Adelante, siempre adelante

Nora Bär
Nora Bär LA NACION
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18 de mayo de 2018  

Esta semana murió Tom Wolfe, personaje singular que ejerció la extravagancia y se sintió muy cómodo con la celebridad, y uno de los que cimentaron lo que se conoció con el sello de "nuevo periodismo": supo narrar la realidad como la apasionante novela que genuinamente es.

Uno de sus libros más logrados es Lo que hay que tener (Anagrama, 2010). Retrata la audacia en clave "cowboy del espacio" que esgrimieron los protagonistas de los inicios de la carrera espacial. Una mezcla de aplomo, de heroísmo sin aspavientos, que luego Hollywood infundiría en sus astronautas.

Acá no tenemos astronautas, pero alguna vez habría que contar la epopeya silenciosa de tantos que se las arreglan para alcanzar estatura de próceres mientras todo les juega en contra y la "opinión pública" mira para otro lado. Entre ellos está, no cabe duda, Conrado Varotto.

Nacido en Italia, pero argentino por opción, es el creador e impulsor de dos raras joyas de la actividad científica y tecnológica en el país (Invap y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales). En él la fe en este país, incluso en los peores momentos, alcanza la fogosidad (¿o la insensatez?) de la pasión. Una vez, durante una conferencia de prensa previa al lanzamiento de uno de los satélites científicos de la Conae, le pregunté cuál era el presupuesto que invertirían en el desarrollo de los experimentos que viajaban a bordo. Dio una cifra aproximada, y enseguida agregó: "¡Pero de neuronas argentinas!".

Con un grupo de jóvenes idealistas, Varotto concibió Invap a principios de los setenta, en los días en que el ser humano llegaba a la Luna, estaba despegando la industria de la computación y no existía nada ni remotamente parecido en el país. Le imprimió a fuego la filosofía que le permitiría incorporarse al club de elite de las compañías capaces de desarrollar satélites, radares y reactores nucleares.

Describe los detalles de esa aventura como una "utopía". Y no exagera. Es lo que soñamos: "Aprovechar el principal recurso del país, su materia gris, para la generación de fuentes de trabajo genuinas".

"A mí me parecía que la materia gris argentina era fabulosa -recordó no hace mucho-. Nunca nos asustamos o dudamos de que pudiéramos hacerlo. [...] Porque tenemos unos chicos maravillosos, una juventud impresionante".

Héctor Otheguy, uno de los que lo acompañaron en esta gesta, le atribuye a Varotto el crédito de haberle conferido a la empresa valores fuera de serie: típicamente reinvierte el 85% de las ganancias; el 15% restante se reparte por igual entre todos los empleados, desde el gerente ejecutivo hasta el que ingresó un año antes, todos comen en el mismo comedor, tienen la misma obra social y el mismo plan, sus ejecutivos viajan siempre en clase turista, hasta los que tienen más de 80 años y aunque el viaje sea a las antípodas del globo, y siempre se alojan en hoteles tres estrellas.

Bajo su influjo se diseñó y se construyó el reactor RA-6, que hasta hoy permite formar a físicos, ingenieros, radioquímicos y expertos en materiales, y que más tarde permitió venderle otro similar a Argelia. Se completó el ciclo de enriquecimiento de uranio para usos científicos, que hoy domina una decena de países, y se desarrolló la tecnología de esponjas de circonio de calidad nuclear, metal que se utiliza en los tubos de elementos combustibles de los reactores.

En 1994, asumió la dirección ejecutiva y técnica de la Conae, y la convirtió en una agencia espacial pionera en la región y respetada por sus pares en todo el planeta. Hiperactivo, exigente y autoexigente, está siempre en cada detalle y sin olvidarse de nada. En él se consuma ese fenómeno extraordinario que permite cumplir años sin perder vitalidad.

El 1° de junio se jubila y deja su puesto. Pero ya avisó que seguirá cerca, como un tábano. Proponiendo ideas osadas. Adelante, siempre adelante.

Por: Nora Bär

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