Los cazanazis alemanes, una lucha contra el reloj y la muerte

El fiscal Jens Rommel, director de la Oficina Central de Investigación de los Crímenes del nazismo Fuente: AFP
22 de mayo de 2018  • 11:59

LUISBURGO, Alemania.- En la ciudad alemana de Luisburgo, un pequeño equipo de investigadores rastrea en todo el mundo a los últimos criminales nazis vivos, una carrera urgente contra el reloj y la muerte.

"Juntamos las pequeñas piezas de información, como si fueran un puzzle, para averiguar quién estaba ejecutando qué rol, desde qué fecha hasta qué fecha" explica el fiscal Jens Rommel.

Desde 2015, Rommel dirige la Oficina Central de Investigación de los Crímenes del nazismo, mientras los últimos perpetradores, cómplices, testigos y supervivientes del nazismo, están muriendo.

La sede de la Oficina de Investigación de los Crímenes del nazismo Fuente: AFP

Una vez que todos los responsables hayan muerto, Alemania podrá cerrar la parte judicial de este capítulo negro de su historia, en el que el régimen nazi ordenó el exterminio de seis millones de judíos y cientos de miles de otros grupos durante el Holocausto .

Durante décadas, el gobierno y el sistema judicial alemán parecieron tener poco apuro para buscar a los involucrados en el nazismo. Pero en 2011 se produjo un cambio histórico, con la condena a cinco años de prisión de John Demjanjuk, que trabajó en 1943 como guardia en el campo de exterminio de Sobibor (Polonia), entonces un territorio ocupado por los nazis.

Esta sentencia abrió la vía a procesar por complicidad a cualquiera que hubiera trabajado en los campos de concentración, desde soldados a contables.

Antes de este juicio "nunca pusimos el ojo en los engranajes más pequeños de la máquina", dice el abogado Andrej Umansky, autor de un libro sobre el Holocausto en Europa del Este.

Desde entonces el cambio legal dio una oportunidad "de dar voz a las víctimas, a sus familias y a sacar a la luz los hechos", asegura.

De Moscú a Buenos Aires

El equipo de Rommel, compuesto por cinco fiscales, dos jueces y un policía, investiga por todo el mundo en busca de la verdad.

Después de la Segunda Guerra Mundial, muchos nazis huyeron a América del Sur, entre ellos uno de los arquitectos del Holocausto, Adolf Eichmann, que terminó en Buenos Aires .

La ficha de Adolf Eichmann Fuente: AFP

Allí fue secuestrado por un comando israelí en 1960, gracias a la información del fiscal alemán Fritz Bauer, que actuó indignado por la falta de avances judiciales en su propio país.

Para los nazis menos conocidos, el equipo de Rommel recurre a los archivos.

"Todos los barcos que llegaban [a América de Sur] fueron registrados. Hemos revisado todas las listas de pasajeros y tripulantes", explica Rommel.

También revisaron los registros de inmigración, las demandas de naturalización en la Argentina y los datos de la embajada alemana.

Adolf Eichmann, en 1962, durante su juicio en Israel tras ser capturado por el Mossad en la Argentina Fuente: Archivo

"Le debemos a la historia" y a los millones de víctimas "la lucha contra el olvido", dice Peter Haeberle, un funcionario del ministerio de justicia regional del estado de Baden-Wurttemberg, donde está Luisburgo.

Críticas

El equipo no ha escapado a las críticas, como las del diario Die Welt, que denuncia el presupuesto a veces exorbitante de sus misiones. Otros critican el pequeño número de criminales que comparecen hasta la justicia.

Hasta 2012, cerca de 6498 personas habían sido condenadas por su papel en el Holocausto. En Luisburgo, el equipo de investigadores tiene 1,7 millones de fichas guardadas por orden alfabético en cajas de metal. Se trata de la única base de datos de los criminales nazis y de los crímenes que se les atribuyen.

La ficha de Josef Mengele Fuente: AFP

En las fichas figuran todos los nazis identificados hasta ahora -desde Hitler hasta los soldados rasos o los asistentes que les ayudaron- así como el lugar de los crímenes.

Es el caso Josef Mengele (ficha 3 AR-Z 95/59), conocido como el "Ángel del muerte", el médico de Auschwitz que realizó horribles experimentos con los presos. Mengele murió en 1979 en Brasil tras haber evitado durante toda su vida la captura y la justicia.

José Antonio de Mello, de la morgue de San Pablo, muestra a los medios la calavera de Josef Mengele en Embú, Brasil, en 1985 Fuente: Archivo

Sin embargo, muchos nazis se sentaron en el banquillo y algunos terminaron en prisión.

"Tenemos que aprovechar cada día si queremos tener la oportunidad de llevar a alguien más ante la justicia", dice Rommel.

Agencia AFP

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