Buenas y malas experiencias: el valor de la información

Jimena Gorza y María Inés Crespo, con sus respectivas hijas
Jimena Gorza y María Inés Crespo, con sus respectivas hijas Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Evangelina Bucari
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14 de mayo de 2018  

Tienen historias diferentes, pero con algo en común: después de vivir partos que no fueron exactamente los que esperaban, Jimena Gorza (37) y María Inés Crespo (30) buscaron alternativas para tener a sus hijas menores como ellas deseaban.

Jimena es mamá de León (11), Fidel (8), Tupac (4) y Petra (8 meses). Cuando nacieron los dos primeros no sabía qué era un parto respetado. "No tuve un maltrato ni choqué con el equipo médico", recuerda. "Básicamente, yo era una buena paciente, no cuestioné, no me quejé, no indagué sobre lo que me hacían", reflexiona.

El suyo fue un comportamiento que suelen tener muchas mujeres y que se vincula al estereotipo construido alrededor del parto, ligado al sacrificio y al dolor.

"Con León fui a un control y me dijeron que al otro día me internara. Yo no tenía trabajo de parto ni nada. Me lo indujeron y me dieron epidural", cuenta Jimena.

Cuando tuvo a su segundo bebé, los médicos confundieron el nombre del recién nacido y para ella fue "como una puñalada". "Sentí que era un trámite para ellos", dice.

Por eso, cuando el año pasado iba a nacer Petra, investigó, porque quería algo distinto. Había escuchado hablar del parto humanizado en casa y se decidió, asesorada por el equipo de Así Deseo Parir. "Fue una experiencia hermosa. Luego de que nació, me acomodaron en el sillón, con Petra arriba mío, y vinieron de a uno los hermanos a medida que se despertaban".

María Inés, en cambio, tiene dos hijos: Joaquín (4) y Gala (7 meses). Al igual que Jimena, pasó por dos experiencias muy distintas. Con Joaquín tuvo un parto rápido. "Me rompieron bolsa y me aceleraron el proceso con medicación -relata-. Parí acostada, superincómoda". Además, le realizaron una episiotomía muy grande que le generó varios inconvenientes. "Tardaron en coserme y yo sentía que me iba a morir", describe. Se le hizo un hematoma y tuvieron que intervenirla.

Por eso, cuando llegó el embarazo de Gala, buscó que las cosas fueran diferentes. "No quería que le realizaran ciertas prácticas al bebé -a menos que fuera completamente necesario- ni que lo separaran de mí, pedí que mi pareja me acompañara y no quería parir acostada", repasa María Inés.

Armó un plan de parto y lo presentó en una conocida clínica privada. Como no logró que lo aprobaran, optó por el parto en su casa. Hoy cree que "lo mejor fue poder elegir cómo, dónde y de qué manera deseaba parir". Desde su experiencia, "eso es lo que debería poder hacer cualquier mujer".

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