Domenico Nordio y Orazio Sciortino: extraordinaria musicalidad en un programa heterogéneo

Nordio y Sciortino, impecables
Nordio y Sciortino, impecables Crédito: Enrico Fantoni
Virginia Chacon Dorr
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16 de mayo de 2018  

Concierto de violín y piano / Domenico Nordio y Orazio Sciortino / Obras de: Beethoven, Vivaldi/Respighi, Prokofiev, Ravel / Nuova Harmonia en el Teatro Coliseo / Miércoles 10 de mayo, a las 20.30 / Nuestra opinión: muy bueno

La música de cámara tiene el potencial de generar la más intensa intimidad entre el intérprete, los oyentes, y la música. En el concierto propuesto por Nuova Harmonia, la actuación de Domenico Nordio y Orazio Sciortino logró ese vínculo con creces, a fuerza de una extraordinaria musicalidad.

Las capacidades técnicas de Nordio unidas a las características de su violín (de una calidad notable) hicieron que en todo momento el sonido sea potente y brillante. Por su parte el trabajo de Sciortino al piano fue prolijo y profundamente sensible a las demandas interpretativas de su compañero. Ambos llevaron adelante un programa que explora el virtuosismo y el lirismo en partes iguales. Estas características se consolidaron desde el principio con la ejecución de la Sonata Kreutzer, obra de Beethoven que abrió la noche. En ella los músicos lograron poner en eje su capacidad de elaborar secciones contrastantes con gran cuidado en los detalles, logrando una coherencia discursiva que les permitió proyectar imponentes momentos de clímax. Lo mismo ocurrió con las Cinco melodías de Prokofiev, en las que el violinista trabajó el pizzicato y los armónicos explorando los límites sonoros de su instrumento.

Con la sonata en re mayor RV 10 de Vivaldi (con arreglo de Respighi) y la pieza Tzigane de Ravel, se hizo patente la versatilidad de los intérpretes para impregnar a las obras de sus características estilísticas propias: en la sonata fue particularmente notoria la precisa fluctuación de tempi, que dio aire y cohesión al fraseo barroco; en la pieza de Ravel las inflexiones y glissandi -sumado al ya destacado virtuosismo- del violín dieron el color característico de una improvisación gitana.

El lirismo se hizo evidente en las dos obras fuera de programa que ofrecieron los músicos ante el reconocimiento del público: la gavota con variaciones, de la suite Pulcinella, de Stravinsky; y Liebesleid, de Kreisler.

Nuova Harmonia presentó un programa heterogéneo y robusto, que Nordio y Sciortino ejecutaron de manera impecable. Por este motivo una impresión se arrebataba insistentemente durante la noche: "¡Esto es música de cámara!".

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