Armando Bo saca su instinto Animal

Mariana Arias
Mariana Arias PARA LA NACION
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23 de mayo de 2018  • 00:58

Un hombre no puede dejar de lado las reglas, esas pautas que lo llevaron a construir una vida ordenada, una historia común, una familia tipo, donde aparentemente todo es amor y comprensión. Con una mujer que comparte sus problemas, sus alegrías, con la que tiene total afinidad. Calma, orden, previsibilidad. Y, de pronto, aparece la posibilidad de la muerte y ese mismo hombre, que lleva a los chicos al colegio, que respeta a su esposa, que trabaja sin quejas en la gerencia del frigorífico de la ciudad donde vive, se vuelve un animal sin escrúpulos.

Se levanta a la mañana, se lava los dientes, se viste, saluda a sus hijos, se reúne con su familia en la cocina para tomar el desayuno, intercambia palabras de afecto, se besa con su mujer con algo de pasión y sale a correr. Enfrenta su rutina con una sonrisa dibujada. El mar de fondo, las olas marplatenses, le dan la energía que cualquiera soñaría tener a diario. Sin embargo, hay algo en su interior que no funciona bien, una enfermedad que está ahí, agazapada. Él no lo sabe. Su cuerpo le avisa con un desmayo. El cuerpo siempre exterioriza lo que no queremos o no podemos ver. De un plano secuencia (que abre la película y le da movimiento, recorrido, cotidianeidad), a un plano americano de Antonio (Guillermo Francella, uno de los más versátiles actores argentinos) frente a la escollera, cerca Playa Grande, camino al puerto de "la Feliz", el protagonista cae, desaparece de la imagen. El lenguaje que crea Armando Bo (director y guionista de Animal) nos lleva a la triste situación de un hombre conectado a una unidad de diálisis. Antonio borra el gesto placentero de su cara, que revelaba una vida sin sobresaltos. Su historia cambió en un segundo, sólo hizo falta un instante para volver todo más gris. Empieza a sentir una desesperación que nunca antes había experimentado. ¿Qué serías capaz de hacer para salvar tu vida? ¿Quién nos dijo que podíamos controlarlo todo?

Animal, el film de Armando Bo -cineasta y guionista que ganó un Oscar al mejor guión original por Birdman, de Alejandro González Iñárritu y en equipo con su primo Nicolás Giacobone- que dirige y se estrena el 24 de mayo en Argentina tiene un timing insuperable, un ritmo que mantiene al espectador sin poder distraerse ni un segundo de la imagen, del texto, de la escenografía, del arte, la música. Todo juega a favor de una narrativa limpia que sacude y confirma el talento de un fiel heredero de los Bo. Con la misma pasión que su abuelo y su padre (Víctor Bo), el nieto del homónimo Armando Bo, pionero del cine, figura enorme que se inició como actor, más tarde director y productor, protagonista de uno de los films más representativos del cine argentino: Pelota de trapo, y marca registrada del cine erótico de los años sesenta junto a la Coca Sarli, supo encontrar camino propio dando todo, a cada paso, con persistencia y creatividad sin reglas. Arrancó como meritorio en el mundo de la publicidad, filmó 120 comerciales y ganó más de 50 premios. Produjo, escribió y dirigió algunos de los capítulos de The One Percent, una serie sobre una familia de granjeros en la que trabajó una vez más con el mexicano Iñárritu. Antes de ganar el Oscar por el guión de Birdman, fue guionista en la película Biutiful, protagonizada por el español Javier Bardem. Una trayectoria que lo convierte en blanco de expectativas. Son promesas que se consagran en un thriller psicológico que no lo es tanto, que mezcla géneros, que no le impide el humor, ni la ironía.

Las actuaciones de Guillermo Francella y Carla Peterson (ambos en roles completamente alejados de trabajos anteriores), enriquecen la trama de manera sustancial, al igual que el trabajo de Federico Salles y Mercedes De Santis, quienes conforman la pareja que podría, con extremas exigencias, salvarle la vida al protagonista. El sistema no funciona, la burocracia mata. "Se nos ríen en la cara", dice Antonio. La espera, el miedo, la ineficiencia de una organización sanitaria que no te da lo que necesitas, ¿te pueden llegar a convertir en un animal? Antonio se siente encerrado y rompe las reglas. El tiempo se acaba y tiene que actuar. Tiene que tomar una decisión casi imposible, que, a su vez, obliga a su entorno a optar. Las máscaras se caen, se develan los verdaderos sentimientos de los personajes y cuánto están dispuestos a arriesgar dominados por su propio egoísmo. El rojo es el color que domina la película: la sangre, la carne, la pasión. Desde el principio al fin vibra en cada fotograma, en cada cuadro, plano, en cada puesta, en la música de Pedro Onetto cuya versión de You can´t always get what you want (no siempre obtienes lo que quieres)deja el mensaje de su realizador, Armando Bo, que finalmente es el verdadero protagonista de un film que será indispensable ver en el cine. Un film que le permite sacar su propio instinto animal.

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