Hace cuatro años no puede caminar y se propuso ayudar a 50 personas en su misma situación

Alberto sonríe al haber alcanzado su objetivo solidario
Alberto sonríe al haber alcanzado su objetivo solidario
Teresa Zolezzi
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24 de mayo de 2018  • 11:43

Más allá de que su cuerpo no es el mismo, Alberto Borga confiesa que la enfermedad tocó una fibra de su alma que estaba dormida y cambió su mirada. "Me hizo ver que hay mucho por hacer para dar una mano, no sólo en lo material sino también en lo espiritual. Ayudar es lo mejor: como familia nunca fuimos tan felices", asegura.

Alberto tiene 69 años y hace cuatro le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa poco frecuente. Lejos de encerrarse en su propio dolor, la difícil situación que le tocó vivir despertó su deseo de ayudar a otros y lo llevó a proponerse un ambicioso objetivo que hoy celebra haber alcanzado: conseguir 50 sillas de ruedas para personas que, al igual que él, las necesitan para trasladarse, pero que no tienen la posibilidad de comprarlas.

"Yo sé lo que es tener que estar sentado durante toda la vida en una silla de ruedas. Eso me influyó en lo espiritual, y me surgieron las ganas de ayudar a los que están pasando por lo mismo y no tienen recursos económicos", explica Alberto. Para él, su enfermedad (que afecta a las células nerviosas del cerebro y de la médula espinal), fortaleció la unión de su familia y le enseñó algo nuevo: el valor de darse a los demás.

En su departamento de Olivos, donde vive con Patricia, su mujer, y uno de sus dos hijos, recuerda cuáles fueron los primeros síntomas de alerta que manifestó su cuerpo. Al principio, sólo se trató de un intenso dolor cervical, pero la preocupación aumentó cuando al intentar hacer determinados movimientos con sus manos, éstas no le respondían. Consultó en vano con varios kinesiólogos y traumatólogos hasta que, finalmente, decidió visitar al neurólogo.

Cuando el médico le comunicó el diagnóstico, se quedó sorprendido frente a la actitud de Alberto, quien le respondió: "Lo único que podemos hacer es afrontarlo". Hoy, mantiene el mismo espíritu optimista, aunque su movilidad se redujo significativamente y tuvo que dejar su trabajo como vendedor de autopartes. Sin embargo, le encanta salir a pasear por su barrio, donde logró que se construyeran más rampas para mejorar la accesibilidad. También hace gimnasia acuática con su mujer, que es profesora de esta disciplina.

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"La silla de rueda es como tus piernas y representa la libertad", asegura Alberto. Por eso, decidió colaborar con quienes, por una discapacidad o un problema de salud, no pueden acceder a una silla. Entre sus beneficiarios se encuentran desde personas en situación de calle hasta niños y adultos que viven en distintos rincones de la Argentina e incluso en países vecinos como Bolivia y Paraguay.

Para juntar el dinero y comprar estos dispositivos, recurrió a la generosidad de sus seres queridos que se sumaron a la causa. "Simplemente fui un intermediario entre quienes tienen la necesidad y aquellas personas que aportan. Cuando mis amigos venían a visitarme y me preguntaban: "¿En qué te podemos ayudar?" Yo les respondía: vos dame plata", dice entre risas Alberto. "Cada silla de ruedas es una misión cumplida porque fue destinada al que la súper necesita", agrega.

Las sillas de ruedas llegaron a 50 personas
Las sillas de ruedas llegaron a 50 personas

Para embarcarse en este proyecto solidario contó con el apoyo incondicional de Patricia. Ambos conocen la historia detrás de cada una de las 50 sillas donadas en dos años. Entre muchas de estas historias su esposa se emociona al recordar la de un niño que tenía un tumor cerebral y, al no contar con una silla de ruedas, su papá lo tenía que alzar cada vez que lo llevaba al hospital. Cuando recibió la donación, su padre se tiró al piso de tanta emoción y agradecimiento.

Entre otra de las personas beneficiarias está Oscar, que rondaba los 90 años, tenía Alzheimer y falleció hace unos meses. Su mujer, Rosa Baradel, que no contaba con el dinero para comprar la silla, expresa: "Estoy muy agradecida porque su ayuda nos salvó. Mi marido pudo usar la silla durante sus últimos meses de vida y gracias a esto mi nieta lo sacaba a pasear y él sonreía", sostiene Rosa.

Cuando su pareja falleció, Rosa decidió devolverles la silla a Alberto y a Patricia para que ellos encuentren a otra persona a quien donarla. Actualmente, está a disposición para quien la necesite y no tenga cómo comprarla, los interesados pueden escribir a chief.borga@gmail.com

Fundación ELA

El año pasado Alberto fue elegido por la Fundación ELA para protagonizar un spot de concientización sobre esta enfermedad que padecen 4000 argentinos y cuyas causas se desconocen. La asociación civil está conformada por un grupo de pacientes y familiares afectados por la ELA con el fin de facilitar información, contención y orientación.

Buscan proteger sus derechos, promover la investigación, capacitar a profesionales de la salud e incidir en políticas públicas para la búsqueda de la cura de esta enfermedad degenerativa y terminal.

www.asociacionela.org.ar

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