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Erotismo griego

RECUERDA CUERPO... Por Konstantino Kavafis (Corregidor)-125 páginas-($ 14)
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23 de septiembre de 1998  

KONSTANTINO KAVAFIS nació en 1863, en el seno de la comunidad griega que poblaba la entonces multicultural ciudad de Alejandría; allí también pasó la mayor parte de su vida y murió, en 1933. Sin publicar en vida un solo libro, fue el fundador de la poesía griega moderna y un poeta literalmente extraordinario.

A los lectores argentinos de poesía se nos debía una traducción de sus poemas hecha en el país. No por vanos nacionalismos, sino por la particular sensibilidad sonora que requiere el verso, mucho más aún que la prosa, a tal punto que, ante ciertas traducciones, suele hacer falta imaginación para sospechar buena parte de la poesía perdida en el traspaso.

Hasta ahora sólo había traducciones argentinas de algunos poemas de Kavafis en antologías o revistas. Si bien Recuerda cuerpo... no contiene toda su obra poética, los cuarenta y cinco poemas que reúne conforman un número importante.

Anghelidis ha seleccionado, según reza el subtítulo, la "poesía erótica". Aclara en el prólogo que se trata de una clasificación tomada de los críticos. Como suele suceder con ese tipo de rótulos, tal designación resulta medianamente ilustrativa, pero deja fuera poemas asimilables, incluye otros que se resisten bastante a pertenecer a la categoría y dice poco, finalmente, sobre el conjunto abarcado.

Kavafis fue un aristócrata de la delicadeza. Supo amalgamar en su poesía a Aquiles con el empleado de tienda, a la lengua de Homero con la de la calle. Y lo hizo con una naturalidad de la que difícilmente pueda dar cuenta una traducción. Una naturalidad que no podremos fácilmente percibir del todo, si no estamos suficientemente familiarizados con el griego actual, con el de Homero, con el del período alejandrino (al que Kavafis era particularmente aficionado) y con el bizantino. En ese sentido, Anghelidis, con cierta sabiduría, prefiere no incluir los poemas en que aquella mezcla es más fuerte. El resultado es, pues, de una naturalidad que hace honor a Kavafis, y la colaboración del poeta García Sabal habrá tenido su parte en ese logro.

El título, tomado de un poema, hace honor también a la esencia de estos bellísimos textos que, en su mayoría, no tratan de hechos sino de las huellas que las sensaciones han dejado en la sensibilidad y en la imaginación: el hecho es allí el hecho creativo.

Con todo, el orden cronológico de la selección (excepto, extrañamente, el último poema) permite observar cómo de un ambiguo neutro se va pasando a la explicitación cada vez más clara del carácter homosexual en el trasfondo anecdótico. Pero Kavafis no habla de homosexualidad, ni siquiera de erotismo, sino de la belleza y la fugacidad, de la vida y la muerte. Es decir, de la poesía.

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