Magdalena Ruiz Guiñazú, ciudadana ilustre de Buenos Aires y de la vida

La reconoció anoche la Legislatura porteña por su trayectoria periodística y por su defensa de los derechos humanos, que llevó adelante en tiempos inconvenientes
La reconoció anoche la Legislatura porteña por su trayectoria periodística y por su defensa de los derechos humanos, que llevó adelante en tiempos inconvenientes Fuente: LA NACION
Pablo Sirvén
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17 de mayo de 2018  

La niña que se dormía algo inquieta en la inmensidad del primer piso del Palacio San Martín mientras su papá, el canciller, ofrecía en planta baja alguna cena a una delegación internacional. La adolescente que se escapó para asistir al entierro de Eva Perón, a pesar de provenir de una familia nada peronista. La joven mujer que fue movilera de Cacho Fontana y que preparaba el noticiero de Canal 7 y las meriendas de sus cinco hijos al mismo tiempo. La bala que le dejaron en el felpudo de su casa como advertencia de que no gustaban para nada sus críticas a la dictadura. La periodista consagrada que se le plantó en Casa de Gobierno a Albano Harguindeguy, ministro del Interior del Proceso, sin amilanarse. La primera en sacar al aire en un programa de gran audiencia radial a Hebe de Bonafini en tiempos no convenientes. Y la primera mujer también en entrar al edificio de la ESMA como parte integrante de la Conadep y poner en caja a un extraño fotógrafo de los servicios. La conductora que le peleaba de igual a igual en el aire a Aníbal Fernández en los tiempos de esplendor del kirchnerismo y que se tuvo que bancar las peores calumnias sobre su pasado solo por el hecho de haber sido muy crítica del gobierno anterior.

Esa y muchas más es Magdalena Ruiz Guiñazú, ciudadana ilustre de la vida y del mundo desde siempre y que desde ayer, más formalmente, fue consagrada ciudadana ilustre de la ciudad de Buenos Aires, ciudad cuyas calles ha recorrido de madrugada, en noche cerrada, con frío o con calor, durante décadas rumbo a la radio para despertarnos a todos con buenas y malas noticias, Piazzolla mediante en la cortina musical o, si había tormenta, "Cantando bajo la lluvia". Y también alguna canción de María Elena Walsh para animar a los chicos a salir de la cama y prepararse para el colegio.

Con asistencia perfecta fue y sigue siendo un soldado del trabajo. Ni la tos ni la fiebre ni los duelos familiares fueron más fuertes que su romance apasionado con el micrófono.

Magdalena y las noticias, un combo indivisible a través del tiempo, un contrato para siempre que sigue vigente entre su voz tan única y una audiencia fiel que ha seguido sus movimientos a través del dial hasta el día de hoy.

Inteligente, campechana, filosa, con unos reflejos increíbles frente al micrófono, Magdalena cultiva varios registros con la misma idoneidad: desde la entrevista exigente a un presidente como el comentario sobre la última película o espectáculo que vio.

Y sabe ser trueno o graciosa, según lo demande la ocasión. Su repertorio de estados de ánimos es casi infinito.

Es una voz que quedará adherida para siempre a lo mejor de la historia de la radio en la Argentina, pero también una pluma que ha sabido mostrarnos otras facetas en distintas publicaciones y hasta en libros de ficción.

Maestra de varias generaciones de periodistas, jefa generosa y compañera, gran anfitriona de memorables comidas entre notables amigos, nunca se la creyó por más que es una grande en muchos, demasiados sentidos de la palabra.

Querida Magda: a partir de hoy Buenos Aires brillará un poco más con una ciudadana ilustre como vos.

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