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Ubuntu 18.04, un castor biónico con soporte por cinco años

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
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26 de mayo de 2018  

Linux nació en 1991 como el hobby de un estudiante de sistemas finlandés llamado Linus Torvalds. Tras publicar el núcleo de un hipotético sistema operativo basado en Unix para plataformas x86 (o sea, la PC convencional) bajo la Licencia Pública General (obra genial de Richard Stallman), el hobby de Torvalds se convirtió en el aglutinante imperfecto de una obra precedente, enorme, que el propio Stallman había puesto en marcha en 1985. Torvalds veía esta obra como algo grande y profesional de lo que nunca podría participar. Iba a ocurrir todo lo contrario.

La idea de Stallman -su obsesión, puedo asegurar, tras haberlo conocido personalmente en 2001- era que todo el software debía ser libre. Stallman fundó la Free Software Foundation (FSF) y escribió -en un esfuerzo épico- el primer compilador libre, la piedra fundacional de una manera de desarrollar software que hoy aprovechan desde Google hasta el Gran Colisionador de Hadrones. También escribió la Licencia Pública General, o GPL, el paraguas legal que permitió al frágil proyecto inicial permanecer inmune a un número de amenazas con las que se enfrentaría.

¿Por qué el kernel de Torvalds fue un aglutinante imperfecto? Unix tiene una arquitectura muy interesante. Se trata de un rompecabezas de muchas piezas, muchos programas (digámoslo así) pequeños que hacen tareas muy específicas. Esto tiene un número de ventajas, pero además fue clave en el desarrollo del proyecto de Stallman en general y de Linux en particular. Varios grupos de programadores empezaron a crear las piezas para hacer un clon libre de Unix, que se habría de llamar Proyecto GNU. La FSF tomó para sí el desarrollo del kernel, el núcleo, el componente central del sistema operativo. Lo llamaron GNU Hurd, pero mientras las otras piezas iban quedando listas, Hurd seguía en veremos.

Entonces apareció, desde el lugar menos esperado, un muchacho de 21 años con un kernel que andaba (o algo así) y poco a poco programadores de todo el mundo se abocaron a mejorarlo. Torvalds siempre fue (y sigue siendo) el que toma la última decisión sobre las nuevas versiones del núcleo, y todo el asunto es mucho menos romántico de lo que se ve desde afuera. O sea, en todos lados se cuecen habas y el software libre tiene tantas internas como cualquier otra organización.

En todo caso, el kernel de Torvalds vino a completar el rompecabezas del Proyecto GNU. Linux debería llamarse GNU-Linux, porque todas las piezas, excepto el kernel, fueron obra de la FSF. Pero el nombre Linux es más pegadizo, y resulta difícil lidiar con eso.

¿Por qué GNU? Son las siglas de GNU is Not Unix (porque no es una copia de aquél sistema operativo). Se trata además de un guiño entre programadores, "y se pronuncia Ñú", me explicó en 2001 Stallman. Por eso el emblema de la FSF es el dibujo de este antílope africano. Pero hay todavía otra vuelta de tuerca. Ñú suena como new, "nuevo" en inglés, algo con lo que Stallman se entretenía haciendo juegos de palabras.

En todo caso, Hurd sigue en desarrollo, mientras que GNU-Linux, usando el kernel de Torvalds, revolucionó la industria del software y, por lo tanto, gran parte de todas las demás industrias.

En 2004 apareció Ubuntu, una distribución de Linux de la compañía Canonical. Canonical fue fundada por Mark Shuttleworth, un empresario sudafricano que se había hecho rico gracias al software libre, y que decidió devolverle a la comunidad algo de esa fortuna. Solventa desde entonces una distribución de Linux que, en sus orígenes, aspiraba a ser "más fácil que Windows". Casi 14 años más tarde, Ubuntu ha alcanzado gran parte de esa meta. Fue además un ejemplo para las otras distribuciones, que también se volvieron más amigables.

Pero para cuando Ubuntu empezaba a volverse un actor relevante, la PC abandonaba el centro de la escena, reemplazada en muchos casos por un smartphone. Al mismo tiempo, en un rebrote impredecible del hobby de Torvalds, Linux se convirtió en el kernel más usado del mundo. ¿Por qué? Porque Android usa el núcleo de Linux. (A propósito, como se puede ver, solemos usar Linux para hablar indistintamente del kernel y del sistema operativo, lo que puede conducir a varias confusiones. Android, por ejemplo, usa el kernel, pero no califica como una distribución de Linux.)

El Linux de abril

No obstante, que la PC haya salido del centro de la escena no la convierte en una especie en extinción (como se pretende desde hace una década). Casi todo lo que consumís en tu smartphone se produce en una computadora de escritorio. Código fuente, video, música, animación 3D, texto, videojuegos, apps, todo eso se hace en una computadora de las que no caben en el bolsillo. En el caso de la PC, Ubuntu es una solución segura, fácil de usar, gratis y (si me permiten insistir con este concepto que considero clave) libre.

Desde su lanzamiento, las versiones de Ubuntu se presentan en abril y en octubre (salvo la 6.06, que debió postergarse) y se numeran usando dos cifras para el año y dos para el mes. La más reciente, llamada Bionic Beaver (Castor Biónico), es, pues, la 18.04. Lo del castor biónico es otra convención, que combina adjetivos con nombres de animales (lo que convierte al adjetivo en bastante delirante, adrede). El orden alfabético arrancó en la tercera versión. Se usa sólo el adjetivo para referirse a cada versión.

En el segundo trimestre de los años pares, sale una versión con soporte de largo plazo, conocida como LTS, por sus siglas en inglés, que reciben actualizaciones durante cinco años; tienden a ser menos experimentales y más adecuadas a máquinas de producción. Las demás reciben actualizaciones durante 9 meses, pero al mismo tiempo traen las tecnologías de vanguardia que Ubuntu va incorporando.

Bionic es, en ese sentido, un poco raro (y esto no es malo). Se trata de una versión LTS, pero a la vez resulta una de las ediciones de Ubuntu más interesantes de los últimos años. Por ejemplo ( la lista es mucho más extensa), Canonical decidió regresar al servidor de pantalla X, dejando atrás al problemático Wayland. Gnome sigue siendo el entorno de escritorio, aunque con algunos cambios que, en general, son bienvenidos: más ordenado, limpio e intuitivo. LibreOffice ya está en la versión 6.0 (la estable es 5.4.7) y se han incorporado medidas para mitigar las (gravísimas) vulnerabilidades Spectre y Meltdown, originadas por Intel y presentes también en chips de AMD y otras marcas.

El centro de software o tienda de aplicaciones -pueden llamarla como más les guste; técnicamente se lo conoce como Gnome Software- es algo un poco más útil que en las versiones anteriores. Personalmente, casi siempre termino volviendo a Synaptic.

Al revés que en las versiones previas, al arrancar por primera vez la 18.04 se dispara una suerte de recorrido. Para los veteranos puede parecer innecesario. Desde mi punto de vista, es un gran acierto. Un paso más para sacar Linux de su torre de marfil.

¿Problemas? Algunos, sí. El peor fue que en una de mis notebooks (una ultrabook, en rigor) la actualización desde 17.10 decidió en un momento no seguir adelante. Fiel a un antiguo mandato de la informática, basado en el hecho de que a veces las máquinas parecen estar colgadas, pero en realidad están haciendo cosas en segundo plano, la dejé ahí un par de horas (una locura de tiempo para una instalación, pero Windows nos ha sometido a cosas así), pero no hubo caso. Así que tuve que instalar de cero.

Luego, Chrome. Por alguna razón que todavía estoy investigando, al reproducir videos de YouTube el uso del microprocesador se iba a las nubes. Con Netflix, en cambio, no había problemas. En estos días hubo una actualización del kernel, y las cosas no se corrigieron, pero se pusieron más vistosas. Ahora, el exceso en el uso del microprocesador se distribuía alternativamente entre los 4 núcleos del chip. Al final, instalé los extras de Ubuntu y probé con Firefox. El navegador de Mozilla no mostró problemas. Así que, supongo, los principales sospechosos son los códecs de video de Chrome. ( Nota después del cierre: ayer, viernes 25 de mayo, hubo, vaya casualidad, una actualización de los códecs para Chrome, que resolvieron el problema de video en YouTube.)

Así que, una vez instalado el sistema, no es una mala idea abrir una terminal y ejecutar el siguiente comando:

sudo apt install ubuntu-restricted-extras

y apretar Enter. Esto permitirá ver videos en YouTube sin problemas de rendimiento. Es, sin embargo, algo que todavía estoy investigando. Si tienen pistas, soy todo oídos.

En total, una buena nueva para los usuarios de Ubuntu, todavía más fácil de usar y ciertamente robusta, aunque no apta para equipos antiguos. No sólo porque, como suele ocurrir con Ubuntu, es bastante exigente en hardware, sino porque, como la 17.10, ya no ofrece una versión de 32 bits. En tales casos, lo más recomendable es echar mano de alguna de las variantes light de Ubuntu, como Lubuntu, que sí ofrece una versión de 32 bits del castor biónico.

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