Francia le regala guiños a Simeone

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
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16 de mayo de 2018  • 08:00

Esa repulsión por la intrascendencia es el combustible de Simeone. En las prácticas no hay excusas. Cuando un jugador se ata los cordones o se acomoda la vincha, él se irrita. Cuando lee que el cuerpo del futbolista está en otra cosa, él se irrita. Cuando un jugador vuelve de la pretemporada con dos quilos de más, Simeone se irrita. Le explicará que el sobrepeso a lo largo de los años daña las rodillas y acorta las carreras. Hay un fin didáctico, pero también lo hace porque no quiere que nada se entrometa con su obsesión: ganar.

No hubo derrota que golpeara más a Simeone, en su vida, que la Champions que se le escapó contra Real Madrid. La segunda, la de 2016, en Milán, por penales. "Ya sabés lo que hay cuando te toca perder y cuando te toca ganar. Es una final y la palabra lo dice", me cuenta por estos días. Acostumbrado al papel del menesteroso sin obligaciones, desde que se quedó afuera de esta Champions, Simeone apuntó a la Europa League y se afiló sus colmillos. ¿Qué ya la ganó apenas llegó al club? Simeone quiere ganar siempre, y no gana nada desde 2014. Eso lo atormenta.

"A mí no me conforma nada. No me conforma ser solo tercero, más allá de que sé que es un objetivo prioritario para el club porque participamos en un torneo en el que juegan Barcelona y Real Madrid, los mejores del mundo en la última década", me aclaraba en enero. Esta vez no será tercero, el segundo lugar de la Liga es suyo. No sirve de nada, o sí: confirma una muletilla que irónicamente llena de orgullo a Simeone: "Atlético es un equipo de mierda. Te hace jugar mal, te lleva a jugar a lo que vos no querés".

Si Atlético de Madrid buscará el séptimo título internacional en una ciudad que no le trae buenas sensaciones -en 1986 perdió la final de la Recopa europea ante Dinamo de Kiev-, a Simeone los recuerdos sí lo entusiasman. Otra vez aparece la figura del héroe sobreprotector. Memorioso, es capaz de reconstruir hasta el último detalle de un partido entre cientos cuando su archivo mental retrocede dos décadas para revivir un 3-1 con Inter ante Lyon. La primera copa europea que alzó en su trayectoria fue en... Francia: la vieja UEFA, en 1998, con el Inter de Ronaldo. La primera vez que llevó la cinta de capitán del seleccionado en un Mundial fue en. Francia 1998. El futuro profesional de Simeone podría estar en. ¿Francia? Si lo deseara, ya hubiera ocurrido cuando el presidente del PSG, el qatarí Nasser Al Khelaifi, le ofreció una montaña de euros el año pasado. Pero no le hablen del futuro, él no le quita la vista al día. "En el fútbol siempre importa lo último que hacés. Y las finales no las elegimos, están para ganarlas", martilla Simeone, desafiante desde su universo épico.

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