Guillermo Barros Schelotto: irritante como jugador e irritante como DT

Francisco Schiavo
Francisco Schiavo LA NACION
Guillermo Barros Schelotto
Guillermo Barros Schelotto Fuente: AFP
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13 de mayo de 2018  • 23:59

Guillermo Barros Schelotto siempre fue así: irritante. Siempre. Dejó una gran imagen como jugador; por momentos, indescifrable por el costado derecho. Pero también pendenciero y... urticante. Nunca estaba conforme con nada. Se movía al filo del reglamento para sacar de quicio a los rivales y a los árbitros. Si en los superclásicos habrá tenido duelos, por ejemplo, con Hernán Díaz. Esa actitud para los de Boca, o antes para los de Gimnasia, era picardía, potrero. Esos mismos gestos, para el resto del fútbol, eran provocación pura. Guillermo Barros Schelotto siempre fue así.

Ahora la proyección lo lleva a sus tiempos como entrenador. Se equivocan aquellos que piensan que, porque está en Boca, tiene más ínfulas. En Lanús, en el club en el que debutó con el buzo, fue exactamente igual. Le inculcó al plantel que luego marcaría la historia con Jorge Almirón aquellas "ganas de ganar". Siempre. Hizo que los granates no se sintieran menos que nadie en ningún lugar. Claro que también dejó un sinfín de reclamos. Todavía se recuerdan sus palabras contra el árbitro Diego Ceballos, después de un 2-2 justo contra Boca, en el que pidió que el juez no dirigiera más a Lanús porque "lo predisponía mal". El club del Sur luchaba por el título local y, a la vez, había llegado a la final de la Copa Sudamericana 2013 que terminaría en sus vitrinas.

Aunque el pasado siempre ayuda a entender las cosas, sobre todo los estados de ánimo, a partir de ahora lo más importante será el presente y, sobre todo, el futuro.

Barros Schelotto estalló contra el árbitro Fernando Rapallini después del empate 3-3 con Huracán. Había rencor desde antes, más allá de la discusión que Fernando Gago había tenido con el juez y que luego trascendería por los medios. Rapallini había sido el cuarto árbitro cuando Boca perdió con River 2-0 por la Supercopa, en Mendoza. Ese día, el 14 de marzo de 2018, a los xeneizes les cobraron un controvertido penal en contra, por una presunta infracción del colombiano Edwin Cardona a Ignacio Fernández. El árbitro fue Patricio Loustau, pero... Rapallini estuvo a un costado y cargó con toda la bronca de Guillermo. También con la de Gustavo. Es evidente que había algo pendiente entre ellos.

El problema es cuáles son los límites. ¿Cuáles? ¿Está bien ponerse cara a cara con un árbitro? No. ¿Es correcto que el juez responda? Tampoco. ¿Y los gestos? ¿La mano en la nuca? ¿La caricia sobradora? ¿Las sonrisas cruzadas? ¿El "tomátelas" del árbitro? Nada. Si la Superliga comandada por Mariano Elizondo está tan atenta a la imagen que da, y si estuvo a punto de suspender a varios jugadores por declaraciones contra los árbitros, ¿qué hará en este caso? De ninguna manera podría mirar hacia un costado. ¿Podrá? Tal vez.

Desde las declaraciones están todos contra todos. En Radio Mitre, Daniel Angelici, aseguró: "Vamos a llevar el tema Rapallini a la AFA". Si hasta Carlos Tevez opinó sobre el duelo entre Barros Schelotto y Rapallini. "Hay heridas que no cierran, no cicatrizan y puede pasar lo que pasó". En el medio quedaron las acusaciones de Fernando Gago, que dijo que el árbitro les tomaba el pelo. Y para el final el mismo Rapallini: "Jamás les falté el respeto a los jugadores de Boca". El resto fue muy confuso, salvo para aquellos especialistas en la lectura de labios, según las imágenes que muestra la TV.

Da la sensación de que Guillermo Barros Schelotto nunca pudo superar la final perdida con River. En otro momento, cuando le preguntaron por un penal a favor de Real Madrid contra Juventus, por la Champions League, dijo que no había sido... "Como tampoco fue el otro", en referencia al de River contra Boca. El Mellizo no pudo relajarse pese a haber sido campeón de la Superliga. En parte por lo que pasó frente a los millonarios. Pero también por lo que vendrá esta semana, en la que Boca definirá su suerte en la Copa Libertadores. Porque, valga la aclaración, si los xeneizes no se clasifican para los octavos de final, de casi nada les habrá servido haberse consagrado en el campeonato local.

Aquel que conoce a Guillermo Barros Schelotto sabe que él siempre piensa que pudo haber hecho algo mejor de lo que hizo. Y, como DT de Boca, se siente en deuda por haber perdido en las semifinales de la Libertadores 2016 con Independiente del Valle.

Boca se jugará mucho más de lo que muchos creen en la última fecha de la etapa de grupos de la Copa Libertadores. Una eliminación significaría el dolor más profundo para un equipo que se está preparando para este desafío desde hace casi un año y medio. Y ni que hablar para Guillermo Barros Schelotto, que en su calendario tacha día tras día para tener un desquite en el torneo que desvela a los xeneizes. Porque, a no dudarlo, el DT sólo se sentirá campeón argentino una vez que pase de rueda en la Copa que todos quieren ganar.

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