La hija de Niní Marshall, en una charla plena de nostalgia

Jorgelina Aruzzi y Angelita conversan en el balcón que da hacia la Plaza Vicente López, lugar de inspiración de la gran Niní
Jorgelina Aruzzi y Angelita conversan en el balcón que da hacia la Plaza Vicente López, lugar de inspiración de la gran Niní Crédito: Rodrigo Mendoza
Jazmín Carbonell
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14 de mayo de 2018  

De fondo, la Plaza Vicente López; ese sitio que, cuenta la leyenda, fue el lugar que le dio la inspiración a Niní Marshall para crear algunos personajes y, sobre todo, para conjugar trabajo con maternidad. Niní fue una adelantada: guionista, actriz, jefa de hogar y querida por todos. Además, dato para nada menor: una capocómica.

Cuentan que Niní se sentaba en uno de los bancos de esa plaza y tomaba notas mientras su única hija, Angelita, jugaba. Qué es cierto y qué es mito porteño sería difícil saberlo, pero poco importa. Lo que se sabe con certeza es que Niní fue una gran observadora de la vida y que eso quedó plasmado en su obra. Personajes que salían de la realidad, otros que eran espejo de su tiempo, modos de hablar que se convirtieron en sello indiscutido y que sirvieron, además, para estudiar los modismos de cada época. A Niní la censuraron, la trataron de malhablada, de todo. Y eso que jamás dijo una mala palabra en escena o frente a la pantalla. Como siempre, con el correr del tiempo, fue objeto de estudio y homenajes. En ese mismo departamento sigue viviendo su hija, Angelita Abregó, encargada de cuidar (con infinito amor y respeto) el legado invaluable que su mamá le dejó.

Angelita avisa que no quiere saber nada con contar anécdotas. Pero ese pedido no durará mucho. Los recuerdos aparecen solos en su memoria, con frescura y naturalidad. Surgen anécdotas graciosas o dulces para iluminar el relato mostrando el costado más humano de aquella inmensa personalidad.

"Recién ahora me doy cuenta de su imaginación frondosa. Para mí era algo natural: una mamá que trabajaba de actriz. Y agradeceré siempre que haya separado su vida privada de su vida pública. Tuve una infancia y una adolescencia normales. Con una mamá genial. Me encantaba que ella vaya a verme al colegio secundario, pero porque para mí era la más linda", dice Angelita.

En esta charla compartida con LA NACION, a su lado está Jorgelina Aruzzi , una de las capocómicas que lograron lo que pocas: respeto y reconocimiento. Lo que las reúne esta tarde es, por supuesto, Niní Marshall.

Aruzzi se sube al escenario del Liceo Comedy -bajo la dirección de Ciro Zorzoli, acompañada en escena por Pablo Marcovsky y Mariano Torre, con la producción de Gustavo Yankelevich- para interpretar a la mítica estrella del humor en Niní en el aire. Menudo trabajo. "Me gusta porque tu mirada es igual a la de mamá", la piropea Angelita.

"Hacen una recreación, no es una imitación", aclara la hija de Niní, que no solo brindó los textos, siendo muy cuidadosa con esa herencia, sino que, además, asistió a ensayos y compartió con Aruzzi conversaciones y consejos acerca de su madre. "Ella era muy celosa de los textos, no quería que los hiciera nadie más. Me acuerdo que una vez vino de viaje Marilú Marini para llevarlos a París y mi mamá decía: 'Pero si no me conoce nadie allá'. Pero Lino Patalano la convenció y fue un éxito".

Esta vez la idea fue de Gustavo Yankelevich. "Yo le propuse incorporar a Zorzoli y juntos empezamos a ver cómo abarcar desde mi cuerpo y mi presente a la gran Niní Marshall porque soy actriz, pero no imitadora. Investigamos, trabajamos con unas cuantas filmaciones que nos dio Gustavo, nos juntamos con Angelita, y llegamos a que los personajes tengan vida. Pero sobre todo quisimos llegar a ella además de como actriz a la gran autora. Porque al leer los textos y ver lo que hace ella con la palabra quedamos impresionados. Y quisimos rendirle homenaje como una gran autora nacional. Cuando ella planteó todo esto la mujer ni siquiera votaba y a ella misma le costaba mucho conseguir que le aceptaran los guiones", cuenta Aruzzi tan entusiasmada y feliz como nerviosa porque la vara con la que trabaja, sabe, es altísima.

Angelita ve en Jorgelina la mirada de su madre; está feliz de que la actriz encarne los legendarios personajes creados por Niní
Angelita ve en Jorgelina la mirada de su madre; está feliz de que la actriz encarne los legendarios personajes creados por Niní Crédito: Rodrigo Mendoza

Angelita tiene 92 años de pura memoria y recuerdo. Con el amor hacia su madre, repasa los momentos más importantes de esa mujer. "Una vez, en Radio El Mundo, mamá estaba en una audición y no le gustaba lo que estaba haciendo. Aún no era conocida y fue a ver al director de la radio para pedir si le permitían escribir su parte. Le dijeron que no, que en la radio no había mujeres humoristas así que mucho menos iban a tener escritoras mujeres. Ella insistió. Era una audición de Francisco Canaro y hacía nada más que dos pequeños sketches. Terminó siendo la audición de Niní Marshall con la orquesta de Francisco Canaro. Que ahora la estén reconociendo como autora me parece fantástico porque era lo que a ella más le importaba".

En un momento, sin dudas, muy importante para la mujer, la figura de esta actriz que pudo conquistar el cariño del gran público, al tiempo que se hacía oír por los productores, cobra gran fuerza. "A mi mamá todo le costó muchísimo, pero, aunque era muy tímida, cuando estaba segura de algo luchaba hasta que lo conseguía. Tenía un gran empuje. Lino Patalano y Elio Marchi estuvieron seis meses para convencerla para hacer Y... se nos fue redepente. Ella no quería tener al público tan cerca y para mí fue lo mejor que hizo en teatro. Ambos la amaban y mi mamá también a ellos. Estaban en el ensayo general y se ve que a ella no le gustaba lo que hacía. Les dijo: "Muchachos, yo los indemnizó pero mañana no debuto". Lino no era tan bien hablado como ella y le respondió: "Niní, vaya a descansar al hotel y venga mañana". El marido de Angelita, que la acompaña desde hace más de cuatro décadas, es parte de ese tesoro de anécdotas y agrega: "En realidad dijo: 'Déjese de joder'".

Niní en el aire hace un repaso por los personajes más emblemáticos de la dama del humor o de la Chaplin con faldas, como la han llamado. Catita, Cándida, Pola, Mónica y algunas más son encarnadas por el histrionismo de Aruzzi. "Los textos son los monólogos de Niní y algunas cosas que agregamos con Ciro para darles unión. Además, están Pablo Marcovsky, que hizo la música, y Mariano Torre. Los personajes van y vienen porque todos quieren estar en la noche mágica", cuenta la comediante que usará cinco sombreros y estará en el escenario yendo y viniendo sin descanso.

Además de todo lo que fue y es Niní, su figura resuena hoy fundamental. "No creo eso de que no hay tantas mujeres comediantes. Al contrario, es que no se les da el espacio -dice Aruzzi-. Es un prejuicio creer que no somos muchas. Hay y muchísimas, pero el reír es un poder que uno, como espectador, tiene que otorgarle al que tiene en frente. Y ese poder pareciera que cuesta más dárselo a una mujer. Además, a la mujer se le exigen ciertos requisitos, incluso estéticos. Si a la gran Niní Marshall le rebotaban algunos guiones imaginemos a una chica que recién comienza. Verónica Llinás, Mónica Cabrera, Alejandra Flechner, y me quedo corta... Y ahora hay un montón de actrices comediantes como Carla Peterson, Griselda Siciliani, Florencia Peña, Nancy Dupláa. En estos tiempos hay más espacio, pero les cuesta entregar el formato de capocómica".

Sin dudas lo que ambas rescatan de Niní y que quieren destacar por encima de todo es el profundo sentido del humor, la gracia como forma de comunicación, de encuentro. "En tiempos tan complicados como los actuales, en los que no se pueden decir muchas cosas, Niní viene a mostrarnos que si es con respeto, con distancia y con el tiempo suficiente, el chiste no está mal. El humor siempre viene a contar algo pero tiene que haber cierta distancia, y el comediante tiene que saber desde qué lugar ideológico está hablando porque el humor es crítica. Siempre", afirma Aruzzi.

Angelita repasa la vida de su madre, mira por la ventana aquella plaza que tanto significó para ambas y recuerda cuando, ya retirada, Niní recibía el afecto de jóvenes estudiantes de actuación. Ella afirmaba: "Hay una cuarta generación que todavía me aguanta". Sin dudas, con esta obra que, aseguran, es para toda la familia, una quinta y sexta seguirán no aguantando, sino disfrutando a esa mujer infinita.

Algunos personajes

  • Cándida, una empleada doméstica gallega.
  • Catita, arquetipo de la inmigración del siglo XX.
  • Mónica Bedoya, la típica mujer de clase alta y superficial

Niní en el aire

Viernes y sábados, a las 20.30; y domingos, a las 19. Liceo Comedy, Rivadavia 1499.

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