Se contagió VIH al nacer y hoy tiene 11 años

Se contagió de VIH al nacer. Fue a causa de una transfusión sanguínea
Se contagió de VIH al nacer. Fue a causa de una transfusión sanguínea
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19 de mayo de 2018  • 20:39

Catalina nació en una provincia del norte de la Argentina hace 11 años. Fue prematura y estuvo internada 45 días en un prestigioso hospital privado. Como tenía anemia, le hicieron tres transfusiones sanguíneas. Los familiares quisieron hacer una transfusión directa pero, por protocolo, el hospital no los dejó. "Me enteré de que mi hija tenía VIH a los 10 días de haberla llevado a casa. Empezó con vómitos, insomnio y sangre en la materia fecal. Le hicimos todo tipo de estudios, pensando que podía ser hepatitis y en una visita al hematólogo nos sugirió hacer una prueba Western Blot, que ese mismo día dio dudoso, pero después positivo", cuenta Vanesa desde el exterior, donde hoy vive junto con su marido, padre del corazón de Catalina, y sus otros dos hijos.

La noticia se la dieron en el mismo hospital donde Catalina había nacido y donde le trasmitieron el virus. Fue un pediatra de neo con muy poca información, que incluso les llegó a sugerir que podía haber adquirido el virus en su propia casa, y nunca mencionó las transfusiones.

Luego de confirmar el diagnóstico, viajaron a Buenos Aires y se internaron para comenzar de inmediato con el tratamiento antirretroviral. Lo bien que reacionó al tratamiento hace suponer que quien donó esa sangre lo más probable es que haya estado en un período ventana o que ni siquiera haya sabido que tenía el virus. "Vivo con la esperanza de que los responsables se hagan cargo de la negligencia, y de que en algún momento podamos hacer públicos los nombres; no fueron capaces hasta la fecha de pedir perdón por el daño hecho", cuenta Vanesa.

Desde los dos años que Catalina tiene la carga indetectable. Hoy toma tres pastillas diarias distribuidas en dos veces, sin ningún efecto colateral por el momento; se hace dos controles al año, tiene las defensas muy altas, va al colegio, tiene muchísimos amigos, y es muy sensible; le pusieron de apodo "tiburoncito" porque tiene una fuerza arrolladora. "Es una luchadora de la vida, una nena llena de luz y de amor", asegura su madre. Catalina aún no sabe exactamente de qué se trata su enfermedad, por ahora le contaron que se la "contagió" de bebé en el hospital, que la tiene en la sangre, que es de por vida y que por eso tiene que tomar las pastillas todos los días. No está tan lejos la pubertad y la adolescencia, donde deberán explicarle las consecuencias del virus, las formas de transmisión y las connotaciones sociales. "Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que Catalina se cuestione lo menos posible, que no se recienta, que acepte lo que le toco vivir y sepa llevarlo con un discurso positivo y optimista", concluye Vanesa.

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