Alerta, argentinos: nos atacan con tijeras

19 de mayo de 2018  

Pasó la turbulencia, terminó la crisis. Sí, parece que las relaciones entre Shakira y Piqué están reencaminadas y se los ha vuelto a ver como dos tortolitos. En cambio, no podría ser tan asertivo con lo que nos pasa a nosotros. Ni siquiera sé cómo llamar a esto que acabamos de atravesar o que estamos atravesando. En la entrevista de ayer con LA NACION, Dujovne se negó incluso a hablar de tormenta y, más todavía, de crisis. Otra vez la grieta. Para el Club del Helicóptero, es el diluvio universal. Para el Gobierno, cayeron tres gotas. De todos modos, no hay que estar atentos a eso: es fácil imaginar a Durán Barba instruyendo sobre la importancia de no usar palabras que asusten a la gente. La definición más importante del ministro fue otra. Admitió que hemos cambiado de dios. Antes nos arrodillábamos ante el gradualismo; ahora, ante el pragmatismo. Estamos ante un nuevo gobierno. Cambiemos. De religión.

Yo creo que todo esto tiene que ver con la culpa que nos viene dada por nuestra tradición judeocristiana. Estos tipos se dieron cuenta de que metieron la pata, y resolvieron ir a confesarse con el Fondo Monetario. Ya vamos a saber qué penitencia nos ponen, pero por ahora los que se castigaron fueron los propios pecadores. En el ejercicio de contrición y humildad que les habíamos pedido, Macri no solo reconoció errores, sino que agachó la cabeza y fue al rescate de las ovejas descarriadas Monzó y Ernesto Sanz; Sturzenegger dijo que el mercado les había dado una lección, y Marcos Peña volvió a ser Marquitos, más sencillo y abierto; digamos, hoy se debe ver más como Batman que como Superman. A Batman le entran las balas.

Lo paradójico es que la más piadosa de todo el Gobierno, Lilita Carrió, no muestra signos de arrepentimiento. Ella y el gobernador Cornejo están ligados al terremoto cambiario desde que empezaron a agitar la cuestión del ajuste de las tarifas, un instrumento fundamental en la lucha para achicar el déficit. "Pusieron el grito en el cielo antes incluso que La Cámpora", me dijo ayer el senador Pichetto, que, formado en la disciplina peronista, no puede entender cómo Macri permite esta glamorosa disidencia en el seno del reino. Lilita venía de petardear, en diciembre, la fórmula de ajuste de los haberes jubilatorios. Sospecho que Cristina muchas veces se queda callada porque todo lo que tiene para decir ya lo dice Lilita.

Nuevo dios, decía: el pragmatismo. No importa si Monzó andaba a las zancadillas con María Eugenia, amonestaba en público al Gobierno y pronosticaba cataclismos electorales; no importa que la haya pifiado, que sea excesivamente autónomo y que quiera pedir asilo en la embajada de España; si el tipo vale, y claro que vale, adentro. ¿Sanz no comparte mucho de lo que hacemos pero es valioso? Adentro. ¿Frigerio es de la runfla de Monzó? No importa, labura bien. Adentro. ¿A Sturzenegger se le confundieron las cartas y el mercado le ganó en una sola mano 8000 millones de dólares? Puede ser, pero tenía razón con que no deberíamos haber aflojado con la inflación. Adentro. ¿Se nos cerraron las fuentes de financiación? Adentro el Fondo. Es la fórmula Sampaoli: ¿le gusta Icardi pero el vestuario le pide a Higuaín? Adentro el Pipita. De paso, en la Casa Rosada desmienten la versión que circula por las redes de que la corrida cambiaria fue una pantalla de humo para distraernos mientras por detrás nos metían al Pipita en la lista de los 23 que irán a Rusia.

Pragmatismo. Como ir al Fondo no deja de ser tremendamente antipático, a alguien se le ocurrió la genialidad de humanizar la imagen de Macri. En sus últimos discursos vimos que primero habló de espaldas a colectivos, y, en el siguiente, a subtes. Un fondo de imagen extraño a la vista, pero con un pretendido touch popular. En las próximas intervenciones está previsto que haya, sucesivamente, trenes, bicicletas y sulquis. Nunca un avión de Cristina Airlines. ¿Quién está detrás de esta brillante iniciativa? Según mis fuentes, Merlí, el profesor de la serie española.

Sí, pragmatismo. Llegó la hora de cortar el déficit. Pero en serio. Nada de hacer lo que propuso un funcionario de segunda línea: "Si tanto escándalo provocan las decenas de nombramientos en la administración pública que se informan todos los días en el Boletín Oficial, seamos receptivos al reclamo. No los publiquemos más". Dicen que a Macri la crisis lo convenció de la necesidad de usar una tijera extra large (Dujovne suele comentar que la que tenía el hoy tan crítico Alfonso Prat-Gay no era ni siquiera para las uñas). El problema, no del Gobierno, del país, es si hay consenso para el tijeretazo. El hashtag de estos tiempos es #aminomesaquen. Vuelvo a Pichetto: "Acá nadie quiere perder. Tocás algo y te incendian el país".

Ufa, cuántas cosas importantes me quedaron hoy afuera: el documento del Vaticano contra los programas de endeudamiento y ajuste (se ve que el Papa no ve los spots con colectivos y subtes); las penurias judiciales de Moyano, un "hombre honesto", como acaba de definirlo Diana Conti; las elecciones de mañana en Venezuela, un himno a la demogracia.

Pero bueno, a mí me pasa lo mismo que al Gobierno: no tengo más remedio que cortar.

TEMAS EN ESTA NOTA