Un viejo amigo acude en ayuda de Macri

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
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19 de mayo de 2018  

Las urgencias de la última corrida cambiaria eclipsaron detalles que, superada transitoriamente la prueba, pueden ser gravitantes en el futuro del Gobierno. Uno de ellos es el regreso de Nicolás Caputo , íntimo amigo de Macri , al núcleo de toma de decisiones. Accionista del grupo energético Sadesa y el industrial Mirgor, Caputo había resuelto hacía varios meses mantenerse alejado para no perjudicar al Presidente. Era el gran ausente en el elenco visible de los fundadores de Pro.

La crisis forzó cambios drásticos cuyos alcances no se pueden aún proyectar. El más inmediato fue operativo: junto con su primo Luis , ministro de Finanzas, y a través de llamados a operadores, Caputo gestionó el regreso de fondos de inversión y bancos que adquirieron el martes bonos del Tesoro en pesos y Lebac y permitieron, así, que el Gobierno controlara la corrida. Esas jornadas de alarma -las peores desde diciembre de 2015, según funcionarios sin otras experiencias en el sector público- reactivaron la antigua mesa macrista porteña línea fundadora: Macri, Caputo, Horacio Rodríguez Larreta , María Eugenia Vidal y Marcos Peña .

No es la primera vez que Caputo acude en ayuda de su amigo. Fue, por lo pronto, uno de los que llevó el rescate durante el secuestro que el entonces ejecutivo de Socma sufrió a principios de los años 90. Y es uno de los hombres a quien el Presidente escucha en serio, tal vez por cuestiones de rango: como par y amigo, no acata sus órdenes. Algunos de sus consejos y gestiones son célebres. En el libro El otro yo: Nicolás Caputo, socio y operador secreto de Mauricio Macri en la Argentina del capitalismo de amigos (Planeta, 2017), los periodistas Esteban Rafele y Noelia Barral Grigera recuerdan que fue Caputo quien sondeó a Gabriela Michetti como compañera de fórmula presidencial para 2015. La entonces senadora estaba distanciada de sus jefes de Pro por haberse empecinado en enfrentar a Rodríguez Larreta en la interna porteña, pero, según cuenta ella misma, recibió un día un llamado. Era Caputo. "Sigo pensando que serías la mejor candidata -le dijo-. Pero antes de tirarme a la pileta, avisame si hay agua".

Agua no faltó. El libro compendia además objeciones que el empresario les hizo a los autores sobre la emisión de Lebac del Banco Central. La más directa: "Es un disparate. Lo único que hace es que la gente ahorre guita y no invierta. A esa tasa, hasta yo coloco todo a renta. ¡Viva Sturzenegger!".

Aquella opinión puede anticipar qué podría sugerir ahora con ese instrumento financiero. No está tan claro, sin embargo, si será capaz de torcer el respeto que Macri le tiene al presidente del Banco Central. Quienes frecuentan este círculo de exalumnos del colegio Newman recuerdan que, durante la campaña de 2015, el jefe de Pro tenía pensado designar como ministro de Economía a Sturzenegger, pero que cambió a último momento por consejo de Caputo, que evaluó que la salida del cepo cambiario requeriría en ese momento a alguien con experiencia y buena reputación en el mercado y no tanto a un académico, por brillante que fuere.

Hasta ahora, Macri ha respaldado siempre a Sturzenegger. Y lo hizo en un tema sensible: el miércoles, durante su primera conferencia de prensa después de la tormenta, admitió que los anuncios del 28 de diciembre, aquel cambio en las metas de inflación que el mercado interpretó como intrusivo en la autonomía del Banco Central, había sido un error. "Vamos a delegar como corresponde la responsabilidad de bajar la inflación en el Central, que irá comunicando qué medidas irá tomando y pronósticos. Queda claro que es fundamental bajar la inflación", agregó.

Es natural que en momentos de crisis un líder acuda a sus íntimos. La historia enseña sin embargo que, en esos casos, el riesgo es perder contacto con la realidad. Por eso los manuales de ciencia política recomiendan esforzarse por escuchar recomendaciones de fuera del propio reducto. Fue, por ejemplo, lo que hizo John F. Kennedy durante la crisis de los misiles cubanos con el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional, un grupo de 15 miembros en donde no funcionaban los rangos.

Lo que no queda claro es si, además de recuperar como consejero a su amigo, el Presidente volverá sobre convicciones que había decidido atenuar o postergar por conveniencia política. La más relevante es su rechazo al gradualismo. En noviembre del año pasado, en Nueva York, ante ejecutivos de fondos de inversión que le reclamaban una mayor velocidad en las reformas, Macri contestó que, pese a coincidir con la naturaleza del planteo, había decidido aceptar de sus asesores la idea de que la Argentina no podía ir más rápido de lo que la sociedad estaba dispuesta a tolerar. Otro viejo axioma es su apego a la ortodoxia. "El primer monetarista es Macri", contestan sus confidentes cuando se los consulta por el respaldo a Sturzenegger. "Son todos contra mí", llegó a excusarse el Presidente delante de él alguna vez, mientras intentaba convencerlo de propuestas que le recomendaban sus colaboradores. Una de ellas fue la modificación de la meta en diciembre.

Pero el Fondo Monetario Internacional no es gradualista. Y, probablemente, más que como auditor, le servirá a Macri para reforzar algunos de aquellos principios. La primera lectura que el Presidente hizo de la corrida fue la necesidad de bajar el gasto. "Claramente, lo que pasó estas semanas es que el mundo decidió que la velocidad con la que nos comprometimos a reducir el déficit fiscal no alcanza, por lo que tenemos que acelerar", dijo. Nunca había sido menos gradualista en público. Tiene lógica económica. Hasta esta crisis, la Argentina se había manejado a dos ritmos distintos: una política monetaria restrictiva y una fiscal más laxa. Un mayor ajuste en las cuentas alinearía ambas y explicaría por qué habló de "falta de coordinación" en el equipo económico.

Es cierto que todo está muy lejos de lo que le venían recomendando. Tal vez haya sido solo un reflejo pasajero del ingeniero formado en Socma. Su padre, Franco, admitió en 1997, en una entrevista televisiva que le hizo Juan Carlos de Pablo, que muchas de las veces en las que había decidido volver sobre sus pasos fueron por haber delegado excesivamente la gestión. Le pasó en Sevel, dijo, a la que descuidó por estar trabajando en un proyecto en Estados Unidos. "Volví, tomé las riendas de la empresa y empecé a conducirla en forma directa", dijo. El contratista lo llamaba entonces "macrización" de las decisiones.

Todavía es pronto para saber si el regreso de Nicolás Caputo a escena significará exactamente eso: accionistas que vuelven con un socio nuevo, en este caso el FMI, a enderezar un proyecto que creyeron a punto de malograr en manos de gerentes.

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