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River-Flamengo: Franco Armani se despidió con el arco en cero antes de sumarse a la selección

Copa Libertadores Fase de grupos
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River Plate

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Juan Patricio Balbi Vignolo
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23 de mayo de 2018  • 09:12

"Ponelo a Armani si querés salir campeón". El Monumental despidió a lo grande a Franco Armani , el arquero que en cuatro meses se volvió amo y señor del arco de River para cumplir el sueño de jugar el Mundial Rusia 2018 . Ese grito que se escuchó por primera vez ante San Lorenzo, en la despedida de la Superliga, envuelve su deseo, el del público millonario y el de gran parte de los hinchas argentinos: su presencia como titular en Rusia.

El 0-0 ante Flamengo , que dejó a River en el primer lugar del Grupo D, no fue un partido más para el hombre de 31 años nacido en Casilda, Santa Fe. Millones de ojos estaban posados sobre él, especialmente después de que la pelea por el buzo del seleccionado quedara entre sus guantes y los de Wilfredo Caballero, ante la lesión de Sergio Romero que lo dejó afuera de la convocatoria.

Lejos de achicarse, su solvencia y personalidad volvieron a decir presente: tuvo una sobria actuación en un modesto empate para mantener el cero por decimotercera vez en sus 21 presentaciones en el club de Núñez.

Con tan solo 10 goles en contra en el semestre, y uno en los últimos 10 juegos, desde hoy comenzará a entrenarse en Ezeiza con la selección, después de que a principios de la semana en Núñez rechazaran el pedido de Jorge Sampaoli para contar con él desde el martes (tras la lesión de Romero no hubo otra solicitud y se respetó la decisión de River, amparado por el reglamento de FIFA).

A diferencia de Juan Fernando Quintero, quien solicitó la licencia para sumarse a las prácticas de Colombia, el arquero no le pidió al cuerpo técnico que lo dejaran salir: quiso jugar el partido con Flamengo. Y volvió a destacarse, como si supiera que era una prueba televisada: desactivó un potente remate de Paquetá a los 7 minutos -la situación más clara del equipo brasilero-, se mostró seguro para salir a cortar las pelotas que llegaron al área, circuló bien el balón con los pies y simplificó cuando debió hacerlo, fiel a su estilo.

Pero su noche comenzó mucho antes del pitazo inicial. A las 21.09, cuando salió al terreno de juego a realizar los movimientos precompetitivos y recibió los primeros cariños del público. "Para Armani, la Selección", gritaron los hinchas que ya se habían ubicado en un estadio que recién empezaba a poblarse. Saludó, aplaudió y se enfocó en la tarea del día, tal como lo indica una de las frases que más repite cuando tiene un micrófono enfrente: "hay que seguir trabajando".

Luego, a las 21.30, la pantalla del Monumental mostró su imagen y la voz del estadio lo presentó, generando una nueva marea de aplausos. Vestido de celeste, con guantes naranjas y botines rojos, al salir al terreno de juego y ubicarse en el arco que da a la popular Sivori, volvió a ser ovacionado y el público cantó nuevamente "ponelo a Armani si querés salir campeón". Esta vez, concentrado en el inicio del partido, no reaccionó: solo abrió los brazos hacia los costados para rezar.

Hace cuatro meses, Armani se tomó un avión desde Colombia a la Argentina con una valija cargada de ilusiones. Dejó Atlético Nacional, su lugar en el mundo, para afrontar el desafío de atajar en River y buscar su pasaje al Mundial, el gran sueño de su vida. Lo consiguió: mañana empezará un nuevo capítulo de una vida que parece tener más historias para contar.

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