El amor verdadero según "la tía Amélie", una bruja con sombrero y sin escoba

En su reciente novela, Nothomb vuelve a reescribir el cuento clásico en clave contemporánea y sin ingenuidad advierte: "En la vida real te come el lobo y no hay cazador que pueda salvarte"
En su reciente novela, Nothomb vuelve a reescribir el cuento clásico en clave contemporánea y sin ingenuidad advierte: "En la vida real te come el lobo y no hay cazador que pueda salvarte"
Matías Néspolo
(0)
17 de mayo de 2018  

BARCELONA.- "Si no te portas bien, vendrá la tía Amélie". Era la fórmula que repetía el hermano de la escritora cuando sus hijos le traían problemas. Y la tía Amélie la recuerda jocosa cuando alguien pone en duda su normalidad. "Me usaba de bruja mala y debe de haber funcionado, porque mis sobrinos son hoy unos muchachos educadísimos", completa. Viste de negro de pies a cabeza, la falda le llega a los tobillos rematados en unas botitas orientales a tono; el sombrero de copa es ya su seña de identidad y la única nota de color son los labios rojo sangre. La escoba brilla por su ausencia, pero no parece necesitarla.

Tampoco echa mano a calderos y pócimas para desplegar su magia: lo hace en el texto. Solo utiliza un bolígrafo Bic, asegura, y papel reciclado porque está obsesionada con la ecología. "Sigo sin usar computadora, no tengo celular ni televisión y estoy encantada con eso", aclara. La bruja de cuento no es otra que la excéntrica escritora belga, pero nacida en Japón en 1967, Amélie Nothomb. Y el cuento es Riquete el del Copete (Anagrama), su particular versión contemporánea de otro clásico de Charles Perrault, como ya hizo en el pasado con Barba Azul. Invitada a brindar un coloquio con su traductor al castellano Sergi Pàmies en los "Diálogos de Sant Jordi", a propósito de la tradicional fiesta del libro y la rosa que se celebra cada año, la autora aprovecha su visita a Barcelona para presentar su nuevo hechizo narrativo.

La brujería es "una historia de amor que acabará bien, algo prohibido en literatura, porque hay muy pocos finales felices en términos absolutos", dice. Nothomb se dio "el lujo narrativo de escribir uno de esos casos" después de emprender en 2015 la colosal experiencia de leerse los 147 volúmenes de La comedia humana para catalogar sus historias de amor. "Un 6% de las historias de amor de Balzac tienen final feliz, más o menos el mismo porcentaje que en la vida real, porque no todas acaban en desastre, y pensé que yo también tenía derecho a hacerlo", explica.

Pero con la autora de Estupor y temblores y Metafísica de los tubos ya se sabe, así que mejor no esperar un cuento de hadas. De hecho, con Riquete el del Copete explora la infancia y la adolescencia de dos inadaptados o excluidos llamados a encontrarse, porque los polos opuestos se atraen, Déodat y Trémière. Un niño extremadamente feo y muy listo, y una belleza, un poco tonta. La matriz viene de la fábula de La Bella y la Bestia, pero Nothomb opta por reescribir la versión más descarnada de Perrault, que, a diferencia de los hermanos Grimm, "no toma a los niños por imbéciles".

Fuente: LA NACION

"En la vida real te come el lobo y no hay ningún cazador que pueda salvarte", explica con la versión del francés de Caperucita. "Los cuentos de Perrault son abominables, pero te hacen más soportable la tragedia, la verdad de la vida, con un punto de ligereza".

En ese sentido, a Nothomb le "enerva" el final clásico de la fábula. "La transformación de la bestia en un príncipe encantador me pone muy nerviosa porque es una verdadera estafa para la bella, que se enamoró de él". En su versión, la belga sigue los pasos de Perrault y la bella cae finalmente rendida a la joroba y a la mirada bizca del galán. "Todo eso se supone que es una metáfora del milagro del amor, pero la metáfora del amor verdadero es en realidad la transformación de la mirada", explica.

En todo caso, de lo que trata en el fondo su fábula es del "rechazo a la diferencia", que padecen uno y otro personaje. Algo que no ha cambiado desde los tiempos de Perrault, a pesar "del discurso lenitivo de aceptación de la diferencia con la que todos nos enriquecemos y la aceptamos, ya sea sexual, social, religiosa o de etnia", dice, y aquí Nothomb dispara contra la hipocresía generalizada. "Al escucharnos pareciera que todos somos santos humanistas y no es así porque el nivel de exclusión sigue siendo muy alto", considera. De allí la historia de amor con final feliz: "Mis personajes convergen porque ambos son excluidos, comparten la misma experiencia de la marginación". Sin embargo, eso no los redime, porque "el amor es muy peligroso", advierte la belga.

El esquema inverso, quizá más políticamente incorrecto para los tiempos que corren, con la fea lista y el guapo tonto, a Nothomb no le interesa. "El tema de la fealdad femenina es más difícil", confiesa. "Pero tengo buenas noticias, porque eso se puede superar. Yo me disfrazo cada mañana de Amélie Nothomb y doblego mi físico inane del que no estoy conforme", provoca la escritora de sombrero. Pero en todo caso no niega que a la dificultad del tema se le añade la condición de género. "Si pudiera elegir el sexo al nacer, preferiría ser de nuevo mujer, porque es más difícil y lo difícil siempre es más interesante", completa.

Y con respecto a la confrontación entre la idiotez y la inteligencia, la escritora se mantiene fiel a su infancia japonesa, a la contemplación de la filosofía zen e invierte los parámetros occidentales. "Tendemos a considerar a una persona que mira y no habla como tonta y sucede lo contrario. Observa y calla porque lo ha comprendido todo. Los idiotas absolutos difícilmente callan", explica la prolífica autora. "Los relatos son mi casa -dice- porque la economía narrativa te evita el trasfondo sociológico de los personajes".

Desde 1992 cada primero de septiembre Amélie Nothomb publica un nuevo título y aunque se niegue a dar siquiera el título, 2018 no será la excepción. Puede que pase un tiempo hasta que vuelva a versionar a Perrault, porque lo ha intentado con La bella durmiente y no le fue nada bien. "Es una porquería que no tengo la intención de publicar jamás".

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.