Franco Armani, el ferviente seguidor de Dios que suma adhesiones y comienza a imaginarse en Rusia

Franco Armani, en el colegio donde cursó la primaria en Casilda
Franco Armani, en el colegio donde cursó la primaria en Casilda
Gustavo Yarroch
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15 de mayo de 2018  • 23:59

En julio de 2012, Franco Armani sufrió una rotura de ligamentos cruzados. Atajaba en Nacional de Medellín , donde no se sentía cómodo porque era suplente de Gastón Pezzutti, otro argentino. Una iglesia evangélica se convirtió en su refugio, al punto de que se convirtió en un ferviente seguidor de Dios. El fútbol le daba entonces más preocupaciones y desencantos que alegrías. En la iglesia, alguien le sugirió que fuera a visitar a un canalizador de ángeles de Medellín para que hablara con algún familiar muerto. De ese modo entró en contacto con su abuela muerta, quien le vaticinó que en no demasiado tiempo todo cambiaría para él en el fútbol. Que a partir de los 28 o 29 años, la gloria deportiva llegaría a su vida. Creyente como se había vuelto, se fue del lugar esperanzado. Y ese futuro venturoso ya llegó hace rato para él. En los últimos años lo abrazó un torrente exitoso: ganó trece títulos con Atlético Nacional, incluida la Copa Libertadores 2016; cumplió su sueño de jugar en River , el equipo del que es hincha y en el que ya es figura en menos de cinco meses; y está a un paso de ir al Mundial de Rusia : Jorge Sampaoli ya lo incluyó en la lista preliminar de 35 y el lunes tiene pensado anunciarlo en la definitiva de 23.

Armani parece sentirse a gusto con su condición de arquero-estrella del fútbol argentino. Lejos de sentir presión ante la firme posibilidad de ir al Mundial, ofrece en cada partido la sensación de que anotarle un gol a River se volvió una tarea compleja para sus rivales. Por lo pronto, en los últimos diez encuentros que jugó le convirtieron uno solo: ante Emelec, por la Copa Libertadores, cuando Ayrton Preciado le cortó en el Monumental una racha de 620 minutos sin recibir goles. Pese a la victoria 2 a 1 sobre el equipo ecuatoriano, aquella noche se fue con bronca del Monumental: quedó a 149 minutos del récord que Amadeo Carrizo había conseguido en River en 1968.

En paralelo, los hinchas de River se sienten entre confiados y orgullosos por el arquero que hizo olvidar los errores y las dudas que le costaron el puesto primero a Augusto Batalla (a préstamo en Atlético Tucumán) y luego a Germán Lux, hoy suplente junto a Enrique Bologna.

Armani terminó con su valla invicta en 12 de los 20 partidos que lleva jugados en River. "Es un monstruo, pareciera que no hay manera de entrarle cuando lo encaras", lo elogió Gabriel Gudiño, mediocampista de San Lorenzo que sufrió el gran momento del arquero en un mano a mano, luego de la victoria de River por 2 a 0 en el cierre de la Superliga.

"Ponelo a Armani si queres salir campeón", atronó el Monumental en dos oportunidades durante el segundo tiempo del clásico ante San Lorenzo, en un mensaje de las 45 mil personas para Sampaoli. "Para Armani, la Selección", lo habían recibido los hinchas de River cuando el equipo ingresó en el Monumental. A decir verdad, el clamor popular por la presencia del arquero de 31 años en el Mundial excede al público de River: en las redes sociales y en encuestas que realizan distintos medios, simpatizantes de todos los equipos lo piden incluso como titular en el debut mundialista de la Argentina, el sábado 16 de junio ante Islandia.

Franco Armani en el último partido de la Superliga ante San Lorenzo
Franco Armani en el último partido de la Superliga ante San Lorenzo Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

El presente halagüeño de River, que le ganó a Boca el partido del semestre en la Supercopa Argentina, que marcha primero en su grupo y ya se clasificó para los octavos de final de la Copa Libertadores y que cerró la Superliga obteniendo 25 de los últimos 27 puntos, tiene de alguna manera el sello saliente de su arquero. En un plantel con muchos futbolistas de jerarquía como Jonatan Maidana, Javier Pinola, Enzo Pérez, Leonardo Ponzio, Gonzalo Martínez, Lucas Pratto e Ignacio Scocco, Armani se transformó en la individualidad más relevante de la primera mitad del año. No hubo un partido en el que al menos una atajada suya despertara la admiración de propios y extraños, más allá de que su condición de gigante -en el sentido literal de la palabra- cobró un protagonismo muy especial en el mano a mano que River le ganó a Boca 2 a 0 en Mendoza.

Pese a que en sus siete años en Atlético Nacional de Medellín se convirtió en ídolo absoluto de ese club a fuerza de atajadas espectaculares y títulos, a Armani le bastaron menos de cinco meses y una vuelta olímpica en la Argentina para ser convocado al seleccionado por primera vez en su carrera.

Ahora, el arquero de Casilda quiere afianzar y potenciar ese crecimiento silencioso que arrancó en las divisiones inferiores de Central Córdoba de Rosario, siguió en Estudiantes de La Plata, Ferro, Deportivo Merlo, luego en Colombia y ahora en River. Respaldado por sus manos firmes y sus reflejos de felino, y abrazado a aquellas palabras que le hicieron llegar de esa abuela que tanto extraña, Armani comienza a intuir que el Mundial de Rusia será una certeza para él.

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