¿Hay un giro político hacia la derecha en Brasil?

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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24 de mayo de 2018  • 01:47

En octubre próximo Brasil elegirá a un nuevo presidente. Con Luiz Inacio "Lula" da Silva fuera de concurso -y en la cárcel, por corrupción- la izquierda brasileña ha perdido a su candidato más popular. A su mejor espada, entonces. Una vez más, la incertidumbre campea en los pronósticos que pretenden anticipar quien podría finalmente imponerse en la contienda electoral de octubre.

Por el momento las intenciones de voto favorecen relativamente al candidato de derecha, Jair Bolsonaro, que tiene en su favor a un 17% de los encuestados. Nada definitivo, parece evidente. Pero es, sorpresivamente, el actual líder.

Hablamos de un parlamentario experimentado, de ideas que generan controversias por su frecuente subido tono derechista. Particularmente en temas socialmente sensibles, como aquellos que tienen que ver con la mujer, la seguridad personal, la homosexualidad, y el combate al delito.

En los partidos de centro algunos han quedado desteñidos por los escándalos de corrupción que han afectado también a muchos de sus dirigentes.

La izquierda, por su parte, está debilitada, no sólo por la dura condena a prisión por corrupción de su máximo líder, el ex presidente "Lula", sino por la desastrosa gestión de Dilma Rousseff, que dejó su país empantanado en una suerte de anemia económica y visiblemente escéptico respecto de su actual "clase política".

Los 60.000 asesinatos de los que Brasil fuera testigo en el 2017, agregan otra dosis de preocupación popular que impacta ciertamente sobre los votantes. Particularmente sobre los más jóvenes, que conforman nada menos que el 60% de los seguidores de Jair Bolsonaro.

La situación actual de la democracia brasileña es compleja. Prueba de lo cual es que -según algunas encuestas- el 37% de los brasileños apoyaría a un golpe de Estado que se comprometiera a desterrar el crimen. Y que un 35% lo haría si se tratara de acabar con la corrupción. Esos guarismos son, en sí mismos, algo intranquilizadores.

Bolsonaro, que fuera alguna vez católico, ahora se ha rebautizado y convertido al protestantismo y hoy milita entre los llamados "evangélicos", que han crecido mucho en Brasil a lo largo de las últimas décadas. Por esto tiene un gran apoyo entre la feligresía que comparte su credo actual. No obstante, sus dichos sobre temas sensibles suelen -como hemos señalado- ser extremos y, por ello, generan una cuota de inquietud entre muchos de los votantes.

Dejando a un lado la difícil situación de "Lula" da Silva, por el momento la de Bolsonaro es la opción que -según las encuestas- pareciera ser la más atractiva para el electorado brasileño. Pero el eventual triunfo de Bolsonaro está muy lejos de parecer "asegurado". No es imposible, pero sería una sorpresa. Por esta razón, los interrogantes parecen estar aún abiertos respecto de quien podrá, de pronto, terminar siendo el próximo presidente de Brasil. Esto es todo lo contrario a la previsibilidad, naturalmente.

Los brasileños parecían tener asimismo otra importante opción presidencial posible. La del popular ex presidente de la Suprema Corte, Joaquim Barbosa, que se afilió al Partido Socialista de Brasil el pasado 7 de abril, dando así lugar a especulaciones de que lo hizo precisamente para poder lanzar -desde ese espacio- su candidatura presidencial. Barbosa es un hombre que, por su excelente trayectoria y antecedentes, lucía capaz de reconciliar a Brasil. A los 63 años, el ex magistrado, un reconocido excelente abogado de color, acaba sin embargo de renunciar a la posibilidad de ser candidato presidencial.

Entre sus explicaciones acerca de la decisión adoptada, Barbosa calificó severamente de "nauseabundo" al actual clima político de su país. Y se mostró muy desalentado por el acenso de la candidatura del parlamentario derechista Jair Bolsonaro, al que algunos llaman ahora: "Batman".

Barbosa, cabe recordar, aún antes de lanzarse formalmente al complicado ruedo de la política, recogía intenciones de voto que oscilaban entre un 8% y un 16%. Nada mal, para un principiante en esas lides.

La decisión de excluirse de la carrera presidencial de Joaquim Barbosa ayuda a otros competidores. Me refiero al ex gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin, quien no obstante carece de carisma, apunto tal que se lo ha bautizado como: "helado insípido". Y también a la ecologista Marina Silva, así como a Ciro Gomes, ambos candidatos de centro izquierda que aún siguen en carrera, con la vista puesta en Brasilia.

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