Alumnos bajo control en China: usan reconocimiento facial en aulas para que no se distraigan

Un ejemplo de como funciona las técnicas de reconocimiento facial en las aulas
Un ejemplo de como funciona las técnicas de reconocimiento facial en las aulas Fuente: AP - Crédito: Mark Schiefelbein
Adrián Foncillas
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24 de mayo de 2018  • 09:59

PEKÍN.- Ni las mentes infantiles evitan el escrutinio en China . Un sistema informático de reconocimiento facial mide la atención de los estudiantes y avisa al profesor si se distrae. Es el último indicio del empeño por extender la distopía orwelliana a cualquier rincón del país.

El experimento ya funciona en un colegio de Hangzhou (capital de la provincia oriental de Zhejiang). Tres cámaras colocadas sobre el pizarrón escanean cada 30 segundos los rostros de los chicos y mandan la información a una computadora. Esta clasifica sus expresiones en siete emociones (neutra, feliz, triste, decepcionado, molesto, asustado y sorprendido) y aplica algoritmos para medir su concentración. Si concluye que están dispersos, envía inmediatamente una notificación al profesor. El sistema también discierne si los estudiantes leen, escriben, levantan la mano o duermen sobre el pupitre.

Al método se le conoce como "Sistema inteligente de gestión del comportamiento en las aulas" y, con menos pompa, como "Ojo inteligente". Por ahora se ha instalado en una clase pero el plan prevé extenderlo a todo el colegio antes de verano. La experiencia, publicada en la prensa local, es juzgada como tremendamente exitosa por todos.

"Antes, cuando estaba en clases que no me atraían mucho, me invadía la fiaca y cabezeaba o miraba otros libros", explicó un estudiante a la web oficial Hangzhou.com. "Pero no me animo a distraerme desde que instalaron las cámaras, son como un par de ojos misteriosos que me vigilan sin descanso", ha añadido. Y subraya que la concentración ha aumentado en toda la clase.

No me animo a distraerme desde que instalaron las cámaras, son como un par de ojos misteriosos que me vigilan sin descanso
Estudiante

El sistema no es más que "un asistente del profesor para mejorar la calidad de la enseñanza", señala Ni Ziyuan, director del centro. Ha negado que invada la privacidad de los estudiantes porque sólo graba sus expresiones y no sus imágenes. Y, en cualquier caso, la información no se guarda en la nube sino en un servidor local.

La acotación es pertinente. La iniciativa en los colegios había generado estupefacción incluso en una sociedad ya acostumbrada a la intrusión concienzuda en sus vidas y que parecía tolerarlo todo. Pero la fiscalización infantil les resultó excesiva incluso a los que nunca se habían preocupado por el derecho a la intimidad.

La escuela ya aplicaba el reconocimiento facial para pedir libros en la biblioteca y ordenar el menú en el restaurante. Los padres reciben cada mes un informe detallado sobre lo que han comido.

Un profesor de la Universidad de Sichuan experimentó dos años atrás con un método informático que medía el aburrimiento de los alumnos. Su objetivo era conseguir que sus clases fueran más amenas.

El reconocimiento facial también funciona en los accesos a centros como la Universidad Normal de Pekín para evitar que las jóvenes metan a sus parejas en los dormitorios.

Control total

China no camina sola hacia el control de su población aunque su cuadro parece más inquietante. Durante décadas hubo de satisfacer su obsesión por la seguridad con métodos pedestres, pero el desarrollo de su tecnología en los últimos años ha disparado su sofisticación. Tampoco tranquilizan sus etéreas leyes sobre protección de datos ni su escaso tacto con cualquier elemento que perciba como hostil. El Ministerio de Seguridad Pública aprobó en 2015 un proyecto para levantar un sistema que permita identificar a sus 1300 millones de habitantes en apenas tres segundos contrastando su carné de identidad con la imagen tomada por alguna de las cámaras que salpican cualquier calle china. China ha desplegado ya 170 millones y añadirá otras 400 millones en los próximos tres años.

La prensa oficial reveló en febrero que cuatro policías apostados en la estación de tren de Zhengzhou (capital de la provincia central de Henan) supervisaban a la muchedumbre con unos anteojos de sol que contaban con una cámara conectada a un aparato similar a un celular. Este enviaba la información a una computadora central de la policía e instantáneamente se identificaba a los viajeros con su nombre, etnia, género y dirección.

Ya no basta con diluirse en la masa para eludir el arresto. Durante la gira del celebérrimo artista hongkonés Jacky Cheung por la China continental ya fueron cazados tres fugitivos en apenas dos meses. El segundo afirmó tras ser detenido en Nanchang (provincia de Jiangxi) que se sentía seguro entre los 50.000 seguidores. También se identifica en Shenzhen a los conductores sin licencia y en Shanghái a los peatones imprudentes.

El reconocimiento facial ha sustituido a la tarjeta para extraer dinero en los cajeros de algunos bancos, la aerolínea China Southern la utiliza para embarcar y en un reciente maratón en la capital evitó que los participantes tomaran atajos. Está presente en locales de una cadena de comida rápida estadounidense e incluso un baño público cercano al pequinés Templo del Cielo escanea la cara para evitar que los vecinos esquilmen una y otra vez el papel higiénico.

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