Stephen Bruner tocó un disco notable en un show correcto

Un bajo virtuoso, un sonido elegante Crédito: Gza. Pablo Astudillo
14 de mayo de 2018  

Thundercat. Músicos: Stephen Bruner en bajo, Dennis Hamm en teclados y Justin Brown en batería. Función: el viernes, en el Teatro Vorterix. Nuestra opinión: bueno

Hace ya unos años que la escena de jazz de Los Ángeles se ha vuelto más interesante en términos de renovación del lenguaje que la de Nueva York, que conserva sobre todo su estatus comercial y simbólico. De la costa oeste proceden tanto Kamasi Washington, uno de los mayores alquimistas de la música negra actual, como Stephen Bruner, más conocido como Thundercat, cuya primera visita a la Argentina se dio en un gran momento de su carrera: para muchos críticos de diversas partes del mundo, Drunk fue uno de los grandes discos del año pasado, sobre todo por la audacia con la que fusionó diferentes estilos, como jazz contemporáneo con soul, R&B, soft rock, funk y new wave, y la pericia con la que evitó que esa operación derivara en un pastiche indigerible.

En la música de Bruner, repartida hasta hoy en tres discos, se adivina una genealogía: la fusión brumosa y eléctrica en la que trabajaron, en los años 80, predecesores ilustres como Stanley Clarke y George Duke. Thundercat es señalado a menudo como un músico de hip hop, pero lo cierto es que es difícil clasificarlo. Y el espíritu explorador del jazz menos convencional es el que parece animarlo.

El más solicitado

Con apenas 33 años, Bruner ya tiene una foja de colaboraciones notable (Kendrick Lamar, Kamasi Washington, Flying Lotus, Erykah Badu, entre muchos otros) y un discurso deliberadamente abierto en torno de la música: más allá de la natural devoción por sus influencias más evidentes, también ha elogiado públicamente a N.E.R.D. y a Charlotte Gainsbourg, y él mismo ha sido parte de Suicidal Tendencies, piedra angular del crossover trash (trash metal + hardcore).

En su debut en Buenos Aires, Thundercat, de informales pantalones cortos y pelo teñido de un llamativo rosa, se presentó en formato trío (teclados, batería y su imponente bajo de seis cuerdas). Esa ligereza en la vestimenta parece ser el reflejo de lo que siempre ha teñido la personalidad de este artista que ha sabido darle mucho espacio al humor en su propuesta. Y es justamente en los pasajes lúdicos, livianos y orientados a provocar la empatía donde su música fluye con más gracia y groove e invita al baile.

El dominio del instrumento que Bruner hace ostensible con insistencia en el vivo, muchas veces lo carga de solemnidad y ensimismamiento. Pero también, eso es innegable, le permite trabajar con soltura armonías imaginativas y más usuales en la guitarra que en su caso rara vez terminan de resolverse.

Avalado por su virtuosismo (sus líneas de bajo sincopadas son ágiles, pero también tienen densidad), en escena Bruner o, mejor dicho, Thundercat, se entrega intermitentemente a la improvisación y alarga temas cuyas versiones de estudio tienen en muchas ocasiones duraciones tan escuetas como las del punk. Recurre al falsete como herramienta de uso casi permanente y en sus letras habla tanto de las noches de juerga como de la dependencia de las redes sociales y el abuso contra las minorías.

Su estilo, a veces abrumadoramente recargado, remite sin rubores al de Jaco Pastorius, otro dotado que más de una vez se dejó tentar por los excesos.

TEMAS EN ESTA NOTA