Elecciones en Venezuela. Carlos Malamud: "Es una situación endemoniada, por ahora no tiene salida"

El historiador especializado en América Latina cree que por el momento la crisis venezolana no se solucionará
El historiador especializado en América Latina cree que por el momento la crisis venezolana no se solucionará Fuente: Archivo
El historiador especializado en América Latina cree que por el momento la crisis venezolana no se solucionará y considera que la Argentina está lejos de un liderazgo regional
Natalia Pecoraro
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20 de mayo de 2018  

El historiador Carlos Malamud, especialista en la historia de América Latina, lleva décadas analizando la región desde una óptica europea. Combina su trabajo como académico con el de analista político y de las relaciones internacionales. De visita en Buenos Aires para presentar el informe " ¿Por qué importa América Latina?", que coordinó en el Real Instituto Elcano, donde es investigador principal, Malamud consideró que la situación en Venezuela es "totalmente endemoniada" y que "de momento no tiene salida".

En una entrevista con LA NACION, fue muy crítico del proceso de integración latinoamericana y dijo que la Argentina "no está en condiciones políticas ni económicas de asumir el liderazgo" de la región. Asimismo, planteó que América Latina es "un socio confiable" para Europa y aseguró que "nunca como ahora se ha estado tan cerca de cerrar" el acuerdo Mercosur- Unión Europea.

-El Grupo de Lima y los presidentes Sebastián Piñera y Mauricio Macri han condenado en reiteradas oportunidades el "régimen autoritario" de Venezuela y pidieron que se suspendieran las elecciones de hoy. ¿Es suficiente?

-No, suficiente no es, pero el problema al mismo tiempo es: ¿qué es lo suficiente? Y eso nadie lo sabe, lamentablemente. Hace poco, Clóvis Rossi publicó en Folha de S. Paulo que "todas las salidas conocidas, disponibles, se han ensayado y ninguna ha dado resultado". Hay que pensar en una salida original, desconocida, el problema es definir cuál. El gobierno de Nicolás Maduro tiene una gran capacidad de resistencia, entre otras cuestiones porque no tiene marcha atrás, no hay retaguardia; si se van, terminan presos, entonces no se pueden ir. Y es lo mismo que pasó con Bashar al-Assad en Siria, que tampoco se podía ir y sigue ahí. Se puede hacer poco porque quienes tienen que hacer son los propios venezolanos.

-¿Imagina una situación similar a la de Siria en Venezuela ?

-De momento no, porque eso implicaría algún tipo de intervención militar de parte de la comunidad internacional. El problema es quién lo haría. América Latina no lo va a hacer. Por ahí algunos gobiernos querrían, pero ningún gobierno individual ni colectivamente tiene la capacidad militar ni logística ni política para montar una operación de ese tipo. ¿Quién queda? Estados Unidos, pero va a ser muy difícil que Donald Trump se meta en este avispero. Si Estados Unidos decidiera hacerlo, la respuesta de la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos sería oponerse o situarse al margen. Es una situación totalmente endemoniada que de momento no tiene salida.

Carlos Malamud consideró que "la crisis de la Unasur marca precisamente el declive del proyecto bolivariano"
Carlos Malamud consideró que "la crisis de la Unasur marca precisamente el declive del proyecto bolivariano" Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

-¿Qué significa el ocaso de la Unasur?

-Creo que la crisis de la Unasur marca precisamente el declive del proyecto bolivariano. Igual, la integración regional está en crisis y desde hace tiempo, no por el declive de la Unasur, sino por la propia incapacidad latinoamericana. Si América Latina no se integra es porque los latinoamericanos no quieren. Podríamos identificar tres grandes causas, dos excesos y un déficit. En primer lugar, el exceso de retórica y la diplomacia presidencial, el excesivo protagonismo de los presidentes latinoamericanos, que se creen con la capacidad suficiente para llevar adelante por sus propios medios la política exterior, sin el informe y el asesoramiento de diplomáticos expertos. En segundo lugar, el exceso de nacionalismo, que impide ceder cuotas mínimas de soberanía a instancias supranacionales, sin las cuales avanzar en la integración regional es muy difícil, sobre todo cuando hablar de soberanía en América Latina es hablar básicamente de soberanía territorial. El tercer punto es un déficit de liderazgo: ni Brasil ni México, que son quienes hoy por hoy pueden asumir ese liderazgo, lo asumen. Venezuela podría haber ejercido ese liderazgo porque estaba dispuesto a asumirlo, pero el proyecto cubano-venezolano para la región no era del agrado de todos, muchos no estaban muy de acuerdo.

-¿Podría la Argentina ocupar ese lugar de liderazgo?

-Hoy por hoy, no. La Argentina podría tener un papel mucho más protagónico en la medida en que tenga una política exterior clara y decidida, pero la Argentina no está en condiciones políticas ni económicas de asumir ese liderazgo. El liderazgo regional, evidentemente, tiene un costo. Y es elevado. Los únicos que podrían jugar este papel son México y Brasil, que no lo hacen ni lo quieren hacer. Esto nos lleva a una cuestión no resuelta de la integración regional, que ni siquiera se plantea, y es: ¿qué se quiere integrar? ¿Queremos integrar América Latina o queremos integrar América del Sur? Hay que decidir, y cuanto antes se haga, mejor. La integración latinoamericana es una constante huida hacia adelante: permanentemente estamos creando nuevas instancias de integración regional, pero la esencia de la integración, la integración económica, no existe. Este año, la Argentina tiene la presidencia del G-20 y están pasando algunas cosas originales, afortunadamente. Por ejemplo, nunca hasta ahora los tres países latinoamericanos del G-20 se habían coordinado entre sí, y hay un esfuerzo argentino por lograrlo.

-¿Cree que finalmente se va a firmar el acuerdo Mercosur - Unión Europea ?

-Creo que nunca como ahora se ha estado tan cerca de cerrar este acuerdo. El Consejo Económico y Social europeo acaba de aprobar una resolución en apoyo del cierre de las negociaciones, lo cual es una señal bastante potente. Europa se ha dado cuenta de que su relación con Estados Unidos es muy complicada en este momento, y ahí está el efecto Trump, no solamente desde un punto de vista comercial, del proteccionismo. Los ataques de Trump a la presidencia europea en la OTAN, el pedido de que Europa aumente su presupuesto en materia de defensa y la distancia que ha tomado en muchos conflictos respecto de Europa han hecho que en Bruselas y en las capitales europeas empezara a replantearse el papel de Estados Unidos como fiel aliado de Europa en cuestiones globales. Eso obliga a mirar hacia otros lados.

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