España: Pablo Iglesias, el líder de los "indignados", busca apoyo tras la polémica por comprar un lujoso chalet

Pablo Iglesias, líder de Podemos
Pablo Iglesias, líder de Podemos Fuente: Archivo
Silvia Pisani
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21 de mayo de 2018  • 12:38

MADRID.- El enojo en sus bases fue tal que la cúpula que dirige Podemos , el partido de los "indignados" en España , apela al respaldo de un plebiscito luego de trascender la compra de un suntuoso chalet por más de 600.000 euros. Algo inalcanzable para le enorme mayoría de los españoles.

"Haremos una consulta para saber si las bases quieren que sigamos al frente del partido", dijo Pablo Iglesias, el secretario general de la agrupación, que lleva las última horas tratando de explicar una operación inmobiliaria -y una opción personal- que a muchos parece incomprensible e incoherente.

Críticas abiertas

Varios dirigentes del partido objetaron abiertamente la actitud de Iglesias y de su pareja, Irene Montero, actual vocera parlamentaria de la agrupación.

"Yo no quiero dejar mi piso de currante" (laburante), dijo, por caso, el alcalde de Cádiz, José María "Kichi" González. "La idea es no parecernos a la casta, no ser como ellos, porque venimos a desalojarlos del poder, no a mimetizarnos", añadió.

Los dichos del dirigente andaluz constituyen toda una corrección de página para Iglesias. Pero no fue el único, a lo largo del fin de semana otras voces se expresaron, primero, con sorpresa y luego, con un intento por ocultar el malestar.

No es una incomodidad nueva. Muchos en el partido que se define como un "azote contra la corrupción" ya se molestaron por la decisión de Iglesias de elevar a su pareja, Irene Montero, a número dos de la agrupación.

La presión aumentó al conocerse la decisión de ambos de comprar un chalet con piscina, jardín japonés de sueño, 2000 metros de parque y 280 metros construidos con una hipoteca de 1600 euros mensuales. Algo muy lejos de la posibilidad de aquellos a quienes representan.

Medida desesperada

La única forma de calmar el malestar fue anunciar una jugada más amplia: un plebiscito para que "las bases" decidan si tanto Iglesias como Montero deben permanecer o no en el cargo. La pregunta será justamente ésa, y no habrá referencia alguna a la compra del chalet de la discordia.

Los resultados del insólito mecanismo se conocerán el lunes que viene y se descarta un apoyo a ambos dirigentes. Igual de revelador se considera, sin embargo, el porcentaje de participación que obtenga.

"Quien vaya a votar lo hará mayoritariamente por la permanencia. Es más probable que quien discrepe con la actitud del líder se abstenga antes de votar en contra, para evitar hacer daño al partido", coincidieron analistas.

Lo que digo pero no lo que hago

A Iglesias, la compra de la casa le resultó poco menos que un bumerán. Hace poco, había puesto en duda la confianza que podría generar un político que vive en una casa "de 600.000 euros". Un precio incluso por debajo para el valor que declaró por la compra de su nuevo hogar.

"¿Entregarías la política económica del país a quien se gasta 600.000 euros en un ático de lujo?", se preguntaba Iglesias en agosto de 2012 cuando se publicó que, el entonces ministro de Economía, Luis de Guindos, se había comprado un inmueble por tal cantidad.

También suele censurar a los líderes políticos que se retiran a zonas residenciales y de privilegio. "Es peligroso el rollo de los políticos que se aíslan, que viven en chalets y no saben lo que es tomar el transporte público", dijo. Casi como un espejo de lo que ha hecho.

En marzo pasado Iglesias estuvo en la Argentina, donde se reunió con la ex presidente Cristina Kirchner, de quien ponderó "su liderazgo inigualable".

Esa visita también la valió sus críticas. Muchos llamaron la atención sobre el hecho de que quien se hace llamar "el azote de la corrupción" viajara tan lejos para entrevistarse con quien acumula causas por esa figura y tiene su patrimonio embargado por la justicia.

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