El Atlético Madrid de Simeone nunca se olvida de competir: por segunda vez celebró en la UEFA League

Una postal familiar: el Cholo Simeone posa junto con sus hijos y la copa de la Europa League
Una postal familiar: el Cholo Simeone posa junto con sus hijos y la copa de la Europa League Crédito: DPA
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16 de mayo de 2018  • 23:17

Hubiera derrumbado a cualquiera haber quedado eliminado en la etapa de grupos de la Champions League tras dos empates contra el novato y elemental Qarabag. Bajar a la Europa League podría haber provocado desánimo o desmotivación en un club que en los últimos años aspiró y estuvo muy cerca de la mayor gloria copera del Viejo Continente. Le pudo ocurrir a cualquiera, o a la mayoría, pero no al Atlético de Madrid de Diego Simeone , que no deja que su equipo baje la cabeza o se le encoja el corazón. Ante la adversidad, espíritu competitivo; en una crisis puede haber una oportunidad. El credo del Cholo sigue vigente, lleva seis años y medio machacando con más buen suceso que frustraciones.

¿Cómo despreciar esta segunda Europa League que acaba de conquistar si remite al comienzo de un ciclo histórico para el director técnico argentino y para el club? A mediados de 2012, cuando llevaba apenas seis meses levantando a un Atlético que se lo entregaron poco menos que demolido, Simeone obtuvo el primero de los seis títulos en la final de Bucarest que le ganó 3-0 al Athletic Bilbao de Marcelo Bielsa. Aquella noche, con dos goles de Radamel Falcao, el delantero estrella de ese momento. Ayer, en una definición que en el segundo tiempo se disputó bajo la lluvia, con otro 3-0, sobre Olympique de Marsella , con dos tantos del atacante estelar de estas horas, Antoine Griezmann , a quien muchas informaciones ubican con un futuro inmediato en Barcelona.

La vuelta olímpica y celebración cierran un período de cuatro años sin títulos, desde la Supercopa de España frente a Real Madrid . Una abstinencia en la que casi nunca se filtró algún síntoma de declive porque el Atlético, como un presupuesto mucho menor y un plantel más acotado, le discutió a Real Madrid y Barcelona la hegemonía que esparcían por España y Europa. Le faltaba lo de ayer. Aun con recursos más austeros que varios tanques del continente, nunca se sintió menos que nadie. Y el día que queda por debajo del rival es porque este se exprimió al máximo. El Atlético no pierde partidos, hay que ganárselos dando todo y un poco más.

Fue la segunda Europa League para Simeone. En la lista de entrenadores más triunfadores de la competencia queda por detrás de Giovanni Trapattoni y Unai Emery, ambos con tres.

El Cholo lo tiene tan bien enseñado a su equipo que es capaz de responder y estar a la altura del compromiso aunque él esté encerrado en un palco vidriado del estadio de Lyon, donde purgó el segundo encuentro de suspensión por los insultos que le profirió al árbitro en la semifinal de ida contra Arsenal. Abajo, a pie de campo, estaba Germán Burgos, el fiel escudero que lo interpreta muy bien y sumó el octavo triunfo en los 12 partidos que debió sustituirlo.

Atlético de Madrid le comió la moral al Marsella, único equipo francés que obtuvo una copa europea, la Champions League, en 1993. El campeón no tembló porque el adversario le controló la pelota al comienzo y estuvo cerca del gol con una definición de Germain que salió desviada. El Atlético también sabe sufrir, tiene piel de elefante, y paciencia para esperar el error rival, como ocurrió con la pelota que perdió Anguissa en una salida desde el arco; Gabi aprovechó el regalo y asistió a Griezmann, que no falló como Germain. Fuerte en lo colectivo, el conjunto a veces también impone su jerarquía individual.

En 10 minutos, el Marsella se vio abajo en el marcador cuando era superior y lamentando cómo su jugador más talentoso, Payet, salía llorando por una lesión muscular. Aunque le quedaba el despliegue y la agresividad de Ocampos -se enojó, con cierta razón, cuando fue sustituido-, el Marsella empezó a desvanecerse, y el Atlético tiene mucho olfato para darle el tiro de gracia a un contrario herido. Volvió a marcar Griezmann, tras un pase de Koke, y el tercer tanto tuvo una fuerte carga simbólica por quien lo convirtió: Gabi, el volante central que es casi una prolongación del Cholo en el campo. Sobreviviente, con Godin, Koke, Juanfrán y Felipe Luis, del plantel campeón de hace seis años, cuando se plantó la semilla que sigue dando frutos.

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