Meghan Markle: una feminista en el Palacio

Con voz propia y gestos que no pasaron desapercibidos, decidió demostrar que, para ella, ser princesa no implica renunciar a su lugar como mujer
Con voz propia y gestos que no pasaron desapercibidos, decidió demostrar que, para ella, ser princesa no implica renunciar a su lugar como mujer
Teresa Elizalde
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21 de mayo de 2018  • 16:24

Hasta hace un tiempo, en los cuentos de hadas y en la vida de Palacio, las princesas no eran feministas. Y si lo eran, se cuidaban de demostrarlo. Lo importante era salir bien en las fotos junto a su príncipe, seguir el protocolo real al pie de la letra y no alzar demasiado la voz. "Antes que ser, hay que parecer" era su eslogan. Pero una nueva ola de mujeres plebeyas pareciera copar las casas monárquicas y modificar los estándares tradicionales. Y en este giro, Meghan Markle es el ejemplo más acabado de que aquella fórmula ya quedó en el pasado.

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Esta actriz de 36 años, divorciada, declarada públicamente feminista desde muy chica, y con una fuerte voz dentro del movimiento #metoo, decidió demostrar, el sábado pasado, que, para ella, ser princesa no implica renunciar a su lugar como mujer. Y lo demostró con varios símbolos que no pasaron inadvertidos.

El primero y quizá el más llamativo fue la llegada a la Iglesia. Con la noticia de que su padre no la acompañaría al altar y que en cambio sería el príncipe Carlos quien ocuparía ese lugar, Meghan propuso una alternativa revolucionaria: entrar sola. Hizo parte del trayecto en el Rolls-Royce junto a su madre, Doria Ragland, pero luego siguió su camino ya sin ella. Se bajó del auto acompañada por un pequeño cortejo de niños, subió los escalones del brazo de nadie y, recién dentro de la Iglesia y a la mitad de recorrido, se lo daría a su futuro suegro. Luego, en el momento cumbre de la boda, cuando Harry enlazaba el anillo sobre su mano, Meghan sutilmente decidió "ayudarlo" y fue ella quien terminó de colocarse la joya. Además, decidió eliminar de sus votos matrimoniales la palabra "obedeceré" y, como broche final, en la recepción privada posterior a la boda, dio un pequeño discurso, algo que el estricto protocolo británico no permitía a las mujeres.

Ya desde que se hizo famosa por la serie Suits (a la que luego de seis temporadas sí renunció por su nuevo lugar en la monarquía británica), Meghan aprovechó sus exposiciones públicas para reclamar por el lugar de la mujer. Cuando en 2015 acudió al evento de Naciones Unidas, Stand Up for Gender Equality [Levantánte por la Igualdad de Género], Meghan pronunció un fuerte discurso en el que recordó una escena de la escuela primaria, cuando frente a un típico comercial publicitario de detergentes, se sintió tan molesta por el mensaje hacia la mujer que redactó varias cartas donde solicitaba que lo retiraran. Entre sus destinatarios figuraba Hillary Clinton.

Al igual que Lady Di, Meghan patrocina varias fundaciones benéficas y, desde la Royal Foundation, se ocupará del lugar de la mujer. Al menos así lo aclara en el sitio web de la familia real, donde dice "estar orgullosa de ser mujer y feminista". Si bien aún no ha demostrado tener el carisma de la ex esposa del príncipe Carlos, pareciera tener todos los condimentos para convertirse en una futura Diana 2.0, como lo señaló Ninaki Priddy, una de sus mejores amigas. Habrá que ver.

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