Falleció el artista Adolfo Nigro

Adolfo Nigro en su taller
Adolfo Nigro en su taller Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Daniel Gigena
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14 de mayo de 2018  • 15:00

Una triste noticia para la cultura argentina se conoció hoy: murió en Buenos Aires el artista Adolfo Nigro, a los 75 años, tras una larga enfermedad por la cual debió ser internado. Sus restos serán velados mañana en una ceremonia íntima, en compañía de sus cuatro hijos: Trilce, Joaquín, Inés y Violeta. Sus familiares lo recuerdan como "un padre adorable, una persona maravillosa y generosa", además de "un gran artista, involucrado con los derechos humanos y las causas sociales".

"Ya no me hago más preguntas. Yo trabajo. Me levanto y arranco a trabajar", había dicho en 2014, en una nota publicada por LA NACION, tras una larga carrera que le dejó varios premios. Entre otros galardones, obtuvo el segundo premio del LXXVI Salón Nacional de Artes Plásticas 1988, el gran premio de honor del LXXVIII Salón Nacional de Artes Plásticas 1989 y, en 1994, el premio Trabucco.

Nigro había nacido el 22 de septiembre de 1942, en Rosario. Se mudó a Buenos Aires en la década de 1950; en esta ciudad estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano y en la Escuela Superior de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Tuvo como maestros destacados a Aurelio Macchi, Diana Chalukián, Héctor Nieto, Antonio Pujía y el gran Víctor Magariños, que lo hizo conocer la pintura moderna.

Adolfo Nigro en su taller
Adolfo Nigro en su taller Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Las primeras pinturas de Nigro se remontan a fines de la década de 1950. En óleo y témpera, se superponían distintos planteos, que iban de la figuración realista a un entramado de líneas y manchas. Su producción se caracterizó por una percepción singular del mundo real y una dúctil combinatoria de los fragmentos en consumadas obras similares a tapices.

En 1966 se instaló en Montevideo. Allí realizó su primera exposición individual en la Galería U, junto con el pintor argentino Ernesto Drangosch, e inició un período de formación en el taller de Joaquín Torres García con el pintor José Gurvich. "Fueron horas de intensa labor en el taller del Cerro, una práctica del arte cotidiana. Nos hizo comprender que juego creador e invención van juntos, que libertad y disciplina se complementan, que vida y arte son una misma cosa", declaró Nigro. A partir de entonces, comenzó a trabajar con diferentes materiales: pintura, dibujos, collages, cerámica y textiles.

Adolfo Nigro
Adolfo Nigro Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Sus pinturas al óleo, de a poco, asumieron un imaginario fantástico. Suerte de Marc Chagall rioplatense, combinó las enseñanzas recibidas en una perspectiva original que entrecruzaba el constructivismo con el arte precolombino. A partir de 1976 impulsó una obra personal, definida por una zona particular, el Río de la Plata, y un elemento, el agua.

"Desarrollo una iconografía integrada por peces, raíces, víboras, caracoles, plantas, ritmos de la arena, movimiento de las olas, los frutos de la costa, la gente del río y sus herramientas de trabajo: redes, barcas, cañas, faroles, baldes, los sueños del pescador, el día y la noche, el tiempo que pasa, los puertos, los caseríos de la costa", contó el artista. Varios libros reúnen obras de distintos períodos de su trabajo. Su obra acompañó textos de varias escritoras, como María Lanese, Florencia Abbate y Laura Haimovichi.

Adolfo Nigro en su taller
Adolfo Nigro en su taller Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Al finalizar la década de 1990, bajo el influjo de la lectura de la obra de Gaston Bachelard, abordó en su obra otros elementos: el aire, el agua y la tierra, e incorporó a sus collages objetos de uso cotidiano. Hizo exposiciones en Montevideo, Santiago de Chile, Buenos Aires, La Plata, Rosario, Madrid, La Habana, Ciudad de México, Nueva York y Miami.

Una vez declaró que pintaba para recuperar lo perdido: la infancia en Rosario, su juventud en Montevideo y sus inicios como artista en Buenos Aires. Los colores de su paleta le recordaban los cielos que había observado con tanta atención en busca de nuevos matices y fulgores.

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