Cannes: cuatro joyas de grandes directores levantaron el nivel de la competencia oficial

El polaco Pawlikowski, el francés Godard, el ruso Serebrennikov y el chino Jia Zhang-ke entregaron los mejores títulos hasta ahora de un festival que pendula entre veteranos maestros y nuevos creadores
Diego Batlle
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13 de mayo de 2018  

CANNES.- El polaco Pawel Pawlikowski, el francés Jean-Luc Godard, el ruso Kirill Serebrennikov y el chino Jia Zhang-ke regalaron las mejores películas en las primeras jornadas de la Competencia Oficial del 71er. Festival de Cannes, cuya programación pendula entre los más recientes trabajos de veteranos maestros y las nuevas miradas que proponen directores todavía no tan consagrados.

Cold War , de Pawel Pawlikowski. El ganador del premio Oscar por Ida dirigió otra prodigiosa película de época en pantalla casi cuadrada (4:3), estilizado blanco y negro y apenas 84 minutos que describe con rigor, austeridad y belleza el devenir de un amor imposible entre Polonia y Francia desde 1949 y hasta bien entrada la década de 1960. Son más de 20 años de tortuosa pasión y (des)encuentros entre una joven cantante y un músico más maduro que luchan contra la burocracia, la maquinaria represiva (sobre todo cuando intentan cruzar las fronteras de forma clandestina), la falta de oportunidades, sus propias neurosis y un sino trágico que parece apoderarse de ambos. La historia de Wiktor (Tomasz Kot) y Zula (la prodigiosa Joanna Kulig, temprana candidata al premio a mejor actriz) es un melodrama con momentos musicales y aires de film noir de una intensidad conmovedora y que remite al cine del alemán Christian Petzold ( Barbara, Ave Fénix).

Le livre d'image , de Jean-Luc Godard. El veterano patriarca de la nouvelle vague francesa presentó otro de sus ensayos cinéfilos, literarios, sociológicos y políticos en un patchwork experimental (está construido con múltiples capas visuales y sonoras) en el que, a partir de su omnipresente voz en off, da su visión -pesimista hasta lo punk- sobre el estado de las cosas en el mundo con énfasis en la violencia y el sufrimiento (incluidas imágenes de atentados terroristas), aunque también hay espacio para muchas imágenes de trenes, fragmentos de films clásicos (desde Freaks- Fenómenos hasta Johnny Guitar) y citas de Goethe, Rimbaud y Malraux, entre muchos otros. Sus fans coronaron la proyección con aplausos; muchos de sus detractores abandonaron la sala antes del final. Con Godard en Francia es así: tómelo o déjelo. Un clásico cinéfilo.

Leto (Summer) , de Kirill Serebrennikov. El director ruso de Traición y The Student / El discípulo está con arresto domiciliario, acusado de malversar fondos públicos con su compañía de teatro, pero en realidad son su obra provocativa y su activismo contra Putin los motivos que no le permitieron venir a Cannes. El extraordinario elenco de este film pidió por su libertad en la alfombra roja y lo representó en las proyecciones de esta melancólica, lírica y conmovedora reconstrucción de la movida del rock en la Leningrado de los años 80. Serebrennikov alcanza a transmitir toda la energía, pero también la frustración de estos músicos claramente influenciados por los Sex Pistols, Blondie, David Bowie, Lou Reed, Talking Heads e Iggy Pop (hay una buena explicación de la transición del punk a la new wave) en una narración llena de ingenuidad, rebeldía y -por supuesto- una fuerte carga nostálgica con ecos de films como Casi famosos y Velvet Goldmine.

Ash is Purest White , de Jia Zhang-ke. En la línea de sus trabajos recientes como Un toque de violencia y Lejos de ella, el director chino construye una épica que recorre otra vez varios años de historia reciente de su país, en este caso entre 2001 y hoy, con una mujer (Zhao Tao, esposa y musa del realizador) como sufrida heroína. En el primer episodio la vemos como pareja de un gánster (Fan Liao) al que terminará salvando de un ataque enemigo en plena calle, pero terminará purgando cinco años de cárcel por usar un arma de fuego. La segunda entrega está ambientada en 2006 y el cierre transcurre en la actualidad. Los brutales cambios económicos y sociales del gigante asiático (sobre todo con los gigantescos desarrollos urbanísticos, las privatizaciones y las cada vez más extendidas diferencias de clase) son el contexto en el que veremos a una mujer de una fuerza descomunal para sobreponerse a las mayores adversidades y hacerse un lugar de poder en un universo predominantemente masculino (y machista). Aunque no está a la altura de sus obras maestras, como, por ejemplo, Naturaleza muerta, se trata de otra notable película de un director insoslayable de las últimas dos décadas de cine asiático.

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