Estados Unidos y sus aliados ante la cuestión iraní

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23 de mayo de 2018  

Mientras que Corea del Norte parece haber elegido transitar el camino del diálogo para tratar de resolver sus diferencias y tensiones con el resto del mundo, Irán , en cambio, se ha transformado en la preocupación central de la comunidad internacional en materia de paz y seguridad.

El mundo ha sido testigo del desafío planteado por la reciente decisión del presidente Donald Trump de dejar unilateralmente de lado el acuerdo celebrado por la comunidad internacional con Irán en 2015. Tras 12 años de paciente diplomacia, ese acuerdo procuró desacelerar el peligroso programa nuclear iraní y monitorear mínimamente su curso para evitar posibles desvíos o engaños, de modo de asegurar que tuviera solo fines pacíficos y no militares. Fue arduo y trabajoso en su momento el arribo a aquel acuerdo.

El programa nuclear iraní, que estuvo en marcha desde hace muchos años pero se lo mantuvo oculto, ha sido ahora la razón de la ruptura entre los países del Atlántico y el de los persas. Ese programa data de la década de 1950, durante el gobierno del sha Mohammad Reza Pahlevi. Tras la revolución que lo derrocó, sufrió una interrupción hasta que se reanudó. Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, la Argentina proveyó al régimen de material nuclear para usos pacíficos. Esa colaboración cesó en 1993 por influjo de los Estados Unidos

Otra muy perturbadora grieta se abre entre las visiones de los Estados Unidos y las de los principales países de Europa, sus aliados. Ese poco tranquilizador desacuerdo es, quizás, el más grave que se ha evidenciado hasta ahora en materia de paz y seguridad desde que los largos años de la Guerra Fría llegaron a su fin.

La realidad indica que el programa nuclear iraní encierra un alto peligro, en especial para los países de la región, porque es bien sabida la larga tradición que tiene el régimen de los ayatolás en materia de injerencia en los asuntos de otras naciones. Hay que recordar la manifiesta presencia iraní en Yemen y en Siria, y el apoyo de Teherán a numerosas acciones terroristas.

Resulta no menos preocupante y alarmante que Irán sea hoy, además, el principal país exportador de terrorismo en el mundo, y a ello se suma la dura, pero indiscutible realidad de que Europa aún depende sustancialmente de los Estados Unidos en lo que hace a sus propias necesidades en materia de defensa.

Por todo esto, la cuestión iraní se ha transformado en una preocupación inocultable dentro de la siempre delicada agenda de paz y seguridad del mundo, muy especialmente en aquellos países que, como el nuestro, han transitado experiencias que advierten sobre la enorme peligrosidad del accionar externo del régimen de Teherán, por lo que solo cabe renovar las alertas.

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