Todavía hay tiempo de ocuparsede las armas

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
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13 de mayo de 2018  

Cada semana, la realidad entrega un terrible capítulo que sustenta el argumento conocido: el narcomenudeo es el principal problema de seguridad pública en la Argentina. La venta de droga al vecino que la consume es el momento de mayor visibilidad del negocio narco, donde se juntan en un solo lugar la mercancía, las armas y el dinero. Por eso es la zona más peligrosa. Allí es donde se suman las muertes que no se repiten en otra parte de la cadena de tráfico. Rosario es escenario de un nuevo salto criminal con una precoz carrera por el acceso a ametralladoras. En Escobar, a un vendedor minorista, de esos que siempre se dijo que eran los eslabones narco menos interesantes, le dicen Rambo porque protegía su negocio con un fusil de asalto y una decena de cargadores de 7,65 mm. El riesgo es concreto. Si las estadísticas de homicidios en la Argentina no cobran la volatilidad actual del dólar solo se debe a la falta de puntería de los sicarios.

En la Argentina que todavía discute en forma teórica si debe ser excarcelable o no la portación ilegal de armas, los sangrientos vendedores minoristas de drogas aprovechan la parálisis intelectual. La gobernadora María Eugenia Vidal pidió cambios en el Código Penal para evitar el freno impuesto en ese tema por la Suprema Corte bonaerense. Las ejecuciones narco marcan que es tiempo de ocuparse de las armas. Según el brasileño Instituto Igarope, especializado en análisis de delitos, la Argentina tiene una tasa de asesinatos cada cien mil habitantes (6) similar a la de los Estados Unidos (5,3), donde todo ciudadano puede tener las armas que pueda pagar. Es cierto que las cifras aquí son mejores que en Uruguay (7,6), México (20,5), Brasil (27,8) y Honduras (43,6), países que vivieron la consolidación de narcovendedores, un camino que recorre la Argentina alejándose de la sensación de seguridad transmitida por las tasas en Noruega (0,5), España (0,7), Italia (0,8) y Alemania (0,8).

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