Las abejas salvadoras

Sabrina Cuculiansky
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20 de mayo de 2018  

El árbol de café, el cafeto, necesita ciertas condiciones para generar frutos maduros que resulten luego en un grano de calidad. Clima, lluvia, altitud y tipo de suelo son fundamentales. La temperatura óptima para lograrlo es entre 15 y 24 grados, y si la temperatura sube tendrá un impacto negativo en su rendimiento y calidad. Es por eso que el cambio climático y el calentamiento global están generando un efecto negativo en la producción del café.

Si la temperatura sube, el café madura más rápido, genera un tipo de azúcares más pobres en el fruto que darán una calidad inferior. Además, las altas temperaturas favorecen la aparición de enfermedades en la planta en regiones que hasta ahora no había y por eso se deberás tener un mayor control sobre las plantaciones lo que la producción cafetera se volverá más cara.

Los estudios de los últimos años estiman que si a fines de este siglo las temperaturas suben 3 grados, las regiones que actualmente son muy frías para el cultivo del café puedan entonces ser adecuadas. Pero es algo incierto si terrenos en altitudes elevadas serán apropiados para la producción del café. Es decir que es factible que no solo cambien las zonas de cultivo, sino que el café competirá en nuevas tierras con otros productos agrícolas y el panorama mundial cambiaría.

Las previsiones estiman que para 2050 el área de cultivo de café en todo el planeta -que ahora llega a casi 11.000 millones de hectáreas- se reducirá en un 50%, según el Instituto de Cambio Climático de Australia.

En América Latina, zona que lidera la producción, la baja podría alcanzar hasta el 80% del terreno cultivable, y al mismo tiempo, al sur de California, ya se está explorando la cosecha de esta planta. En dos docenas de granjas de las afueras de Santa Bárbara se están cultivando arbustos de café bajo las copas de viejos árboles de palta.

Frente a este panorama hay algunas propuestas esperanzadoras que vienen de la mano de las abejas. Estas podrán ayudar a compensar la falta de adaptabilidad de la planta al cambio climático gracias a la polinización. La disminución de áreas de cultivo podría ser amortiguada por la presencia de un número adecuado de polinizadores que aumenten la productividad.

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