Joe Lemonge, el joven trans condenado por "tentativa de homicidio" que denuncia amenazas de muerte

En 2016 le disparó a un hombre; según dice quería defenderse de las agresiones que sufría pero la Justicia lo condenó a más de 5 años de prisión
En 2016 le disparó a un hombre; según dice quería defenderse de las agresiones que sufría pero la Justicia lo condenó a más de 5 años de prisión Crédito: Gza. Joe Lemonge
Manuela Parajuá
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22 de mayo de 2018  • 22:13

Joe Lemonge está cada vez más cerca de quedar tras las rejas. Postergados quedaron sus sueños de convertirse en profesor de inglés y en abogado o de que su D.N.I. refleje su identidad de género: se auto-percibe hombre. Este joven trans tiene 25 años y es de Santa Elena, una ciudad de Entre Ríos. Para la Justicia es Johanna Ana Lemonge Mendoza dado que, antes de que cambiara su nombre ante la ley, se convirtió en el protagonista de una causa penal.

Ahora, por disposición del Tribunal de Juicio de Apelaciones de Paraná con asiento en La Paz (Entre Ríos) a cargo de la jueza Cristina Lía Van Dembroucke, debe cumplir una condena de cinco años y seis meses por considerarse, tal como refleja la sentencia, "autora material y responsable del delito de homicidio simple en grado de tentativa". Esta sentencia de primera instancia aún no está firme y la defensa apeló el fallo.

El hecho ocurrió el 13 de octubre de 2016. Joe disparó con un arma de fuego calibre 22 a Juan Emanuel Gimenez y lo hirió en la zona del cuello. Según el informe médico forense, este último no corrió riesgo de vida. Sin embargo, hay versiones contrapuestas sobre qué fue lo que lo llevó a cometer este delito.

"A la gente como vos hay que matarla", una historia de hostigación y amenazas

"Tenía terror", revela Joe a LA NACION. Según cuenta, Gimenez ingresó en el predio donde él vivía, forcejearon y, con un elemento cortante, su agresor lo hirió en la mano izquierda. Los amigos de Gimenez, Pablo Gonzalez y Rubén Gimenez, permanecieron cerca de la escena. Tal como explica, su miedo se debía a las amenazas que recibía constantemente de parte de ellos y al hecho de que ya habían intentado ingresar a su casa antes. De hecho, en una oportunidad, Gimenez había agredido con un "botellazo" a su mamá. Joe recalca, entonces, que "no fue al voleo" y que se trataba de "personas constantemente hostiles y violentas" hacia él.

Agrega: "Eran siempre insultos a mi identidad de género y mi condición sexual, humillaciones, amenazas constantes hacia mi persona. Me amenazaban de muerte, de que me iban a prender fuego la casa. Me decían: 'A la gente como vos hay que matarla'". Con dolor en su voz, confiesa que está "cansado de repetir las horribles ofensas" que le dedican. Según sostiene, "están totalmente ensañados" con él y "lo odian" por su físico y su identidad de género.

"Odian que mi cuerpo no encaje con la fisionomía de una chica". Joe no toma hormonas porque, como él mismo describe, tiene una imagen andrógina, es decir que "tiene rasgos externos que no se corresponden definidamente con los propios de su sexo". Y se lamenta por lo que su elección genera en otros: "El considerarme un hombre trans terminó de enojarlos y, por más de que yo lo mantuve en secreto lo más que pude, llegó a sus oídos".

El pedido de justicia de Joe Lemonge

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¿Qué sucedió el 13 de octubre?

Para el fiscal de la causa, Santiago Alfieri, hay una serie de incongruencias en el discurso de Joe. Tal como explica "este no es un caso de identidad de género sino que es un relato que quiere construir el imputado para obtener un mejoramiento en su posición. Eventualmente podría haber llegado a tener que ver con una legítima defensa pero quedó sumamente demostrado que los hechos no ocurrieron como Joe cuenta".

Si bien considera que "la carga histórica" de este joven "fue valorada a la hora de establecer la pena y la condena", en diálogo con LA NACION, enfatiza que ni "la cuestión de su auto-percercepción", ni los hechos de discriminación están en el centro del caso. Agrega: "Todo el mundo le decía cosas a Joe de chico. No es una agresión suficiente para ir a tirar tiros. Yo peso 130 kilos, imaginate qué pasaría si cada vez que en mi adolescencia me dijeron gordo hubiera salido a pegar un tiro".

Según la versión de Alfieri, "no hay agresores" sino que el joven trans vendía droga y Gimenez, junto a uno de sus amigos, fue a comprarle en la madrugada. Él se negó a venderles y les dijo: "Tomenselas o les pegó un tiro". Era la cuarta vez que iban a comprarle droga esa noche. En ese momento, el amigo de Gimenez se fue porque había realizado trabajos en la casa de Joe y sabía de la existencia del arma. Sin embargo, Gimenez insistió y le respondió: "Dale, vendeme una más no seas gila". Ahí es cuando Joe dispara, a unos 1,88 metros. "Hasta donde alcance a entender, lo hace porque lo estaban molestando", explica el fiscal.

La defensa sostiene, en cambio, que "no hay una sola prueba real y concreta de que efectivamente haya desplegado esta actividad". Incluso dicen que, en el allanamiento, no se llevaron ninguna prueba que avale esta teoría. Para ellos, esto es un "intento de ensuciar y de vulnerar aún más el buen nombre y honor ya de por sí mancillado" del joven de 25 años. Además, agregan que Joe tenía un kiosco para pagar sus estudios y destacan el hecho de que Gimenez y sus amigos reconocieron haber comenzado a consumir drogas y alcohol a las diez de la noche del 12 de octubre por lo que, al momento del hecho -que se produjo alrededor de las 6:30 de la mañana siguiente- ya llevaban ocho horas bajo estos efectos, tal como constató el informe médico del doctor policial Osvaldo Benítez.

¿Invasión a la privacidad?

Otro cruce en las versiones se da en cuanto a si Gimenez entró o no al terreno donde vive Joe. El joven trans había declarado que "ingresó en el predio" pero, según destacó Alfieri, eso no se pudo comprobar dado que en el interior no hay marcas de sangre y sí las hay en la vereda. "Todo lo que Giménez relató estando en la camilla del hospital se corrobora con la prueba objetiva de que el sangrado fue afuera de la casa, en la vereda".

La defensa se basa en lo expuesto por el doctor Benítez quien dijo que la herida del cuello es de escaso sangrado y entonces sostienen que, como tan solo había entrado 1 o 2 metros dentro del predio, pudo salir a tiempo. Además, en su declaración, Joe dice que era la cuarta vez que Gimenez ingresaba a su domicilio "con la intención de robar o atacar".

El uso del arma

Alfieri también critica las contradicciones que se dan en torno al arma en el discurso de la defensa. Joe sostiene que el disparo fue accidental, que nunca apuntó contra Gimenez y que no era consciente de que lo que estaba manipulando era un arma. De todos modos, según explicó el fiscal a LA NACION, el arma pesa dos kilos y medios y se necesita ejercer una fuerza de 1 kilo 200 sobre el gatillo para poder disparar, lo que -para él- descarta la opción de que fuera accidental.

La defensa sostiene, en cambio, que esto no anula la posibilidad de que el disparo no haya sido intencional dado que cuando el perito estaba manipulando el arma para determinar estos datos, se le disparó, también, por error.

Joe concluye su declaración al decir: "Para finalizar, mencionar y repetir el tremendo miedo que tengo hacia esa persona [Gimenez] y dejaré en claro que en ningún momento intenté ponerle fin a su vida y que solo intenté preservar la mía, dado que estas personas tienen antecedentes penales y están acostumbradas a este tipo de agresiones y que le es moneda corriente el hurto y la venta de objeto robados en el barrio en el que habitan".

La pesadilla posterior al disparo

Con ese disparo, Joe sentenció los próximos años de su vida. Lo detuvieron y le dieron arresto domiciliario. "Es una prisión preventiva morigerada que, de la prisión preventiva para abajo, es la medida menos intensa pero que nos sirve para mantener el riesgo procesal", dice Alfieri aunque lejos de ser algo "menor" para este joven, la detención y el arresto domiciliario significó horas enteras de llanto, angustia e incertidumbre.

Describe la primera noche que pasó en la Jefatura como un hecho "terrible" en el que estaba inundado de miedo. "Lloré toda la noche cuando me quedé solo", recuerda. Dice que el calabozo "era muy pequeño, estaba alejado y en pésimas condiciones" y que lo habían puesto ahí por su "condición de mujer". Opina: "No había explicación en realidad porque los calabozos estaban dividido por rejas así que podría haber estado en otro más grande y contactarme con otros chicos que no intentaban agredirme sino que me apoyaban y sentían pena de mi".

A eso le siguió la prisión domiciliaria en un departamento que alquilaba para estudiar y trabajar en la ciudad de Paraná. En ese mismo período, el 31 de octubre, murió su padre. Con la voz entrecortada cuenta que "estuvo enfermo menos de 24 horas a raíz de un extremo estrés y un problema hepático terrible". Joe se lamenta de que no pudo acompañar a su mamá en el hospital o despedirse de él. "Tuve que venir esposado, acompañado por dos custodios de la policía, para estar en su velatorio".

El incendio de su casa

Joe tenía una certeza: no quería volver a Santa Elena porque tenía miedo. "Flotaban amenazas constantes. Me decían que iban a reventar todo, que iban a usurpar la casa de mi mamá y que si volvíamos me iban a pegar un tiro y que iban a quemar todo lo que quedaba, conmigo adentro".

En el terreno donde vivía el joven trans había tres construcciones: el hogar de sus padres, una casa prefabricada donde vivía Joe y un depósito. Una noche estaba durmiendo en la de su mamá y, cuando despertó, salió y vio su vivienda incendiada. "Estoy 100% seguro de que fue Juan [Gimenez]". Incluso dice que Eduardo Muñoz, un vecino que murió al poco tiempo, los vio llegar a él y a sus amigos y patear la puerta. "Salí gorda de m... a ver si ahora me pegas un tiro, te voy a reventar, te voy a prender fuego", dice que le gritaban.

"De todo este hecho hay al menos tres testigos y una denuncia que está radicada ante el Fiscal Maximiliano Hass, quien investiga el hecho", se lee en el expediente donde también se constata que Joe y su familia pidieron custodia policial tras las amenazas de muerte. "Abro la puerta de la casa de mi mamá y todos los días veo la ruina de mi casa", relata Joe.

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