El minuto a minuto de una noche en la que Boca jugó en la Bombonera y también en San Pablo

La Bombonera latió con el partido de Boca, y el de Palmeiras con Junior
La Bombonera latió con el partido de Boca, y el de Palmeiras con Junior Crédito: @plisotto
Pablo Lisotto
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17 de mayo de 2018  • 09:08

La verdadera fiesta en la Bombonera comenzó, anoche, a las 22.52. Fue entonces cuando a los 4 minutos del segundo tiempo, y debido al gol de Palmeiras que metió a Boca en los octavos de final de la Copa Libertadores , el desahogo fue completo. Y si no era suficiente, el penal malogrado de Junior poco después (el arquero Fernando Prass atajó el disparo) volvió a agitar a la gente.

Hasta ahí, la efervescencia que generaba la categórica goleada ante el limitadísimo conjunto de Alianza Lima chocaba con la tensión de saber que los de Barranquilla estaban a sólo un gol de marginar a los de la Ribera de la siguiente etapa.

Y entonces llegó un nuevo grito en forma de ola, una celebración de gol que fue creciendo de boca en boca como una bola de nieve y que finalmente celebró todo el estadio con ganas, a 2230 kilómetros de distancia. Fue el segundo tanto de Palmeiras, el que sentenció el Grupo H, aún cuando después llegase el descuento de Junior y el tercero local para decorar el resultado.

Al partido frente a Alianza Lima le sobraron 80 minutos. Cuando a los 10 abrió la cuenta Cardona, todo se trasladó a lo que ocurría en San Pablo. A través de las redes sociales o de una radio o de los pocos televisores que exhibe el estadio. Cualquier forma era válida para dejar de enfocarse en lo que ocurría en el campo de juego del templo xeneize y seguir las instancias del partido de Palmeiras con Junior. Aquello fue lo único importante a partir de ese momento.

Antes y después -sobre todo después-, la gente de Boca cantó con fuerza. Claro que tras los goles del Verdao todo fue con menos angustia y más alegría. Hubo agradecimiento por el bicampeonato y el hit de cada noche de Libertadores, ese que dice "Dale dale Bo, queremos la Cooooopa".

Como si la energía se hubiera agotado toda con la tensión previa y con los tantos de Palmeiras, la mayoría de la gente siguió los 10 minutos posteriores al 2-0 en Brasil en paz, en calma. Como si el aliento, los rezos, las promesas y las cábalas ya hubieran sido suficiente.

El silencioso gol de Junior, que se comentó por lo bajo por las tribunas del estadio, no opacó la fiesta. El público saltó recordando el paso de River por la B Nacional, reclamó un penal que no le concedieron cuando el partido ya estaba definido, se alegró por el gol de Tevez (en su mejor partido desde que regresó de China), aplaudió al Apache cuando salió reemplazado por Gago, que a su vez fue ovacionado por los cuatro costados en su regreso a la Bombonera después de 7 meses y se fue relajando hasta que el árbitro pitó el final del encuentro. Lo único que realmente puso de pie otra vez al templo fue cuando Cristian Pavón salió reemplazado y se llevó de recuerdo el aplauso ensordecedor de sus hinchas, tal vez porque es una incógnita saber si la de anoche fue la última del Nº con la camiseta azul y oro.

La felicidad por la angustiante clasificación fue tan grande como si la instancia hubiera sido una semifinal. Así vive Boca la Libertadores. Con mucha intensidad, con pasión, con obsesión. La Bombonera latió con más fuerza que nunca. Porque Boca está vivo y dio anoche dio señales de que quiere más en busca de su gran ilusión, que es volver a hacer cumbre en América.

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