Millonarios-Independiente, Copa Libertadores: el Rojo se trajo un empate que lo acerca a los octavos

Copa Libertadores Round
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Millonarios

Millonarios

  • Andrés Cadavid
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Independiente

Independiente

  • Emanuel Gigliotti
Rodolfo Chisleanschi
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17 de mayo de 2018  • 21:30

Independiente se convirtió en un equipo polifacético. A veces, de vez en cuando, es un prodigio de fútbol ofensivo y atractivo. Otras, del mismo modo, ha aprendido a aferrarse al pragmatismo de renunciar a la pelota y apretarse para resistir contra su área. Esta vez, con la calculadora en la mano y sabiendo que todo lo que fuese no perder lo dejaba muy cerca de la clasificación, eligió el camino del aguante.

Y aunque sufrió le salió bien. El 1-1 final le permite afrontar la última fecha sabiendo que una victoria en Avellaneda contra Lara lo depositará en octavos de final.

"Confiamos en sacar un buen resultado", había dicho el técnico Holan apenas pisar Colombia. "Tenemos que manejar los tiempos", previno el capitán Martín Campaña, con los 2.600 metros de altitud de Bogotá como fondo ineludible cuando se juega en lugares adonde el oxígeno tiende a escasear.

Que el planteo del Rojo iba a ser muy diferente al que presentó hace un par de semanas ante Corinthians quedó reflejado desde el primer giro de la pelota. Si en San Pablo el equipo de Avellaneda salió a presionar bien arriba, sorprendiendo y atorando a su rival, en El Campín tardó exactamente cuatro minutos en cruzar por primera vez la mitad de la cancha, y uno más en encadenar tres pasos seguidos.

Es cierto que sus dificultades tuvieron mucho que ver con el empuje inicial de Millonarios -lanzó tres corners en ese lapso, sin crear ningún peligro- pero fue una muestra evidente de lo que ocurriría de ahí en adelante.

El local tendría el poder de la pelota y el territorio, pero exponiendo en cada jugada una llamativa falta de creatividad en ataque. Independiente se agruparía en su campo, mostrando disciplina en el retroceso de los volantes externos para ayudar a los laterales, firmeza en Franco (sobre todo) y Amorebieta para rechazar los centros laterales, y se quedaría a la espera de un teórico contraataque que su propio plan de juego, tan retrasado, le impidió concretar durante buena parte del encuentro.

Sin Maxi Meza, sancionado por acumulación de tarjetas amarillas, Independiente buscó abrir la cancha con dos jugadores poco habituales como Verón y el joven Braian Romero, el refuerzo menos utilizado por Holan de todos los que llegaron el pasado verano. El experimento no dio buenos resultados. Ninguno de ellos tuvo energías para ayudar en defensa y después superar a su marcador en el mano a mano, y como el Rojo mantuvo contenidos a Figal y Silva, y Benítez tuvo una de esas noches que recordó al jugador indefinido de antaño, el equipo careció de desborde y profundidad para acompañar a Gigliotti cuando lograba salir del fondo.

A su vez, al conjunto colombiano no se le caía una idea para asustar a Campaña, y así todo quedó a merced de acciones aisladas, casi anecdóticas. El primer tiempo se fue de largo casi sin nada para endulzar el paladar. Las escasas llegadas fueron producto de pelotas paradas: un remate de Franco en el segundo palo que manoteó Faríñez, un cabezazo fallido de Figal en la puerta del área chica, un disparo pifiado de De los Santos tras un centro de tiro libre. Un intento de media distancia de Benítez que desvió el juvenil arquero de Millonarios fue la única excepción.

El partido se sacudió de manera imprevista en el comienzo del complemento. Volvió a aparecer Faríñez para sacarle una palomita a Gigliotti en el 53 y cinco minutos más tarde, un centro de Salazar desde la derecha rebotó en el codo de Amorebieta. Cadavid transformó el penal en gol.

Quiso cambiar el Rojo, dio un paso al frente en la cancha, entraron Gaibor, Silvio Romero y Bustos, y el encuentro entró en una dinámica diferente, desordenada. Tuvo el segundo Del Valle y en la misma jugada Gigliotti encontró finalmente el empate, ese que el Independiente de las mil caras había ido a buscar a Bogotá.

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