola que deja pasar el pis, pero no los sólidos y así es menos trabajo el lavado".

Yanina Vogel eligió para su hija Emilia pañales de tela de fibra de bambú para no dañar el planeta Fuente: LA NACION Crédito: Paula Salischiker

En promedio, cada pañal reusable cuesta unos 800 pesos. "Con 7 o 10 estás bien, depende de con cuánta frecuencia quieras lavar. Se calcula que una familia gasta 40.000 pesos en pañales descartables hasta que el bebé los deja. Con los de tela, más o menos serán entre 10.000 y 12.000 pesos porque además son unitalle, se van agrandando a medida que el bebe crece". De todas maneras, Yanina aclara que no todo tiene que ser blanco o negro. "Podés combinar con los desechables. Si tenés uno de tela ya es un montón de pañales descartables que dejás de usar. Me parece que la gente está empezando a ser consciente de lo que usa, desde el champú, si es biodegradable o no, hasta los pañales. Yo en mi casa tengo un mix, no es que todo es ecofriendly. Pero lo poco que tengas, suma un montón".

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