"Riesgo Rottemberg": un índice optimista

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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13 de mayo de 2018  

Va siendo hora de acuñar un nuevo índice económico, esta vez relativamente optimista: propongo denominarlo "Riesgo Rottemberg". Explico el porqué: cuando se estaba cocinando a fuego rápido la gran debacle económica de 2001, Carlos Rottemberg tuvo lo que parecía entonces una idea suicida. El conocido productor apostaba en ese contexto tan crítico a ampliarse demoliendo el viejo teatro Blanca Podestá para construir tres salas donde solo había una y rebautizar el flamante complejo con un nombre acorde con esa nueva situación: Multiteatro.

¿Qué tipo de extraña epifanía habría tenido el mencionado empresario para apostar a una actividad que iba a sufrir como ninguna las consecuencias de la traumática salida de la convertibilidad. Aunque el teatro nutre nuestra sensibilidad, nos hace pensar y nos distrae de nuestras preocupaciones cotidianas, es uno de los primeros recortes que hacemos cuando hay que ajustarse el cinturón.

Sin embargo, en vez de construir debajo de la vieja sala más redituables cocheras, en una zona donde son tan demandadas, como Corrientes y Talcahuano, o elevar por encima de ella un edificio de viviendas y oficinas, y sacarle otra jugosa renta, Rottemberg imaginó tres salas, una encima de la otra.

Los frutos no llegaron enseguida: en 2002 debió salir a "exportar" teatro argentino a España para, con los potentes euros recaudados en la taquilla madrileña, sostener su pyme argentina de emociones, risas y talentos. Pero ya a partir de 2003 Multiteatro empezó a tener números positivos. Su triple salto mortal había salido bien.

Al anunciar Rottemberg hace unos meses que haría lo mismo con otro legendario teatro de su propiedad, el Tabarís, es decir que en el mismo predio donde funcionó hasta hace poco esa única sala construiría tres, aun cuando su actividad viene atravesando temporadas más que magras en materia de concurrencia, quienes lo conocemos más nos inquietamos. "Este loco volvió a subirse a contramano por la autopista y se lo van a llevar puesto", pensamos.

Cuando, hace un par de semanas, la economía argentina empezó a descompensarse seriamente, sin embargo, no pareció inmutarse demasiado. Asegura no haberlo tomado por sorpresa. Imaginaba que algo así sucedería, aunque no tan rápido. La construcción sigue adelante y en julio habrá tres nuevos títulos en cartel. "Si hoy hay actores trabajando en tantos escenarios -apunta- es porque alguien, hace 70, 100 o 120 años, los construyó", y acuñó un nuevo eslogan para esta ocasión: "Construir teatros es nuestra obra, para más obras de teatro".

El "Riesgo Rottemberg", en definitiva, deja una enseñanza interesante para los sectores productivos en estos días repentinamente tan inestables: también hay una oportunidad en tiempos de malaria económica. Sembrar, aunque el clima no ayude, permite, al menos, cosechar más adelante. Cruzarse de brazos y solo protestar o afligirse no genera nada en el presente, salvo contribuir a intoxicar el estado de ánimo general, y a futuro tampoco, porque si paramos hoy no habrá nada para disfrutar más adelante aunque las condiciones vayan mejorando, y habremos perdido un precioso tiempo.

Le presento la misma inquietud en Hablemos de otra cosa, mi programa en LN+, al empresario Eduardo Costantini. ¿Cómo hace para seguir creciendo con megaemprendimientos en condiciones tan adversas como las que ofrece la Argentina de las últimas décadas? Apasionado de los deportes náuticos, aplica una metáfora marina: aprovechar lo más posible para avanzar cuando hay viento a favor, en tanto que cuando sopla en contra "hacés más bordes". Coincide con Rottemberg en la importancia de persistir en el tiempo: "Somos inversores crónicos, a 50, 100 años", pero advierte, a propósito del caso Odebrecht: "Cuando no hay controles, siempre hay irregularidades entre el Estado y el sector privado". Y agrega: "El empresario argentino es un sobreviviente; todos somos sobrevivientes de la autoagresión que nos infligimos".

Me tocó el miércoles último hablar durante la cena anual del Foro Regional Rosario, antes unos 300 comensales. Se trata de una ONG transversal donde se entrecruzan empresarios, profesionales de distintas actividades y hasta sindicalistas, que hacen propuestas y monitorean políticas públicas, poniendo especial hincapié en que haya modelos de gestión, cuya eficiencia pueda medirse, en todos los poderes del Estado.

Si hubiese que sintetizar en un solo pensamiento las sensaciones que más se repiten en tan heterogéneo conglomerado es que no están decepcionados por el camino elegido por el gobierno nacional, pero sí que hay preocupación por lo que no se hace y que no habrá forma de salir adelante mientras el Estado se siga endeudando afuera y se mantenga el pesado nivel tributario que asfixia a la economía. Es preciso, advierten, encontrarle una solución a ese crucial dilema.

En Buenos Aires se multiplican las reuniones públicas -como la de los empresarios convocados el viernes a Olivos por el presidente Macri- o más discretas, como el almuerzo que algunos de aquellos compartieron con el presidente de la Corte el martes.

Todo el mundo busca respuestas. Pero por ahora solo hay más preguntas.

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