Harás lo que debas... o tendrás que ir al FMI

12 de mayo de 2018  

Está todo bien: avanzan las conversaciones con el FMI , se logró un fuerte respaldo de Estados Unidos , los compradores callejeros de dólares se quedaron en sus casas por el diluvio, Macri está feliz con Boca campeón y en C5N (el que anunció que Scioli había ganado la segunda vuelta) pronostican una catástrofe. No está todo bien: tuvimos que volver a pedirle guita al FMI, el dólar sigue practicando alpinismo, Diputados aprobó el proyecto de tarifas populares para todos y todas, Duhalde volvió a decir que estamos condenados al éxito y al frente del Fondo hay una mujer que se llama Cristina.

Así de fácil y difícil está el panorama. El problema de esta crisis es que nada es lo que parece. Por de pronto, las negociaciones con el FMI no son tal. Cuando uno va a pedir un crédito a un banco, el que fija las condiciones es el banco, no el que pide. No se negocia nada, o casi nada. Además, el FMI es, por definición, un prestamista "de última instancia", es decir, al que acudís cuando estás en la lona. Otra cosa: la Lagarde es la jefa, súper friendly, pero debajo de ella hay un staff de burócratas a los que les pagan el sueldo y el bonus por defender la plata del organismo, no por financiar desastres estructurales de países que quieren vivir de prestado. Me lo explicó esta semana Juan Carlos de Pablo, y si le entendí bien el tema es así: Lagarde hace marketing, mientras que el staff hace economía. Pero ¿no estamos ante un nuevo FMI, más piadoso, menos ajustador? Sí, el organismo cambió. Al despacho de Anne Krueger entrabas caminando y salías de rodillas. Ahora, acabamos de verlo en el primer encuentro con la misión argentina, Christine te recibe con sonrisas, declara que el acuerdo va a ser rápido y sirve café.

Pero no veamos la foto, sino el video de ese recibimiento a la delegación encabezada por Dujovne. Cuando abrieron las puertas de la sala en la que se iban a reunir, detrás de Lagarde aparecían, recién levantándose de la mesa, 10 o 12 de esos burócratas. Obviamente, habían estado hablando de la Argentina. No es difícil imaginar lo que le dijeron a la jefa: "Señora, ¿esta gente viene a pedir dólares? El año pasado los argentinos gastaron fuera del país 10.600 millones de dólares, 25% más que el año anterior. Y solo recibieron turismo del exterior por 2000 millones. ¿Qué quieren, que les financiemos las compras en los shoppings de Miami y de Santiago de Chile?". Desalmados, cuando el dólar termine de estar tan barato y se caigan a pedazos las ventas en esos shoppings nos van a tener que pedir perdón.

Pensándolo bien, quizá tampoco el ajuste que nos va a imponer el Fondo es lo que parece. Yo sé, por supuesto, que esas dos palabrejas, Fondo y ajuste, tienen una muy merecida mala fama. Los tipos te veían en el piso y te seguían pegando. Pero, seamos sinceros, algo no funciona bien en un país que sale desesperado a pedir 20.000 millones de dólares -por poner una cifra que se está mencionando-, mientras que en un año se gastan 10.000 millones en playas caribeñas y orgías de compras. Quizás es una ilusión, pero puede ser que alguien desde afuera, que la tenga más clara que nosotros, nos obligue a ser más racionales, menos insensatos. Un ejemplo. El 18 de diciembre, el directorio del Fondo concluyó su análisis anual sobre la economía argentina y dijo lo siguiente: "Los directores aplaudieron el compromiso de las autoridades de mantener la orientación restrictiva de la política monetaria para cumplir las metas de inflación. Insistieron en que reducir el financiamiento monetario del déficit ayudaría a afianzar la independencia del Banco Central y a apuntalar la credibilidad del régimen de metas de inflación". Solo 10 días después, el ya tristemente célebre 28, el Gobierno hizo exactamente lo contrario: relajó la "orientación restrictiva de la política monetaria", relajó las metas de inflación y le quitó independencia al Banco Central. Bingo. No creo que los nuestros hayan querido desairar los consejos del directorio. Sospecho que no los leyeron. Pues bien, muchachos, ahora van a tener que hacer buches y tragarse hasta la última coma.

Como se sabe, el mercado es un prestamista de tasas altas, pero silencioso, desentendido; el FMI, de tasas bajas, pero molesto. Te dice lo que tenés que hacer. La famosa "supervisión". A la que, según parece, no hay que tenerle tanto miedo. Yo seguía con mis dudas hasta que estos días releí un documento de 2009 del G-20 (países que reúnen el 85% del producto bruto global). Dice ahí: "Apoyaremos, ahora y en el futuro, la supervisión sincera, equilibrada e independiente por parte del FMI de nuestras economías y nuestros sistemas financieros". Una de las 20 firmas que aparecen al pie de este documento tan rabiosamente fondomonetarista nos resulta familiar: Cristina Kirchner.

Si bien la crisis está lejos de haber terminado, saquemos algunas conclusiones. 1) Macri está atravesando un bolonqui grande, morrocotudo, y va a ser interesante ver cómo sale de él; no hay que subestimarlo porque hasta ahora siempre, aun desafinando, ha cantado victoria. 2) Probablemente vamos a ver un gobierno más humilde: le llenaron la cara de dedos. 3) Se terminó lo del "segundo semestre"; ahora nos dicen que para el paraíso terrenal habrá que seguir remando.

Nada es lo que parece. Esta no es una columna de humor.