El mercado nunca avisa

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
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12 de mayo de 2018  

La negociación que el Gobierno acaba de emprender con el Fondo Monetario Internacional desempolva una vieja discusión económica argentina que, hasta hace diez días, Mauricio Macri creía haber resuelto con la aplicación del gradualismo. Consiste en dilucidar en qué magnitud y en cuánto tiempo un país que gasta lo que no produce se puede ir adecuando a sus reales posibilidades para no terminar cayendo, como ocurre, cada diez años en una crisis.

Una de las variables en las que, junto con la reducción del déficit fiscal, el equipo económico tendrá que ponerse de acuerdo es en el valor del peso, que el staff del organismo juzgó en diciembre, en el informe que confeccionó luego de la revisión del artículo IV de su convenio constitutivo, como sobrevaluado entre un 10 y un 25% en términos reales. Es decir, un nivel de apreciación cambiaria similar al actual, que el economista Dante Sica calculó ayer en 24%.

Será uno de los ejes de las conversaciones en Washington. Una devaluación abrupta puede ser problemática en un país con cultura inflacionaria, pero es difícil que el FMI esté dispuesto a financiar la fuga de capitales aportando fondos que fogoneen la adquisición de dólares baratos. Ya antes de la reunión que Nicolás Dujovne tuvo el miércoles con Christine Lagarde, en el Gobierno preveían un desacuerdo por el tiempo en que se debería converger a ese dólar de equilibrio, con flotación limpia, que suele recomendar el organismo. No será lo mismo, en términos de traslado a precios, hacerlo de golpe que de manera paulatina. Macri pretende volver a proponer gradualismo, esta vez cambiario, pero lo hará ante un staff que está entrenado para ir por todo y al que no le preocupan las reelecciones de la dirigencia política. Su apuesta será entonces tender puentes con los países que mandan en el directorio. Adolfo Canitrot, académico que integró el equipo de Juan Sourrouille y que murió en 2012, solía recordar que en 1985, en una negociación que había empezado dura en Washington, quien rompió el hielo en la relación entre la Argentina y el organismo fue Paul Volcker, director de la Reserva Federal. "Lo compro", decía Canitrot que dijo Volcker al verle posibilidades al Plan Austral, según contó años atrás en una entrevista con Juan Carlos De Pablo.

La inconveniencia de una devaluación acelerada se planteó en la Casa Rosada el viernes de la semana pasada, en una extensa reunión de la que participaron integrantes del equipo económico y en la que se habló por primera vez de la posibilidad de recurrir al Fondo. Empezaron a las 13, en plena corrida, y terminaron a las 15, ya con el mercado cerrado. Hicieron cuentas y no aparecieron muchas alternativas. Si se corregía el tipo de cambio un 30%, como obligaba la situación, el dólar quedaría inmediatamente en alrededor de 28 pesos y dispararía los precios, con una inflación que excedería el 35% anual. Los contactos siguieron durante el fin de semana, hasta que el lunes por la noche se tomó la decisión de recurrir al organismo. Por eso la mañana siguiente, momento del anuncio, fue la peor en mucho tiempo en las dependencias oficiales. Los ánimos se aplacaron con las horas. "Esto mejora mañana. Va a rebotar todo", escribió en uno de los chats Luis Caputo el miércoles a la tarde, y efectivamente ocurrió, con la recuperación de las acciones del Merval el jueves. La inminencia de 600.000 millones de pesos que el Banco Central tiene que renovar el martes siguió sin embargo perturbando la plaza cambiaria hasta ayer. Cerca del mediodía, mientras los minoristas con ahorros en fondos comunes de inversión con posiciones en Lebac se pasaban al dólar, el Gobierno instruyó a la Anses a comprar esas letras en el mercado secundario. Una forma de anticiparse y bajar el riesgo para el martes: el 60% de esos instrumentos ya está en manos de algún operador estatal.

El Gobierno quiso también transmitir tranquilidad a sectores de la economía real. Francisco Cabrera, ministro de Producción, convocó por la tarde a un grupo de empresarios, entre ellos Alfredo Coto, Eduardo Elsztain, Eduardo Eurnekian, Cristiano Rattazzi, Miguel Acevedo y Martín Migoya, a una reunión con Macri en Olivos. Hablaron de la corrida y de la viabilidad de las diferentes actividades. Se les dio a entender que el Gobierno pretendía ir hacia un dólar de equilibrio, determinado por la oferta y la demanda, y a tasas de interés significativamente más bajas una vez que pasara la tormenta, que esperaban para después del vencimiento de las Lebac.

Los empresarios son el sector que primero respaldó al Gobierno en esta crisis. A diferencia del staff del Fondo, a ellos sí les preocupan los tiempos y los resultados electorales. Consultoras norteamericanas con clientes inversores recibieron esta semana dos preguntas recurrentes: si esta corrida ponía en riesgo la reelección de Macri y, más específico, si podría devolverle gravitación política a Cristina Kirchner. Son en realidad las dos caras de un mismo temor, que es el regreso del populismo y que emerge también de actores no kirchneristas: el PJ, el Frente Renovador e incluso la UCR, que inició con la Coalición Cívica el reclamo tarifario. Esa primera resistencia radical al plan de Aranguren terminó en el proyecto de ley de revocación de aumentos que impulsa la oposición y expondrá al Presidente a la decisión de ejercer el veto. Ya anticipó que lo haría. "¿Qué quieren que hagamos nosotros, si los cuestionamientos empezaron adentro de Cambiemos? No podemos ser más blandos que ellos", le contestó un diputado del PJ a un empresario que le reclamaba racionalidad energética.

La presunción empresarial es que el camino hacia la normalización de la Argentina prometido por Macri será en el mejor de los casos más arduo. Por lo menos este año. El máximo ejecutivo de una empresa de servicios públicos reunió esta semana a sus empleados y les exigió defender los aumentos previstos para este año y ser cuidadosos en la negociación con cada proveedor. Teme que peligre la política tarifaria. "Hagan de cuenta que volvieron Baratta y De Vido. Estamos en guerra", arengó.

En la Casa Rosada esperan que la crisis sirva al menos para aplacar el "fuego amigo" de los radicales y Carrió. La líder de la Coalición Cívica dio la señal más clara: dijo que recurrir al Fondo le parecía una "acción preventiva maravillosa". Es probable que a los radicales les lleve más tiempo digerirlo. Tienen intereses que no desvelan en Washington y una mayor resistencia a medidas antipáticas que suponen más dañinas para sus votantes. Es el argumento con que Alfredo Cornejo, presidente de la UCR, inició sus críticas al programa tarifario.

Ajustar o no ajustar. Cada tanto, la Argentina vuelve sobre la misma discusión: cuándo, dónde y cómo aplicar reformas necesarias para hacerla viable y de las que al final se termina encargando la realidad. El mercado. El problema es que lo hace siempre sin avisar.

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