Comenzó el juicio a Delfín Zacarías por la mayor narcococina descubierta en el país

Se lo acusa de integrar, con su esposa y sus dos hijos, una banda capaz de producir 500 kilos de cocaína al mes; el laboratorio funcionaba en una mansión de un country de Funes
Se lo acusa de integrar, con su esposa y sus dos hijos, una banda capaz de producir 500 kilos de cocaína al mes; el laboratorio funcionaba en una mansión de un country de Funes Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera
Germán de los Santos
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17 de mayo de 2018  

ROSARIO.- "¿Alguien me puede explicar cómo en la cocina de cocaína más grande del país se secuestraron 300 kilos de azúcar y solo 7 de estupefacientes?" La pregunta la hizo ayer Delfín Zacarías en el juicio oral en el que están siendo juzgados diez acusados de la producción de drogas a gran escala en una mansión.

Zacarías y su mujer, Sandra Marín, fueron detenidos el 5 de septiembre de 2013 por efectivos de la Policía Federal en una casa del country de Funes, después de bajar un cargamento de 75 bidones de acetona en la imponente vivienda, donde, según los investigadores, funcionaba un laboratorio con capacidad para producir 500 kilos de cocaína por mes.

Él sostiene que, lejos de ser el líder de esa organización, es el "pato de la boda" de una pelea política de esa época entre el gobierno nacional, que encabezaba Cristina Kirchner, y la administración socialista que aún manda en Santa Fe.

Pero para los detectives del caso, Delfín lideraba las operaciones de la "cocina" y tenía trabajando con él a su familia en pleno: su pareja y su hijo Joel trabajaban en la producción de estupefacientes, y Flavia, su hija, llevaba la administración de la organización.

En la causa hay decenas de escuchas telefónicas y seguimientos realizados por personal de inteligencia de la Federal que ubican a los Zacarías en esa casa que fue objetivo central de la "Operación Flipper", que encabezó el secretario de Seguridad del kirchnerismo, Sergio Berni. En ese procedimiento, según se informó, fueron secuestrados más de 300 kilos de cocaína, precursores químicos e instrumentos para la fabricación de la droga, que se vendía en los búnkeres de Rosario, entre ellos, uno de la zona oeste de Rosario que estaba al mando de Olga Medina, alias la Tata. Según los acusadores, los policías José Luis Dabat y Diego Comini -de la Federal y de Santa Fe, respectivamente- "daban cobertura" a la banda.

En la lectura del requerimiento de elevación a juicio que había hecho el fiscal Mario Gambacorta fue "demoledora" la cantidad de pruebas, según opinaron fuentes del Ministerio Público.

A su turno, Delfín Zacarías dedicó casi dos horas a tratar de derrumbar aquel operativo con su propia versión de los hechos.

Dijo que había sido contratado para ir a buscar bidones de acetona a Don Torcuato por Luis Medina. Este hombre no podrá confirmar ni desmentir esta versión: fue acribillado en diciembre de 2013 junto a su novia en las afueras de Rosario. Era un empresario que se dedicaba a la compraventa de autos y estaba detrás del desembarco en Rosario del boliche Esperanto.

Según Zacarías, Medina le había dicho que la acetona era para fabricar pintura. "Me dijo que llamara a un número de teléfono y dijera que hablaba de parte de Pitu", apuntó. Tras una pregunta del fiscal Federico Reynares Solari, confesó que había reconocido a Medina porque "lo vio en un programa de TV en 2014 cuando ya estaba detenido en el penal de Devoto".

Delfín sostuvo que Medina lo "entregó" y lo "usó" para que lo detuviera la Federal. Agregó que cuando llevaron los precursores a la mansión de Funes, Medina estaba en la puerta con un Audi negro, y que cuando irrumpieron los uniformados se esfumó. Dijo que esa mansión no era suya, sino que había sido subalquilada por Medina. "Un policía me dijo: 'Esto es lo que te toca', y otro filmaba todo el operativo. Pedimos esa filmación, pero nunca la pudimos obtener. Desapareció...", afirmó Delfín.

"Nos llevaron dentro de la casa, donde había más policías. No entendíamos nada. En ese momento vi que de la planta alta bajaba un policía con una bolsa negra. Esa bolsa después apareció en mi camioneta y fue detectada por un perro", sostuvo.

Zacarías relató que tras el allanamiento "aterrizó Berni con un helicóptero". "Lo primero que dijo a los medios de prensa fue: 'Cómo puede ser que el gobernador Antonio Bonfatti no sabía dónde funcionaba la cocina de cocaína más grande del país'. Socialistas y kirchneristas se peleaban por la paternidad del operativo. Era una cuestión política, porque un mes después, en octubre, había elecciones", contó.

En su declaración, Zacarías pidió también someterse a un careo con el responsable de los peritajes de la droga secuestrada. "Cómo puede ser que los análisis con los reactivos dieran todos positivo y luego en los peritajes finales se determinara que eran 300 kilos de azúcar y solo siete de cocaína", inquirió. Dijo que en la cárcel de Devoto "hay mucha gente que sabe de cocinas de cocaína, como bolivianos y colombianos que están presos, que me dijeron que para consumir una dosis de esta droga, un adicto tiene que aspirar 200 gramos para que le haga efecto. ¿Quién compra esa cocaína?"

Ayer también declaró por videoconferencia Hugo Silva, de 60 años, quien admitió que compró los 2000 litros de acetona que luego entregó a Zacarías. Dijo que su tío Alfredo, que vive en Don Torcuato y también está imputado, le propuso comprar este precursor porque "había una persona que quería adquirirlo para fabricar pintura".

Los detalles de la "operación flipper"

Según la investigación, el 4 de septiembre de 2013, un día antes de su captura, Delfín Zacarías fue en una camioneta VW Amarok a un galpón de Don Torcuato (Tigre) a retirar 2000 litros de acetona que había adquirido por $340.000 a Hugo, Alfredo y Javier Silva.

Tras cargar el "gasoil", como le decían, Zacarías volvió a Rosario, donde se encontró con su mujer y su hijo en una estación de servicio. Ahí cambiaron de vehículos; Sandra Funes y Joel Zacarías se fueron con la carga al chalet de Funes, presuntamente a cocinar droga. Horas después, Delfín llamó al proveedor de la acetona para quejarse de la calidad del producto: "El motor no agarra; no puedo terminar la ropa", le dijo.

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