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Bienestar

Madre y abuela por elección, una historia de amor incondicional

Alejandro Gorenstein
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15 de mayo de 2018  • 00:42

Al ingresar a la casa de "Maly" lo primero que se observa es un cuadro que cuelga de la puerta de entrada con la inscripción "Ríe mucho. Vive simple. Da gracias". Enseguida, aparece Sheila (6) con su uniforme del colegio y, tímidamente, ensaya unas verticales apoyando sus pies en el sillón, ante la mirada de una compañerita que vino a jugar con ella. En medio de la charla, se escucha el ruido de las llaves abriendo la puerta. Son cerca de las 20, la que ingresa con una sonrisa es Cinthia (23), que luego de darle un beso a su hija se sienta en una silla para escuchar muy atentamente la conversación.

"Maly" es Malvina Menin (58), una mujer con un corazón enorme que el año pasado se jubiló como vicedirectora de un jardín en el barrio de Belgrano. Desde hacía unos años se había acercado a Ieladeinu, una ONG de la comunidad judía que cuida a menores que perdieron definitiva o temporalmente a su familia de origen, para ofrecerse voluntariamente para poder tener a alguno de esos chicos en la figura de familia de acogimiento a corto plazo. Sin embargo, a mediados del 2011 recibió un llamado de esa institución que la dejó sorprendida:

  • Cinthia está embarazada, estamos buscándole familia. Vos querés llevártela a tu casa -le preguntó por teléfono una empleada del lugar.
  • Mirá, en este momento no puedo, no tengo armada la infraestructura para vivir con otra adolescente y con su futura bebé -le respondió "Maly".

Más allá de esa respuesta negativa, todos los meses "Maly" tomaba contacto con Ieladeinu para interiorizarse sobre la situación de Cinthia. Quería saber si había conseguido o no una familia.

Hacía muchos años que "Maly" se había divorciado y vivía junto a David, su único hijo, que hoy tiene 29. "Si mi hijo estuviera viviendo solo, ya me la hubiera traído conmigo. Sabía que Cinthia había vivido en el hogar con otros hermanos, en algún momento uno de los hermanos había estado en tres momentos diferentes viviendo en mi casa en situaciones puntuales de unos días o unas semanas. Ella estaba estudiando en la escuela Talpiot, sabía que era una adolescente rebelde y no conocía demasiado de sus padres biológicos", recuerda "Maly".

  • Andá a vivir con Cinthia a mi casa -le propuso una de sus mejores amigas.
  • ¿Estás segura? -le preguntó "Maly".

Para ese entonces, David ya estaba pensando en independizarse cuando su mamá le comentó sobre este nuevo proyecto.

  • Me gustaría contar con tu acompañamiento -le dijo "Maly".
  • Mami: si es tu sueño, yo te ayudo y lo hacemos juntos -le respondió David.

Una nueva familia

Antes de irse a vivir con Cinthia al departamento de su amiga, "Maly" tuvo seis encuentros con ella para comenzar un proceso de vinculación. "Una vez fuimos a tomar una helado, otro día la acompañé a hacerse un control por el embarazo y como ella tenía que preparar contabilidad yo me sentaba y le explicaba. Hubo una cuestión de piel, enseguida empecé a quererla y a aceptarla como era".

El 18 de febrero del 2012 "Maly" armó su valija y se mudó a la casa de su amiga junto a Cinthia que estaba a menos de dos meses de dar a luz a Sheila. "El vínculo entre nosotras se dio muy naturalmente, no siempre fue todo color de rosa, si ella no pensaba lo mismo había enojos, pero yo siempre tuve claro que más allá de todo eso pensaba que el amor todo lo curaba. Yo le iba a seguir demostrando todo mi amor, podíamos estar enojadas unos días y después se nos iba a pasar. Más adelante las cosas se fueron acomodando y fuimos armando esto que es una familia. Al principio, le dije que era hasta que terminara la secundaria, pero ella no estudiaba porque no quería irse de casa", sonríe "Maly".

Amor incondicional

Pese a que no es muy expresiva, Cinthia está muy agradecida y contenta por el nuevo hogar que le tocó. "Tengo un carácter fuerte desde chiquita y no soy muy demostrativa (salvo con su hija), tengo como una pared donde pongo un límite. Pero amo estar acá, con ´Maly´ aprendí mucho el tema de poder ser más libre y salir sola a la calle ya que antes era muy miedosa por algunas cosas que había vivido en mi casa. No le digo mamá no porque no lo sienta, sino porque soy dura y me cuesta. Pero, por ejemplo, a algún novio que tuve para no darle tanta explicación le dije que ´Maly´ era mi mamá, eso se lo conté a ella y se puso muy contenta", cuenta Cinthia.

Más allá de que, como ella misma dice, no suele ser muy demostrativa le resulta más fácil expresar su amor a "Maly" por escrito, como suele hacerlo en algunas publicaciones que subió a Facebook durante las últimas semanas. "Sos la única persona que quiero en mi vida y no importa si no salgo con amigos o me quedo sin amigas la verdad que con vos y Maly ya estoy completa ". "Ayer pasamos una hermosa noche acompañándote en algo muy importante para vos, fue hermoso y espero seguir pasando momentos así con vos. Te queremos mucho y lo único que queremos es que seas feliz siempre. Sheila te ama, yo te amo y tu hijo también y amo estar en tu hermosa familia", le escribió en el muro de ella con emojis de corazones y caras felices.

Esta última publicación corresponde al 13 de marzo de este año, un día después de que "Maly" haya sido galardonada, junto a otras 9 mujeres, sobre un total de 65 nominadas, al premio "Mujer Increíble" entregado por la institución Beit Jana, por su historia de amor con Cinthia y Sheila. "Me sentí muy feliz por el reconocimiento de toda la gente que me quiere y que me acompaña, especialmente por los padres y por mis compañeras de la institución donde trabajaba. Yo lo hago porque me nace, porque lo siento pero a veces me cuesta ver el impacto que genera en los otros. Ojalá que estas cosas sirvan para poder motivar a otras familias para que se animen y puedan acoger a estos chicos que tanto lo necesitan".

Emocionada, "Maly" cuenta que lo primero que le enseñó a Cinthia es el amor incondicional y que por más que en algún momento puedan tener alguna diferencia, ella siempre va a estar para todo lo que necesite. "Quizás ella se enoja y no nos hablamos por dos días pero yo me levanto a la mañana y le hago el café con leche igual y eso no va a cambiar. Trato de brindarle mi experiencia de lo que es lo mejor para criar un hijo, herramientas para poder manejarse sola, le enseñé a cocinar. Al principio no sabía prender un fósforo ni hacer fideos ni hervir huevos. A Cinthia hay que encontrarla y conocerla para ver cómo te transmite su cariño, si bien no nos llamamos como madre e hija, ella ocupa en mi vida el lugar de hija, yo elijo esto y lo volvería a elegir".

Una abuela muy presente, cómplice y compinche

Como "Maly" se desempeñó durante muchos años como maestra jardinera, su aporte para la crianza de Sheila iba a ser fundamental, ayudando y apoyando a Cinthia que tan solo tenía 17 años cuando fue mamá. "Era un poquito abuela y mamá de las dos. Si bien enseguida Cinthia la amamantó, al principio la bañábamos juntas, era enseñarle algunas cosas como, por ejemplo, cuando había que hablarle, si dejarla llorar o no, mi lugar fue de acompañamiento y cuando Cinthia estudiaba me quedaba con la gorda".

"Maly" cuenta, orgullosa, que toda su familia y sus amigas, desde un principio, la apoyaron y aceptaron a las integrantes de su nueva familia. "Sheila me puede todo, es maravillosa la relación que tenemos, es muy compradora y seductora, cuando la veo tan feliz y con tantas posibilidades de vida es lo más. Me pone muy contenta que el vínculo entre ellas va creciendo y cada día es más amoroso. Comparto mucho tiempo con Sheila porque Cinthia trabaja todo el día y hasta el año pasado iba al mismo jardín donde yo trabajaba. Jugamos, cantamos, bailamos, me muestra cosas que aprende en el colegio y en los talleres. A veces me ayuda a cocinar, hay días que la bañaba y otros días la esperaba a Cinthia, cenamos juntas y se va a dormir generalmente con la mamá pero a veces pide que yo le lea un cuento. Ahora que empezó la primaria, Cinthia la lleva al colegio, pero le pidió que, al menos, yo la lleve una vez por semana".

"Sheila la ama, no puede vivir sin ´Maly´, si un día no está en casa se pone a llorar y a preguntar dónde está ella. Tienen una relación hermosa, la mima un montón. La volvería a elegir como abuela", agrega Cinthia.

"Maly" desea que Cinthia pueda conseguir un mejor trabajo y que en algún momento pueda independizarse y así poder alquilar un departamento. Aunque, aclara, que ya acordaron que cuando llegue ese momento se van a mudar "cerquita" de su casa. "Ellas saben que siempre voy a ser la mamá y la abuela. Para mí, fue un sueño cumplido. Fue algo que siempre quise hacer. Siempre estuvo en mí esa beta solidaria que no la había podido realizar".

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