La UE se sumó al rechazo y debatirá una respuesta

Silvia Pisani
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22 de mayo de 2018  

MADRID.- Ni democráticas, ni libres, ni transparentes. Con dureza y amenaza de sanciones reaccionó la Unión Europea (UE) como bloque y alguno de sus países ya en forma individual a las elecciones con las que el presidente venezolano Nicolás Maduro prolongó su mandato hasta 2025.

Los gobiernos de España y de Alemania adelantaron su rechazo al proceso electoral, y anticiparon la búsqueda de una reacción "en conjunto" con el bloque europeo, para salvaguardar los derechos de los ciudadanos de ese país.

Con igual sentido se había pronunciado el Parlamento Europeo, que no solo rechazó el envío de una comisión observadora, sino que pidió la "suspensión" del proceso por falta de garantías.

"Estas elecciones no han tenido el mínimo estándar democrático", denunció el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, a la vez que anticipó "medidas oportunas" en conjunto con otros países europeos.

"España estudiará junto a sus colegas europeos las medidas oportunas para paliar el sufrimiento de los venezolanos", señaló, en un mensaje que escribió de forma personal en su cuenta de la red social Twitter.

El gobierno de Angela Merkel se sumó a la posición al considerar que las elecciones "no fueron libres, ni justas ni transparentes", según sostuvo el ministro de Relaciones Exteriores, Heiko Maas.

También a través de su cuenta oficial en la red Twitter, el ministerio alemán condenó lo que consideró "intentos de intimidación" contra la oposición venezolana.

Las autoridades alemanas apuntaron también a la situación de la población venezolana y exhortaron al gobierno de Maduro a que acepte la "ayuda humanitaria" que él rechaza por considerarla "innecesaria".

En Francia hubo concentraciones de ciudadanos venezolanos en protesta por lo que consideran un proceso electoral "fraudulento y carente de garantías".

Los expresidentes españoles José María Aznar y Felipe González -uno de derecha y otro de izquierda- coincidieron en censurar el proceso como una "farsa", y se sumaron al clamor a favor de una reacción internacional. La única voz expresamente discordante es la del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que, en sentido contrario al de sus pares, pidió a la UE que sea tolerante con el proceso y que se genere "un diálogo más fluido" entre partes.

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